Crítica a la campaña #MiCasaAsalvo

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Tesis:

Mi casa necesita estar a salvo de los cacos sin corbata e ilegales, procedentes de países de Europa del este donde costumbres ancestrales están llenando su cabeza de malos hábitos sociales (y de higiene). Vienen aquí, a nuestra querida España para llevarse lo que con tanta sangre, sudor y lágrimas nos ha costado conseguir, a saber, tres portátiles, una televisión, una videocámara y las joyas de mi abuela.

Alabo y apoyo la campaña gubernamental de #MiCasaASalvo porque ayuda a la gente a saber cuidar mejor de sus pertenencias y así evitar el robo en sus hogares que deberían ser infranqueables a extraños amigos de lo ajeno, de esos que saben partir bombines por la mitad y desconectar la alarma de Securitas Direct antes de que avise a la policía.

Antítesis:

No puedo expresar claramente el desagrado que me supone esta campaña que ha lanzado el excelente Ministerio de Interior. Me irrita la objetividad con la que se trata este tema, como si detrás de los robos no hubiese nada, como si dar el pez y no la caña hubiese servido para algo alguna vez en la historia. Intentamos evitar que nos roben la casa y eso es muy legítimo en cualquier otro momento de los tiempos pero no hoy, no precisamente hoy, con estas estadísticas de desahucios y de pobreza infantil y adulta, no con ejemplos de gente que se muere de hambre ni de africanos que intentan entrar en este supuesto paraíso y a los que les rebanan la piel cuchillas burocráticas. Me indigno al pensar que se dedica tiempo y dinero a elaborar estas campañas para proteger la propiedad privada y lo poco que se dedica a hacer planes económicos que permitan una reparación más equitativa de la riqueza. No estoy justificando el robo, seguid leyendo.

En la gradación de cosas importantes a las que dedicar dinero veo, por encima de esta campaña insultante, todo eso que os he citado (y más).

No puedo expresarme más claramente pero veo que hay algo populista en mi argumento, voy a intentar explicarme de manera más objetiva:

-Agenciarse la propiedad privada de otro es condenable legal y moralmente (para algunos). Yo estoy de acuerdo con esto.
-Hay maneras y maneras de hacerse con ella. Algunas son flagrantes y delictivas, como las que denuncian campañas como esta. Otras son perfectamente legales y orquestadas por empresarios bien vistos socialmente, banqueros protegidos por hordas de abogados y políticos con intereses muy alejados de la “polis”. A la postre, demostrado está, estos nos roban más que aquellos, tanto en cantidad como en calidad.
-El gobierno ha de dedicar esfuerzos, a corto plazo, a lo que más crédito pueda dar a sus votantes y al resto de la sociedad. Dedicar esfuerzos, digo, a ese argumentario propio del neoliberalismo que ensalza a la figura individual y, por tanto, a sus pertenencias y derechos individuales. Esto lo está haciendo de maravilla.
-En ese sesgo informativo se dejan de lado las cuestiones importantes, se deja de lado la crítica radical y las campañas de concienciación real. Si hemos conseguido que las cifras de muertos en la carretera disminuyan es porque hemos aplicado todo tipo de medidas: disuasorias, chocantes, ejemplificantes, en forma de multa… además de mejorar las infraestructuras, los vehículos, etcétera. Pero, ante todo, estamos concienciados.
-Creo que es legítimo (y hasta gracioso) hacer aquí una analogía. Nosotros, las personas, somos esos coches accidentados. Necesitamos una infraestructura en buen estado (autopistas en el caso de los coches, hospitales y puestos de trabajo en nuestro caso). Necesitamos una concienciación porque por muy buena infraestructura de la que dispongamos, si no sabemos actuar al volante, podremos sufrir un accidente. También podemos crear tecnologías al estilo Volvo de protección activa y pasiva ante un accidente, protección tanto para nosotros como para el peatón y otros vehículos; así, podemos dar a la gente educación, buenos alimentos y medicinas cuando lo necesiten… un proyecto de vida para darle sentido, etc.

No basta con dedicar dinero a mejorar la infraestructura y hacer que los guardarrailes no corten por la mitad a los motoristas que han perdido el control, tampoco es suficiente con meter miedo con multas (de tráfico o por manifestaciones no autorizadas)… es preciso algo más, mucho más radical, para bajar las cifras de muertos en la carretera y de pobres en esta sociedad.

Eso tienen que discutir los políticos. No lo hacen porque es algo a largo plazo, cuyos frutos escaparán a su legislatura.

¿Solución? Hacernos nosotros, como colectivo, con el poder de decisión, denunciar, crear movimiento, atender los problemas al instante, esos problemas que la burocracia, lenta y ciega, es incapaz de comprender.

¿Cómo se hace esto?
Ya se está haciendo. Mirad y aprended.

Hay espacio para el optimismo.

Un saludo.

Fran Riveira

En Logroño, 5 de enero de 2014.

PD: Aprovecho para felicitar a la PAH (de un lado) y a la DGT (del otro). Y dedico este post a los (según la policía) albanokosovares que entraron a robar en mi casa hará ya 9 años en Nochevieja..

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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