Cómo tratar al conversador falaz

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Leyendo falacias. En las redes sociales no hay otro pan de cada día. Es el pan de centeno diario que nos invade silenciosamente y que nos empuja a pensar deigual manera. Las falacias son el recurso fácil. Normalmente son inconscientes e involuntarias aunque el hecho sigue siendo el mismo: la falacia es falacia siempre que hay un error en la argumentación. Los errores no son voluntarios o involuntarios, más bien la acción que lleva a ese error puede ser consciente. Los errores son errores, sean los que los producen como quieran ser. Por eso no hay moral en las falacias, las falacias ni son morales ni dejan de serlo porque lo único moral, hasta donde tengo entendido, somos los seres vivos (especialmente los animales y las personas).
Las falacias no son morales  y por eso pienso que no hay que denunciar moralmente al que las produce en su discurso, ni siquiera cuando estas son voluntarias. Lo normal ahí sería dejar de hablar con esa persona o, si se tiene tiempo, comentarle que ha caído en una falacia y que, si la retira, se podría continuar la conversación. Si se mantiene en sus trece, nos veremos obligados a dejar de hablar porque no soportamos un terreno cosechado por errores argumentales y lógicos.
Así hay que tratar al que produce la falacia, como un interlocutor inválido. 
La invalidez no es algo puramente físico. De hecho en lógica formal la invalidez se da cuando hay algún error en la conjunción de determinadas premisas o de elementos del argumento o sistema lógico. La invalidez también se asocia a los interlocutores, y al igual que determinados argumentos mal formulados producen falacias, también determinados interlocutores producen falacias. En tal caso hay que eliminarlos o callarlos y dejar de atender en la conversación.
Os voy a contar la falacia con el nombre más chulo de todas: la falacia “post hoc ergo propter hoc” que, en cristiano, quiere decir “si sucede después de tal cosa es, por tanto, consecuencia de esa misma cosa”. 
Por poner un ejemplo, cuando vamos a un timador de esos que tanto abundan en la televisión a contar nuestros problemas y a pedir consejo o algunos hechizos para que se resuelvan estamos creando la esperanza de que surja una causa x para provocar la consecuencia y.
Si hemos pedido, por ejemplo, que nuestro hijo se recupere de un accidente de coche lo antes posible, esperaremos nerviosos hasta que el día feliz llegue. Los médicos, la ciencia médica y la tecnología en general habrán tenido algo que ver en su mejoría y su alta pero nada que ver con los poderosos hechizos del vidente/mago/charlatán.
Es, entonces, gracias a dios, o gracias a esos hechizos, por los que nuestro querido hijo ha salido del hospital. Como ha salido del hospital después de esto entonces seguro que tiene que estar bien por nuestra llamada al programa
Hay mejores ejemplos pero he procurado crear este tan rápido como me ha sido posibl, porque no tengo mucho más tiempo .
Otra muy común es la falacia “ad hominem”, tipiquísima en todo ámbito, que se puede resumir en “lo que dices no es cierto porque lo dices TÚ”.
Y hoy, como colofón, me he encontrado en alguna red social a una persona que ha dicho una falacia a otra. El debate consistía en si el programa “Entre Todos” era apreciable o si era sólo un terreno labrado para la compasión lacrimógena y la caridad. El argumento final ha sido: ¿por qué cuando ese programa estaba en Canal Sur nadie se quejaba de su contenido? 
Es una falacia gorda que mezcla la imposibilidad del interlocutor de estar informado de eventos pasados con, por otro lado, un ataque ad hominem. No encuentro un tipo de falacia que encaje con este ejemplo, si alguien me puede ayudar le estaré muy agradecido.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Zaragoza, 27 de abril de 2014.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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