Creador impenitente o espectador privilegiado

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Este profesor daba un poco de cosa. A veces era simpático, a veces no. No era una persona de la que te pudieses fiar. Tenía un somatotipo ectomórfico o leptosomático, con todo lo que ello conlleva. Su carácter era melancólico. A veces daba espacio a la ironía. Los inteligentes son irónicos.

Era un profesor de Lengua Castellana, la asignatura esencial en la educación de cualquier joven que quiera expresarse en el medio escrito con un mínimo de solvencia. Daba esa asignatura y otra llamada Literatura Universal. Con estos profesores comenzaba siempre a regañadientes. Me hacían sentir más estúpido de lo normal. Han leído mucho y así te lo hacen ver. Te dan consejos en ocasiones y no puedes hacer más que abrir la boca, pasmado, ante la cantidad de conocimiento que atesoran. Ya no me pregunto cómo lo hacen: he descubierto su truco.

Un día dijo algo que me llamó la atención. Hablo del año 2010, una tarde… yo le preguntaba: ¿y por qué no publicas nada, con todo lo que sabes? Él me dijo que prefería ser un espectador privilegiado y que otros creasen para su disfrute.

La verdad es que le hice una pregunta personal. Me quedé un poco triste… ¡Qué desperdicio de cabeza! Ahora recuerdo que ese mismo día le preguntamos qué libros se estaba leyendo, y nos dijo que leía unos tochos sobre unos temas rarísimos y especiales (sobre literatura y otros temas, eso sí). Ese día me dio por ir a la biblioteca del instituto (por la tarde era toda mía) y buscar libros para aprender a cultivar verduras. Los busqué pero no los leí. Ese día me dije que iba a ser un espectador privilegiado, por qué no, pero que no iba a despreciar mi otra faceta, la de creador impenitente. Lo cierto es que durante todo ese año leí más libros que en toda mi vida. No sé, tampoco tenía otra cosa que hacer. Leí mucho teatro y mucha filosofía. ¿A eso se refería mi profesor con ser un espectador privilegiado? También se refería, por supuesto, a conseguir unas entradas en el palco para ver un concierto de música clásica. Un día le dijo una compañera que había comprado entradas para ver un concierto (de pop), él le respondió que eso no era un concierto, que eso era otra cosa, pero que no lo llamase concierto porque los conciertos sólo son de música clásica. Me pareció innecesariamente pedante. Vaya manera de rizar el rizo tenía.

Su gesto facial parecía, en ocasiones, de suficiencia. Tenía una cara pequeña, unas gafas de 600€ con cristales antirreflectantes reducidos a la mínima expresión, sin montura en la parte superior ni en la inferior, como gustan de llevar las personas mayores que ya pasan de modas y de accesorios innecesarios. El pelo cano escaseaba. Llevaba un chaleco azul marino habitualmente, con una camisa de cuadros de color crema debajo de ella. Tampoco le pegaba mucho.

Yo me preguntaba, ¿este tío tendrá una mujer? Y a veces me respondía a mí mismo que sí, otras me animaba a preguntárselo directamente… ¿Cómo una persona así podría alternar su vida académica con su mujer? Tampoco haría mucho caso a la mujer, él estaría por encima de ello, porque el que ama es un creador, no un espectador. Posiblemente estoy sobreinterpretando al buen hombre llegados a este punto.

No sé por qué me vino este señor a la cabeza… ¡ah, sí, el espectador privilegiado!

Me parece bien buscar ser espectador privilegiado del mundo pero he aquí mi juicio moral: no basta con ver el mundo sino que hay que crear nuevo contenido. No basta con ofrecer, como profesor, conocimientos a tus alumnos… hay que redibujar o crear nuevas teorías o nuevo conocimiento (ya uso los términos sin ton ni son, dejadme, estoy escribiendo en “modo espectador”: distendido).

A mí me parece que este tío poco creaba, y eso es un pecado imperdonable. Entiendo (y más este verano, que estoy trabajando) que una persona se cansa y no puede hacer otra cosa que ser espectador de partidos de fútbol o de programas de televisión. Joder si lo entiendo. Es lo fácil, y no es su culpa hacer lo fácil… el cerebro no da para más, el cerebro chisporrotea, se cansa y va a lo sencillo, sea el trabajo anterior físico o mental. Y si es mental, ya ni te cuento. Si has estado realizando una tarea durante ocho horas, no puedes pedir a nadie que lea algo mínimamente complejo cuando llegue a casa a cenar… Pero a este profesor sí, a este y a todos los profesores. Se dedican al conocimiento, a propagarlo por el mundo… y eso deja mucho tiempo para crear nuevo. Además, para crear es preciso conocer muy bien, y saber explicarla es una forma excelente de conocer una parte de la realidad.

Así que no me convenciste, profesor (ya me he olvidado de tu nombre… creo que te conocíamos por el apellido). Los profesores tenéis que crear, sin más cuentos. Tenéis que escribir, hablar y participar… no sois comadronas sino mujeres voluptuosas y repletas de mellizos, esperando a parirlos en forma de nuevas ideas.

Perdón por la metáfora socrática. Estamos rodeados.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, 7 de agosto de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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