Cruzando la carretera en Estambul

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Este es el objetivo burocrático principal que tenemos todos los estudiantes Erasmus en Turquía: lograr el permiso de residencia. No es que sea difícil por cuestiones políticas sino por la cantidad de gestiones que hay que completar antes de que te den el dichoso documento.
La novedad (dentro de otra novedad) es que el famoso health insurance ya no es necesario. Es decir, una ley que salió hace dos o tres meses ya no es válida y, por tanto, nuestro “brand new” insurance sacado en Mapfre Sigorta ya no nos sirve para nada. Bueno, al menos tenemos atención sanitaria por si acaso caemos enfermos o resultamos heridos a lo largo de nuestra aventura turca.
Esta mañana fuimos a un lugar de Besiktas donde pagamos las 50 liras turcas que cuesta el permiso de residencia (la gestión hay que hacerla antes porque si no en comisaría te mandan a que lo pagues). Llegamos a las doce y pico y claro, estaban comiendo y hasta la una no llegaba nadie. En España esto ocurre siempre de 3 a 5 más o menos y en Turquía es, por suerte, una sola hora. Pero cierran en todos lados, incluso en aquellos donde más urgencia parece haber (puede que haya gente que necesite pagar eso rápidamente).

Hoy era nuestro appointment para el permiso de residencia. El caso es que lo sacamos a las 20:30 para que no coincidiese con ninguna clase, el problema es que la comisaría está de traslado y cierran a las 17:00, por tanto, si tienes una cita más tarde que esa hora, tienes que volver al día siguiente. Y esto, por supuesto, lo sabemos porque los demás Erasmus lo han averiguado por experiencia. Ser Erasmus en Turquía es igual que comprarte un iPhone justo el primer día de venta: puede que te salga rana, que se te doble, y como has sido el primero pues serás el primero en joderte. Y eso le ha pasado a los demás Erasmus o special students que tan amablemente nos informan de los sinsentidos burocráticos de este loco país que es Turquía. Y si son así en la carretera, si van sin casco, con luces no homologadas, o si meten a toda una familia (hasta cinco personas he visto) en una moto, ¿qué me hacía pensar que en las comisarías su estilo de hacer las cosas fuese a ser diferente? 
Entonces, con el pago hecho, mañana iremos a primera hora de la mañana (justo cuando abren) a la comisaría. Nos han recomendado que nos peleemos si es necesario para conseguir un número y ser atendidos lo antes posible. Nos han dicho, también, que no esperemos acabar con las gestiones el primer día, sino que hay que esperar otras dos o tres semanas y volver a ir para recoger finalmente el permiso. También nos han dicho que, en caso de que nos den una fecha concreta a la que volver, que lo hagamos 4 o 5 días después de ella, porque nunca tienen los documentos para el día en que prometen.

Así son las cosas. Por lo demás este país es una maravilla. Lo que más me sorprende es su absoluta falta de respeto por las normas más elementales de, por ejemplo, tráfico. También me sorprende no haber visto aún ni un solo atropello o accidente grave. Quizá es porque estos conductores ya tienen a los peatones en su cabeza, en su subconsciente, no como los españoles. Aquí, para cruzar la carretera, tienes que meter primero el cuerpo para que te vean y luego echar a andar entre los coches, calculando su velocidad y el momento exacto en que van a pasar a pocos centímetros de ti. Lo más grave que ha ocurrido (y que hayamos presenciado) por este peculiar modo de transitar las calles de Estambul es que el retrovisor lateral de un autobús le arreó una hostia en la cabeza a un peatón. 
El pueblo turco tiene esta cualidad de indomable, de trabajador y amante de la vida sencilla. Eso es lo que más me ha llamado la atención en estos casi dos meses viviendo en Turquía. Creo que en España seríamos iguales si las leyes fuesen menos estrechas.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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