Chapa y pintura

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A veces te salvan el culo personas que ni de lejos hubieses imaginado que podrían o querrían hacerlo.
Hay relaciones que comienzas sin pensar en que podrían servirte de ayuda en momentos que tampoco te imaginas que llegarían a suceder.
En los peores momentos de la vida es necesario contar con personas de confianza con las que exista un cierto aprecio recíproco.
Los favores se pagan de muchas maneras. La más habitual es devolviendo esos favores. El problema de muchas personas es que siempre hacen favores y el de otras tantas es que siempre los reciben: se juntan con el grupo adecuado como para estar siempre en palmitas, de gratis y sin dar un palo al agua.
Los amigos son una cosa y el amiguismo es otra. ¿Por qué cualquier cosa con el prefijo -ismo se joroba? El amiguismo sucede cuando esas relaciones en apariencia alejadas de toda espera de provecho e interés sirven para dotar a uno de facilidades que tendrían que surgir del buen trabajo y capacidades propias.
En este mundo, por desgracia, es necesario hacerse con una buena agenda de amigos porque no solo servirán (de ahí lo útil…) para salvarse de la ruina, del hambre o de quedarse en la calle sino para conseguir trabajo, dejar a tus hijos con ellos o hablar durante un buen rato. 
Creo que aquí, en el norte de España, los amigos son otra cosa bien diferente. Al menos entre gente de mi edad, y no quiero ser moralista, los amigos son útiles para la fiesta y para poco más. La gente puede tener una barra de contactos enorme pero no haber hablado más de una hora en particular con ninguno de ellos. La depreciación de las relaciones humanas se hace patente hoy en día, en esta sociedad 2.0, televisada, monitorizada… yo mismo podría estar contando esta tontería a las personas con las que vivo, o al camarero del bar de abajo, pero ni son horas ni sería capaz de hacer que sintiesen el mínimo interés por estas cuestiones.
No pensamos sobre nosotros mismos. ¿Os dais cuenta? La mayoría de cosas que hacemos en nuestra vida, eso que llamamos “ocio”, es una extensión de tiempo para no pensar en nosotros mismos. No digo que haya que meditar, pues me parece una gilipollez (al menos las fórmulas de meditación orientales que nos intentan exportar -con mucho éxito- los gurús de autoayuda), sino reflexionar mínimamente sobre el papel de uno en el mundo, en su comunidad, en su familia y en su grupo de amigos. Pensar sobre las cosas da algo de pánico. A veces no sabemos cómo pensarlas porque no tenemos los materiales para nombrar a esa realidad. ¿Existe algo que no sabemos nombrar? Por supuesto que sí. Hay mucha gente que tiene sentimientos complejísimos y que, por ello, no saben cómo nombrarlos ni cómo explicarlos. Surge ahí la vieja fórmula “yo ya me entiendo”, porque íntimamente se entienden, no hay duda, pero no sirve de nada ya que el ser humano es un ser principalmente comunicativo y precisa de hacer público su sentir. Yo mismo escribo este blog por algo, por hacer público lo que en mi cabeza a veces quiere salir a patadas, otro que haga un videoblog necesitará desahogarse de otra manera, otros también nos “desquitamos” cantando, haciendo deporte o comiendo barbaridades hasta la indigestión.
Hace tiempo dije que sólo pensaba sobre mí cuando escribía. Y en los momentos en que más escribía más me aclaraba. Escribir es dar una estructura más o menos formal y narrativa a tus sentimientos y experiencias, y ponemos mucho de nuestra manera de ver el mundo en explicarnos a nosotros mismos. Si el mundo, para nosotros, progresa, entonces buscamos un hilo de progresión en nuestras vidas que nos diga que vamos por el buen camino. Si, por lo que sea, regresamos en algún punto o nos estancamos, somos capaces de explicarlo atendiendo a algún suceso desafortunado pero perfectamente explicable.

Creo que hay que saber explicar las cosas, escribirlas, hablarlas con amigos o con familiares… o expresarse mediante el arte… Yo no me creo al artista que no escriba para un público, ¡vaya estafador si dice que no lo hace! Al menos uno escribe para uno mismo, no es deportivo (bueno, el deporte también se hace para uno mismo…), no es ocioso, es lo que más nos acerca a una de nuestras más excelentes virtudes.

Un día de estos, lo prometo, recuperaré el podcast, ahora tengo un micrófono adecuado.
Un saludo.

Fran Riveira.

En Zaragoza, 19 de diciembre del 2013.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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