Apología del hombre rico

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Uno tiene que rendir cuentas ante sus compañeros de ideología casi siempre, también cuando se deja llevar por el fenómeno fan. Los compañeros suelen hablar de rap, de canciones patrióticas de la URSS y de himnos militares comunistas. También la CNT, los “viva la FAI”, etcétera.
Dije que lloré cuando murió Michael Jackson y enseguida me preguntaron: “¿llorar? Pero si era rico.” Aquí yo veo un cortocircuito y me parece que hay dos sentidos de la crítica que no terminan de casar bien ni de comprenderse.

Entiendo que las personas somos producto de una cultura en el sentido de que esta nos atraviesa, nos conforma y configura, y de la cual somos incapaces de escapar. A veces tenemos sueños felices en los que la cultura es otra pero la cultura, en su acepción etimológica, es imposible de cambiar. Pero, si nosotros somos productos de esa cultura… ¿no lo son también los que están en la clase dominante? No quiero pecar de infantil o de poco avispado en este sentido pero creo que muchos de los argumentos marxistas anti-clase-dominante son argumentos psicológicos, dicen: “son imbéciles, se portan mal, beben y conducen, explotan a las persona”s. Y creo que les ocurre lo mismo que a Marhuenda cuando debate en televisión: se dejan llevar por los ejemplos, por la psicología, y no por la estructura que subyace. También me parece que en esto cae la  Asociación de Víctimas del Terrorismo, van a lo psicológico, en la vida han hecho un análisis profundo de la realidad que hay detrás de las causas que motivan a un terrorista a hacer lo que hace y en la vida lo harán, porque no es su trabajo. Pero, en cambio, sí que es trabajo del marxista el de entender las condiciones objetivas de la realidad para, en cierto sentido, poder elaborar un discurso más apropiado sobre la misma. Si esto se hace ubicando la crítica en el individuo concreto, como parece que nos ha inculcado el periodismo amarillista, si nos perdemos en el ejemplo y olvidamos las estructuras que permiten la existencia de tal ejemplo… entonces nos hemos perdido en la discusión.

Creo, por tanto, que no se gana nada con la crítica a individuos particulares porque, tan pronto como fallezcan o sean asesinados, aparecerán otros, hijos de la misma estructura que ha parido a los primeros. Entre esta y otras razones encuentra mi abstencionismo un sostén fundamental: da igual el que gobierne porque el problema no es lo que hay que gobernar, sino quiénes realmente gobiernan, y en qué división hemos de jugar para cambiar el mundo.

Hay una división que es la que ellos llaman casta, o clase dominante. Prefiero quedarme con la segunda denominación aunque, si pudiese elegir, no elegiría ninguna. Creo que hay terminologías que han perdido su sentido inicial (aunque tiempo atrás fuesen, sin lugar a dudas, marcadores de realidades a denunciar) y lo llevo escribiendo desde hace días en este blog.

Nos ponemos a analizar la clase burguesa y observamos que hay burgueses con una sensibilidad especial ante la desigualdad y el sufrimiento humano. Esta sensibilidad no debe cegarnos y hacernos pensar que ya, por eso, la diferencia entre clases no existe, más bien debe hacernos pensar que las diferencias psicológicas entre una y otra persona de las supuestas dos clases no es tan marcada. Es, como estrategia, fabuloso pensar que las personas son problemas en sí mismas y que por eso hay que ir matando a diestro y siniestro. El problema de esta tesis es que no es radical. El terrorista no es un radical. El terrorista sólo ha alcanzado a ver la superficie del problema y no se ha molestado en estudiar lo mínimo para comprender que las personas particulares no son el problema a solucionar. Tampoco voy a poner ejemplos porque si no me contradiría.

Y bien, tampoco es justo basar la crítica interclasal en los modos más o menos snobs de vivir de gente como Carmen Lomana, los reyes de España o los futbolistas de la selección española… son producto de su entorno. Estoy seguro de que Iniesta, en sus últimas elecciones, no era consciente de la barbaridad que estaba diciendo. No le otorgemos esa inteligencia.

Michael Jackson se hizo rico, podéis estar o no de acuerdo conmigo, sin maltratar conscientemente a nadie. Sin someter a nadie a ningún tipo de discriminación económica, sin cargarse familias enteras, sin despedir a nadie injustamente. Tampoco aquí me sirve el ejemplo. Un artista rico, probablemente el más rico de todos los tiempos (no tengo ese dato), ¿cómo se hace rico? Puede que su producción artística sea genial, la gente se sienta atraída por ella y la comience a comprar. Puede que los medios se hagan eco de ella y esas ventas se multipliquen exponencialmente. Yo lo veo lógicamente posible. Hay un comentario que he hecho en alguna ocasión y que, quizás hoy, sea el día de retirarlo o, al menos, de ponerlo un poco en duda: Rico es todo aquel explotador o hijo de explotadores. Rico es todo aquel que se beneficia económicamente directa o indirectamente de la desgracia ajena.

Estas dos frases son muy potentes para un discurso populista pero no me valen, no cuando el ejemplo que nos dan es totalmente psicológico: Explotador, beneficiado… Son términos que han pasado la barrera de lo económico de la que Marx no quería salirse. Las críticas de Marx, para todo aquel que comience a leer El Capital, no son a personas concretas sino a un modo de hacer economía muy claro. Él hacía una descripción de estructuras. Las descripciones de carácteres de personas son cosa de psicólogos y estas descripciones se ven sometidas a numerosas irregularidades e inconsistencias, os lo dice un tío que también estudia psicología. No se puede sostener, por ningún lado, que las personas particulares sean las causantes (por mucho dinero que tengan) de la desgracia ajena. Esto tampoco se puede reducir al molino de Leibniz, cuya idea es que de la composición de piezas pequeñitas inconscientes (los ricos) podía darse lugar a un molino gigantesco y perfectamente operativo (el sistema capitalista). No creo que de la inconsciencia de estos ricos nazca la desgracia económica del 99% de la población mundial.

El ejemplo de este post es Michael Jackson, de hecho este post es una especie de homenaje que se me ha ido muy lejos de donde quería aterrizar. Michael Jackson llegó a mí sin la publicidad que recibió en los 70 u 80, llegó de manera lateral cuando estaba haciendo algo totalmente diferente. El caso es que comencé a aficionarme a su música, a sus videoclips (fue el inventor) y a algunas de sus películas y libros. En alguna que otra entrevista pude ver más de cerca a un hombre al que su propia industria (la que le hizo tan rico) le convirtió en un ser desgraciado y extravagante. Un hombre al que, la propia prensa que otrora le ensalzó, le estaba acusando sin motivos de pederastia y de mal padre. Porque, no lo olvidéis, la prensa amarillista es la nueva censora universal, es la nueva Inquisición. Pero esto, dicho así, parece un intento patético de ensalzar una figura. Ahora me pregunto… ¿dónde quedan los chistes crueles sobre Michael Jackson? Se han muerto todos, junto con él. Queda, sin embargo, un legado apasionante de canciones que son un (valga la redundancia) canto a la fraternidad universal, a la conciencia ecológica, al pacifismo y al amor a los niños y a los animales. Nada de eso, por mucho dinero que haya detrás y que lo haya permitido, puede ser reducible, desechable y despreciable “porque el que lo ha producido tiene mil millones de dólares”. Pensando así, sería justo decir que ninguna obra de arte anterior al siglo XIX tendría valor porque muchas (por no decir la mayoría) de ellas estaban pagadas con dinero de asesinos, de papas o de verdaderos burgueses (porque lo de hoy, mal que os pese, no se llama burguesía… seguirá las mismas lógicas o parecidas, pero BURGUESÍA no es ni de coña). Y más de mil ejemplos os puedo poner sin parar de teclear en varias horas. (Goethe, Wagner… Engels… ejem).

Esta es mi apología al hombre rico y que no sirva de precedente.*

Ego te absolvo. In nomine patris et filii et spiritus sancti.
Amen.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Zaragoza, 2 de junio de 2014.

*Persona rica.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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