Cinco pasos para llegar a ser culto

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Hola a todos.
Antes de nada me gustaría apuntar que ni yo me considero culto ni creo, por desgracia, estar en el buen camino.
A los cultos de verdad les pasa lo mismo que a la mujer del César, que no sólo tienen que serlo sino también aparentarlo. Aquí voy a daros una serie de consejos que os ayudarán no sólo a intentar serlo sino, sobre todo, a parecerlo. Recordad, en un mundo de apariencias lo más importante de cara al exterior es la estética, y la estética del hombre o mujer cultos está bien definida por una serie de patrones básicos.
No quiero iniciar los pasos antes de indicar que hay varios tipos de inteligencias. Me voy a referir a todo tipo de inteligencias (matemática, histórica, emocional…) pues, sin ellas, es imposible ser algo parecido a lo que nos imaginamos -como ideal- que sería una persona culta.
También podemos afrontar el camino intentando parecernos a personas que son ya, de hecho, cultas. Esto es muy fácil porque nos basaríamos en un concepto con muchos siglos de antigüedad: la ejemplaridad. El filósofo Javier Gomá ha actualizado este término y, como pensador cristiano del presente siglo, ha intentado darle otra versión más acorde a nuestra sociedad actual. Dentro de mi humilde juicio considero que es bastante acertada y podemos decir que estos 5 pasos para llegar a ser una persona culta podrían ser complementados con una fuerte tendencia a seguir el ejemplo de los personajes ilustres de tiempo atrás. A hombros de gigantes nos encontramos y a esos hombros hemos de hacernos a nosotros mismos. Sin ellos es imposible adelantar nada, es imposible ser un producto original y fresco. Sin tener en cuenta a Homero, a Goethe, a Heine o a Thomas Mann… o a Maquiavelo, Diderot o Menéndez Pelayo… es imposible saber de qué estamos hablando cuando hablamos de buenos ejemplos. Claro que estos ejemplos son los míos, los que me han conducido a este camino. ¿Tú ya sabes cuáles son los tuyos? Antes de que lo pienses te recomiendo seguir estos cinco pasos atentamente para ver qué podrías mejorar. Después te he escrito unos consejos básicos que son los que yo sigo (¡o intento!) diariamente.
1- LEE MUCHO

Lee, pero no te conformes con leer una hora al día. El hombre culto no lee una hora al día, no es una actividad secundaria, ni mucho menos. Por suerte o por desgracia, los libros son el formato donde de una manera más específica se puede observar un discurso razonado y complejo. Cualquier otro medio, por mucho que nos pese (hablo de la radio, de las conversaciones…) es insuficiente de cara a pensar un tema con un mínimo de profundidad. No vale leer una hora, hay que encontrar tiempo para ello. Si no hay tiempo para leer tanto entonces hay que pensar si el resto de nuestras condiciones materiales de existencia son las propicias para llegar a ser cultos. No estoy diciendo que haya que ser rico y ocioso para ser culto, estoy diciendo que hay que reconsiderar las prioridades. Lo ideal son 4 horas de lectura. No conozco a ningún escritor culto que tenga un mínimo de éxito y que lea menos de esas 4 horas diarias. Ahora que te llevas las manos a la cabeza y dices que estos pasos para ser culto que te ofrezco son una mierda y que no sirven para tu caso personal vuélvelo a pensar: ¿cuántas horas pasas chateando o navegando al día? Toda esa información es caduca, todas las conversaciones refuerzan relaciones, por supuesto, pero no son el tipo de conversaciones que la gente culta busca. No estoy diciendo que para ser culto haya que dejar de hablar o de usar Internet o el WhatsApp, no. Estoy diciendo que hay que cambiar de paradigma: es algo muy cómodo para nosotros ponernos en el ordenador al final de cada día y dejar de pensar. El hombre culto no se conforma con eso y son los momentos ociosos los menos, y son sus chats los menos, y son sus horas perdidas en YouTube las menos. Todos esos contenidos son entretenidos, claro que sí, pero no tienen una meta hacia el cultivo intelectual. Así que os propongo dedicar el grueso de ese tiempo en Internet o en la televisión (ah, ¿pero alguien sigue viendo la televisión?) leyendo libros. Digo libros y no digo periódicos por una razón fundamental: los periódicos son un formato propicio para el pensamiento complejo pero la mayoría de los periodistas están engolfados en la misma mierda que todo hombre culto trata de evitar en su proyecto personal de mejora intelectual y, por tanto, todo lo que escriban va a ser fruto de esa indigencia intelectual. Habrá quien se salve, por supuesto. Por ello, todo hombre o mujer cultos buscan el conocimiento más perenne de todos y este se encuentra en los libros. Os recomiendo los libros clásicos puesto que de ellos brota toda nuestra cultura, ideologemas y modos de vida. Si no tragáis a algún clásico no os preocupéis por pasar de él y comenzar otro libro. Se trata, también, de encontrar lo que a uno le apasiona.
2- HABLA DE VERDAD

 La gente no habla de verdad. Tampoco es su problema. Hay poco tiempo. Nadie tiene tanto tiempo para perder como para mantener una conversación de una hora (o más) sobre un tema complejo. Normalmente estas conversaciones adolecen de un defecto peculiar: uno de los conversadores está mejor versado en el asunto que el otro, convirtiéndose dicha conversación en una clase magistral. Hablar de verdad no es asistir a un monólogo, hablar de verdad es partir de un nudo básico de entendimiento para comenzar a revolver las cosas y sugerir nuevas ideas en común. Esto es hablar de verdad. La conversación de verdad es aquella en la que fructifican nuevas ideas y las personas que han participado en ella son más felices y están mejor informadas que antes. Esto requiere tiempo y requiere a una persona que, consciente o inconscientemente, esté siguiendo el mismo camino que nosotros para llegar a ser culto. Estas conversaciones crean alrededor un halo mágico que raramente se ve difuminado por las necesidades básicas (comer o dormir), las conversaciones de verdad, esas que tanto gustaba Platón de inmortalizar en sus diálogos, no entendían de horarios ni de ocupaciones externas. La época estival es la más propicia para este tipo de conversaciones. Un buen vino blanco, una ventana abierta, un tema abierto sobre el que discutir en alegre camaradería… son algunos de mis factores favoritos para acompañar una conversación interesante.
3- VIAJA

Ya sé que no todo el mundo puede, también se puede viajar a través de libros, cine e incluso videojuegos. Pero, por si acaso, intenta viajar. Ahí vas a aprender idiomas, vas a insertarte en culturas diferentes. Vas a aprender verdaderamente a tolerar al otro. Hay una diferencia muy grande entre aquellos que viajan y los que disfrutan más de su pequeño pueblo con sus estrecheces consuetudinarias y rutinas consoladoras. Viajar es sinónimo de muchas cosas aunque más que el hecho es la actitud a sostener durante el viaje. 
Habrás sido espectador de cómo viajan los asiáticos. Se echan su cámara réflex al cuello, van en grupo, van a restaurantes ya preparados ex profeso para ellos e, incluso, acuden a ciudades con circuitos específicos donde hay guías que hablan chino o japonés y donde son incapaces de escaparse. Es como una excursión guiada para niños, es como un parque temático seguro, predecible y, sobre todo, tranquilizador. Ven el país, viajan, qué duda cabe… pero su actitud ante nosotros, ante lo que ven, ante el viaje, es una actitud que busca la mera acumulación. Ciertamente, cuanto más llena esté la microSD de la cámara más provechoso habrá sido el viaje. Hoy se venden no regalos sino experiencias. Viaja en globo, pilota un Ferrari… pero detrás de esas experiencias hay algo inenarrable que asumimos como especial. Es su cualidad, es el amor por el cavallino rampante, es la pasión por la aviación… eso es impagable y es un tipo de experiencias que se disfrutan más cuanto más se sabe sobre ellas. Claro que un japonés puede disfrutar de Sevilla pero… ¿cuánto más disfrutará un catedrático especializado en la historia de España del siglo XVI que viene de Illinois?
Hay que viajar, pero con un fondo sobre el que sostener el viaje y, así, hacerlo más auténtico.
Deleuze, un filósofo francés del siglo XX, hablaba en otros términos de los viajes de los intelectuales. Estos intelectuales, para él, no viajaban, solo iban a otros lugares para confrontar sus ideas preconcebidas sobre los mismos creadas tras años de lectura. Por supuesto, no me refiero ni a este extremo ni al del japonés guiado, me refiero a un punto intermedio.
4- ABRE TUS HORIZONTES MENTALES

Uso el término mente a sabiendas de su irrealidad y su acientificidad, pero se me entiende. Abrirse a nuevas experiencias, no solo culturales sino gastronómicas o, incluso, sexuales, es el inicio de una vida tendente al cultivo intelectual. Si uno no está abierto a nuevas experiencias entonces está evitando que, por su vida, por su cerebro, pasen ideas que puedan trastocar otras anteriores. Lo jodido de querer, por ejemplo, ser culto dentro de una religión minoritaria es lo difícil que es para uno convivir con varias ideas sobre la misma cuestión. Los cristianos hasta hoy lo tuvieron muy fácil para cultivarse ya que ellos eran, sin lugar a dudas, los propietarios de la cultura de su época. No nos entendemos a nosotros mismos, los nacidos en España, sin el catolicismo. Por eso hay pensadores como Gustavo Bueno que, antes de definirse como ateos, se entienden a sí mismos fundamentalmente católicos ya que esa es la cultura de la que, sin quererlo, han mamado, y ya se sabe que lo que uno mama no es lo que uno elige. Lejos de ese problema que, por suerte, cada día es menor, no tenemos otra cosa que decir. Es bien sencillo, hoy en día, abrirse a nuevos horizontes en los que poder aprender y cultivarnos de maneras diferentes a lo que es común.
5 – ESCUCHA Y OBSERVA

Sí, parece que ya hemos dado un repaso a todos los sentidos. Ser culto es una tarea sensorial, que no os metan otra cosa en la cabeza . Ser culto no depende de encerrarse en un cuarto hasta morir aburrido y extenuado, no. Ser culto requiere salir al ágora, requiere escuchar y ver qué ocurre en el mundo. No hay nada más aburrido, pedante y poco sincero que una persona culta que odia su presente. Se puede tener, a modo de deseo insatisfecho, predilección por pasados remotos o por otros países donde uno se puede realizar mejor, pero es insano y egoísta pensar en ellos y dejar el presente para que se manchen con él los demás. El culto tiene que escuchar y ver su presente y, aunque para ello sea necesario bajar al fango de la novedad, es lo que hay que hacer. El pasado, lo que hemos visto en el primer punto, es algo necesario puesto que nuestro pasado nos ayuda a comprender el presente en que vivimos, pero no es bueno vivir de ese pasado.
Consejos más prácticos aún:
-Lee un libro por semana.
-Escucha un ciclo de conferencias de la Fundación Juan March pues las hay desde el año 1975 y hablan de cualquier asunto. Hablan de todos los temas habidos y por haber, no los elijas, simplemente escúchalos todos, siempre sacarás algo de ellos.
-Ve varias películas clásicas (o no) semanalmente.
-Procura viajar una vez cada dos meses.
-Asiste a charlas y conferencias en tu ciudad. Si no las hay, dalas tú.
-Busca un momento para conversar largamente sobre un tema complejo.
-Escribe tus pensamientos diariamente y, si no es posible, varias veces a la semana.
-Convierte todo esto en una rutina y haz de tu vida un círculo virtuoso con tendencia al cultivo intelectual.
-Evita todo aquello que te aleje de este modo de vida. Recuerda, ser culto no es un estado, es un modo de vida. Uno no termina de cultivarse sino que, en el proceso, encuentra los resultados.
-Y preocúpate por la sociedad en la que vives. Los lobos esteparios pasaron de moda en el siglo XIX.
Un saludo,
Fran Riveira.
En Logroño, 20 de julio de 2014.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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