Cómo irte de Erasmus. Pasos a seguir – Segunda parte

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Termino lo que comencé ayer.

Una vez recibida la aceptación por parte de la Universidad de acogida ya comenzaba a hacerse todo más real. Hablamos con la chica que acababa de llegar de Estambul para que nos contase sus aventuras y nos diese consejos. De estos consejos, al ser tan especiales (por mi caso concreto) y no ser válidos para todos los estudiantes Erasmus, no voy a decir apenas nada.

Pero sí, es importante saber las zonas donde es más recomendable vivir. Ella nos dio un consejo que creo que seguiremos: no vivir en el barrio de la Universidad. El problema de vivir demasiado cerca de la Universidad (o dentro) es que uno se pierde el ambiente del resto de la ciudad, y tampoco voy a Estambul para estar en un territorio acotado, seguro y aséptico. Nos dio algunos barrios de referencia desde los que podíamos llegar en media hora tanto al centro como a la Universidad.
También nos recomendó algunas compañías de telefonía como Turkcell (que es la que ella usó).
Nos habló de la comida, tanto de lo bueno (lo delicioso y barato que era todo) como de lo malo (algunos puestos callejeros sirven marisco en mal estado).
Y un largo etcétera que ya refutaré o comprobaré dentro de un mes y pico.

Nos dijo que había que hacer una gestión en el consulado.
Cuando uno va a un país como turista es diferente. El visado lo rellenan en el mismo aeropuerto y no hay problemas (salvo que seas terrorista o lleves droga en el equipaje de mano). En el caso de los estudiantes, trabajadores, etc… que van a vivir en el país durante varias semanas, sí que hay que hacer otro tipo de gestiones. En nuestro caso había que ir al Consulado general de Turquía en España, que se encuentra en Barcelona capital.

Sacamos los billetes de autobús (bastante barato con ALSA) para ir al Consulado a mediados de este mes de julio. Previamente yo me había comunicado con uno de los funcionarios del consulado que ya me había  facilitado todos los documentos necesarios para sacarme el visado. Había otra cosa importante que me apuntó él (y que no estaba en la web) y es que una vez vas ahí con todos los papeles ellos se quedan con los papeles -obvio- y también con el pasaporte, es decir, el visado no te lo hacen al momento. Por tanto, si tenéis prisa, mal. Es mejor ir con tiempo y evitar prisas indeseadas.
Como vivíamos fuera -se lo dije al que me atendió por mail- nos dio la posibilidad de llevarles un Postal Express (de correos) que cuesta unos 7€ y cuya función es la de pagar los portes del envío de documentos o paquetería más liviana que 300 gramos. Es carísimo comparado con otros servicios pero oye, esas son las tarifas que pone Correos hoy en día… Una vez hechos los papeles, ellos pondrían el sello en una página del pasaporte y te lo enviarían a donde tú les dijeses en el sobre de Postal Express. De este modo nos hemos ahorrado un viaje más a Barcelona. La chica que fue el curso pasado a Turquía, por ejemplo, tuvo que ir varias veces porque no se enteró de esta posibilidad.

Problemón ya sacados los billetes: mi pasaporte caducaba justo un mes antes de mi vuelta a España (en junio del 2015). En Logroño no había posibilidad de renovarlo antes del día en que tenía que ir a Barcelona. ¿Solución? Renovarlo en Zaragoza, al igual que uno de mis dos compañeros (al que también se le había caducado el pasaporte). La renovación fue justo el día anterior al viaje. ¿Veis? Por este tipo de cosas es por lo que hay que hacer las gestiones con mucho tiempo de antelación. Yo tuve suerte porque, de no haber podido renovar mi pasaporte, todavía tenía un verano por delante para hacer las gestiones. Mi recordatorio (en Google Calendar) para renovar mi pasaporte era justo el día en que caducaba, así que desde ahora los recordatorios para renovar documentación importante (tipo DNI y pasaporte) me los pongo con seis o doce meses de antelación. Parece una perogrullada pero oye, hasta que no te pasa no te das cuenta…

Salvo por algunos problemas informáticos que hubo antes de llegar yo a comisaría para renovarlo, no hubo ningún problema. La pobre mujer que me atendió me dio consejos en los que el principal punto común era: ten cuidado con los moros, a mí una vez me pudieron robar en Túnez. En fin, para mear y no echar gota. Por lo demás fue muy diligente. A la media hora de llegar ya tenía mi pasaporte. También es caro, más de 20 euros.

Antes de marcharnos de vacaciones de verano nos dieron las famosas “Carpetas Erasmus”. En ellas aparece toda la documentación necesaria para poder iniciar los trámites Erasmus propiamente dichos: Una carta de aceptación por parte de la Universidad de envío, documentos para rellenar las asignaturas a elegir, documentos para rellenar una vez en el destino (asignaturas, ampliación o disminución del tiempo de la beca, renuncia a la beca, etc). El día en que nos dieron esta carpeta tuvimos que firmar, alumnos, coordinadora y departamento de relaciones internacionales, un papelito. Cuando te dan la carpeta te viene todo bastante bien explicado. El siguiente paso después de ello era firmar el contrato de subvención, donde aparece lo que vas a percibir durante todo tu año en Erasmus. Ese día me enteré (cuando firmé el contrato) de que las becas Erasmus no eran incompatibles con las becas de movilidad españolas, así que me fui mucho más contento.

Prosigo con lo anterior. Ya con los pasaportes renovados fuimos al consulado de Barcelona (foto del exterior ahí arriba). Se encuentra en el Paseo de Gracia y comparte edificio con el consulado de Georgia (no la Georgia estadounidense, sino la caucásica) y demás.
Nos atendieron estupendamente, uno por uno. El personal era muy simpático y apenas había movimiento. Imagino que siempre trabajan con un goteo de estudiantes, futuros trabajadores, algunos turistas y, por supuesto, habitantes turcos en España que tengan que hacer papeleo…
Legalmente entramos en Turquía sin coger un avión. Como experiencia espiritual fue bastante interesante 🙂

Tras pagar unas tasas de 60€ y dar todos los documentos (además del sobre Postal Express), como dije, ya quedó la gestión hecha. El resto del día nos tocó disfrutar de las calles y playas de la capital de Cataluña.

¿Qué más queda?

Ya queda menos, por suerte, pero es bastante importante.
Queda hacer la matrícula en la Universidad de Zaragoza. Queda hacer el contrato de estudios, donde tiene que aparecer qué asignaturas elijo en Zaragoza y qué asignaturas, de todas ellas, voy a querer convalidar con las que haga en Bogaziçi. Para ello tenemos que quedar con nuestra coordinadora algunos días antes de irnos a Turquía (a principios de septiembre) y con la gestora de los alumnos internacionales de la Facultad de Filosofía y Letras. Una vez esté eso conforme ya podremos marcharnos del país con la conciencia tranquila y el trabajo -burocrático- bien hecho. Una vez lleguemos, tendrán que firmar ahí un papel donde se informa de que hemos llegado y, por supuesto, apuntarnos a las asignaturas que nos gusten (o que podamos elegir) de todas las que hay en el grado de “Felsefe” dentro del “Felsefe bölümü”.
La matrícula la hacemos en septiembre porque en nuestra facultad las actas no se cierran hasta mediados de septiembre. Somos una de las pocas universidades en las que seguimos teniendo exámenes de septiembre, y por eso muchas gestiones se atrasan varios meses. Quizá en otras universidades todas estas gestiones que os cuento se puedan dejar terminadas antes de verano. Comprobadlo antes de confiaros.

Como este proceso burocrático no termina aquí, dejo esta serie de posts abierta para completarla a principios de septiembre, una vez que esté en Turquía o antes de irme de España.
Mi intención no es otra que la de ayudar a toda persona que se quiera ir de Erasmus facilitando más detalles (que a veces no aparecen en todas las webs -¡incluso blogs!-) y curiosidades que a más de uno puedan servir.

Gracias por leer.

¡Un saludo!

Fran Riveira

En Logroño, 29 de julio de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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