Adictos, inestables, impredecibles

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Me siento porque debo. Me he propuesto escribir diariamente y eso hago desde mediados de julio. Soy predecible, tanto yo como mis reacciones. Y si en algún momento estas no lo son se deberá a factores externos, ajenos a mí y a mi voluntad. El problema de los alcohólicos o de los adictos en general es que no sabemos por dónde nos van a salir, y eso nos causa inquietud.
El miedo a lo desconocido se puede aplicar aquí. No es que se pueda, es que se debe aplicar. Los psicólogos que han estudiado la bipolaridad han tenido muy en cuenta esta metáfora a la hora de estudiar sus casos. En psicología no sólo se estudia al individuo que tiene un problema mental sino que también se discute los efectos que su adicción tiene en el entorno. 
Hay familias cuyos sostenedores (padres o madres) sufren de alcoholismo. Estas familias viven en un permanente desconocimiento de lo que ocurrirá. No hay seguridad, no hay planes de futuro. La reacción del padre (o madre) puede ser violenta en un momento y puede ser hasta simpática en otro. El problema no es si hay más veces simpatía que violencia, el problema es que nunca se pueda predecir cabalmente qué ocurrirá. Hay personas que se enfadan de acuerdo a una serie de motivos. Estos enfados pueden ser también violentos, por supuesto, pero si son enfados habituales crean una rutina de respuesta a la que el individuo se acostumbra. Hay hijos maltratados que no tienen miedo a lo desconocido porque precisamente conocen que sus padres van a sacudirles en cuanto se pasen de la raya. 
Sin embargo, hay otros que nunca lo saben, y este desconocimiento crea desasosiego. Esto es lo que sufren los que viven con personas inestables mentalmente, que tienen problemas a la hora de responder ante los estímulos de una manera normal. Vivir con ellas es un infierno real.
El alcohol y algunas drogas provocan esta inestabilidad. 
La marihuana no es una de ellas, tiene más ventajas que inconvenientes. Personalmente creo que la marihuana atonta y hace burdos y poco inteligentes los pensamientos de aquellos que la consumen. No hay nadie más aburrido que una persona que ha fumado marihuana. Sin embargo, otras drogas provocan exactamente lo contrario: despiertan, espabilan y dan lucidez mental. Esta lucidez muchas veces no se encuentra en un estado normal, aunque está claro que de donde no hay, no se puede sacar nada.
Los jóvenes suelen bromear con que los que estudiamos filosofía estamos siempre dándole al porro. Esto, en mi caso, es falso. Pero conozco a muchos otros que estudian filosofía y que no se cortan con este tipo de sustancias. Hay gente que les juzga moralmente, pero como yo no soy ni un cura ni un familiar suyo, no lo hago. Sólo les describo, y me parece que nadie que estudiara filosofía, tras unos buenos porros, ha sido capaz de articular un pensamiento elaborado e interesante. Todo lo contrario, el pensamiento racional implica más bien una base de sobriedad, de sosiego y de lectura. La lectura bajo sustancias (bien psicotrópicas, bien alcohólicas) es algo casi imposible, y más si son lecturas teóricas. Quizá con la poesía pase lo contrario, o con la novela. No digo que no.
Hay un alcohólico que ha fastidiado a un amigo mío. No es algo que me guste traer aquí, a mi blog, pero es sin duda la persona que más me ha tocado la moral en estos últimos días. Esta persona, curiosamente, ha estudiado filosofía y parece que al menos sabe leer y escribir un poquito. Además de eso, ha estado en la cárcel, ha atravesado varios comas etílicos y ha consumido lo indecible. 
Es un desecho humano.
No es un juicio moral, es una sentencia descriptiva. Cuando hablo de desechos humanos no lo hago en sentido peyorativo. Los desechos humanos (que no gente tóxica, no me gusta usar metáforas químicas en mis descripciones psicológicas) suelen tener un problema grave: que no son ellos los que conscientemente han llegado a esa situación. Es, en muchas ocasiones, el haber tenido problemas con adicciones, lo que les ha llevado a ser desechos humanos, personas poco interesantes (aunque lo pretendan) y con graves problemas para relacionarse con los demás. Hablo de que alguien es un desecho humano cuando todo lo interesante que nos define a los humanos se ha perdido en su caso personal.
Esta persona es inestable, se medica, y eso debido a sus problemas con el alcohol. Dice Burroughs en “Yonqui” que la droga no es sólo una adicción, es un modo de vida, y que el que sale de ese modo de vida tiene que encontrar otro, y cambiar su forma de ser porque no hay manera de comportarse de la misma manera fuera de ella. Pero hay personas que han perdido tantas neuronas (por usar una metáfora común) durante el camino que ya no son capaces de elaborar un discurso razonado tras haber pasado por esa adicción. A esto me refiero con desecho humano. No se es capaz de establecer un nuevo modo de vida fuera de la droga, un modo de vida lúcido, racional y predecible. Considero a esta triada como lo que nos define a los seres humanos con proyectos, es decir, me parecen bondades en la mayoría de los casos. Habrá quien decida no ser ni lúcido (estar siempre bajo la influencia de alguna droga), racional (hablar místicamente, sin sentido ni ligazón) ni predecible. Yo no lo recomiendo.
Y cuando una persona no es predecible, causa inquietud a su alrededor, aunque no sean su familia. El problema es que esa impredecibilidad es hasta divertida en un grupo de amigos: es el loco, es el que se atreve, es el “poeta”. Pero fuera de eso no tiene sentido. La vida no es un constante divertimento y tiene que haber momentos de quietud y reflexión, al menos por motivos físicos. 
El alcohólico de verdad no es un ser social. Como ermitaño, no es perjudicial. Sólo se hace bien a sí mismo en el sentido de que consume para calmar su necesidad. Como parte de una sociedad es alguien poco fiable. Como parte de una familia, es el que activa su infierno y desasosiego.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Estambul, Turquía.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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