“El cartero” de Bukowski. Literatura de antiayuda

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Voy a patentar este concepto de antiayuda. (Buscando medio segundo en Google  ya he visto que a alguien se le ocurrió la misma idea, pero parece ser alguna chorrada espiritual así que quizá me apropie del término.)

Lo que leí a continuación de “La carretera” de McCarthy fue “El cartero” de Bukowski, recomendado también en el mismo blog. Hacía años que no me leía un libro en menos de dos días. Este es diferente, es un libro extraño. También el estilo del autor es particular. Hoy voy a ser un poco más ordenado que la última vez que reseñé un libro:

 El autor es un mito en los Estados Unidos: Charles Bukowski. Es de esos que le gustan a tus amigos pero como, de una u otra manera, no llegas nunca a confiar en el gusto de tus amigos en lo que a literatura de culto se refiere, no le has dado ni una “probadita”, entonces te los pierdes. Yo me he perdido a Bukowski, ojalá lo hubiese leído antes. El señor comenzó a escribir ya de viejo. Es un alemán que emigró a los Estados Unidos de joven. Trabajó (como millones y miles de millones) en empleos precarios durante toda su vida. También trabajó como cartero (de ahí el título del libro). Sus obras son autobiográficas. En vez de llamar a su personaje protagonista como él, le da el sobrenombre de Hank Chinaski. El autor es peculiar. Lo poquito que he visto de él en YouTube lo muestra como un viejo bebedor, fumador (y follador) que está cansado de muchas cosas que odia. Es ese odio visceral, de viejo. Es un viejo que no expresa nada con su mirada, solo un tedio de vivir… Sin embargo lo vomita todo en sus libros, pero lo hace de una manera “pop”, con un realismo crudo, obsceno… llama la atención. La verdad es que no me ha sorprendido mucho, para mí no es novedoso. He leído blogs de gente anónima en los que narraban su vida de un modo también muy pop y muy crudo. Os podría citar varios pero seguramente ya estén cerrados. Recuerdo el blog de un prostituto que narraba sus peripecias, también el de una mujer que tenía una insana obsesión por tener sexo en lugares públicos… Bukowski es igual, solo que dentro de una situación normal. Se caga en el sueño americano. Por eso es tan refrescante leerle. En él no hay moral, no hay apenas sentimientos cariñosos o pequeñoburgueses… es todo pura y dura realidad, asquerosa, pringosa, agobiante… mortal. El sueño americano se va a la mierda cuando hace acto de aparición la burocracia, el jefe imbécil, la mujer parloteadora, el perro que se mea…

Entiendo que sea un mito, ha hecho sus méritos. Es tan refrescante leer a Bukowski que, lo repito, me arrepiento de no haber cogido un libro suyo antes. La literatura estadounidense tiene una frescura que la continental no me ofrece… quizá por ello me guste tanto Stephen King.

El realismo, como ya he contado en alguna ocasión, es el movimiento literario que más me gusta. Disfruté un montón los libros de Benito Pérez Galdós e incluso el movimiento anterior, el naturalismo, me atrae. Me gustan las cosas claras, sin metáforas, porque de ellas el lector puede hacerse mejor idea. No me gusta rellenar huecos con mi imaginación, me gustan las descripciones de situaciones,de lugares, de diálogos… exhaustivas.

Bukowski es realista pero no en ese sentido. Es lo que se ha dado en llamar “dirty realism”. ¿Qué otra cosa podía esperarse que surgiera en los Estados Unidos? Lo raro es que haya todavía personas que sigan creyéndose los discursitos de autoayuda del típico Youtuber que se autoedita con una canción inspiradora y una imagen en blanco y negro (y así dar la sensación de que lo que se cuenta es muy serio e importante)… ¿Discursos de autoayuda en los Estados Unidos? Por favor, ¡no me jodas! Hay unos 50 millones de personas en estado de pobreza en esa gran nación.

Escribe crudamente. Plaga todo de anécdotas. Estas son divertidísimas. Me lo he pasado pipa leyendo el libro y ha sido de los pocos (junto al anterior, del que hablé anteayer) que me he leído casi casi de un tirón, en menos de un fin de semana. Os lo recomiendo, ya estáis tardando en echarle un vistazo a los primeros capítulos. Además esa es otra, la separación en capítulos: cada capítulo dura una o dos páginas de media. Es casi igual que un blog que cuenta la vida de alguien: pequeños retazos de una vida, anécdotas y curiosidades… Es un libro muy veloz, no se detiene en detalles nimios. ¿Y por qué es realista? Porque nos hace ver la parte sucia (al fin y al cabo, real) de nuestra vida. Al ponerlo todo en perspectiva, parece que los trabajos no importan, que las relaciones son secundarias, que todo el mundo (salvo algunos muy contados) es despreciable… Ni siquiera puedo decir que sea un libro pesimista. Como dicen algunos, el pesimista es un optimista bien informado  (realista).

La historia narra las peripecias de un cartero que entra, por pura casualidad, en el servicio postal de su ciudad. Cuenta cómo es su vida en el trabajo y qué hace para sobrellevarla mejor. Estos casi 20 años por los que transcurre el tiempo de la historia duran menos de 200 páginas, así que la colección de anécdotas abarca multitud de aspectos de la vida del protagonista: su trabajo, sus mujeres, sus suegros, sus apuestas en el hipódromo… Contado así no parece que tenga mucho interés, pero si queréis comprobarlo por vosotros mismos buscad en Google por título del libro y leed los primeros tres capítulos (unos 5 minutos de vuestras vidas). Si no os engancha, escribidme y buscamos juntos un psicólogo que os pueda tratar la falta de sentido del humor y vuestro déficit de atención (no toméis en serio este comentario).

Literatura de antiayuda. ¡Qué gozada! De antiayuda porque no ayuda a nadie, porque sólo plasma la realidad, la sucia realidad. Esa realidad que a los Youtubers que dan consejitos sobre cómo tener éxito en la vida, a los Paulos Coelhos que nos prometen que el universo se pondrá a nuestro favor para que consigamos todo lo que nos proponemos, a los Punsetes que dicen que el futuro es mucho más prometedor que el pasado… esa realidad, digo, que les parece tan excelente y necesaria, se ve en este libro retratada tal y como lo que es: el paraíso lleno de basura que se nos pinta bonito pero que está a punto de morir implosionado.

Ya está bien de engañar a la gente prometiendo que todo va a salir bien. Ya está bien de arrogarnos la capacidad de la que, hasta ahora (con muy poca vergüenza), se habían apropiado los pastores cristianos, diciéndonos qué hacer, o qué cabía esperar del mundo en que vivían. Y no me hace falta ser anticlerical para sostener esta postura, pues esta moda del “si quieres, puedes” ha traspasado las fronteras de lo espiritual para instalarse de forma laica en los discursos para emprendedores o empresarios.

Hay que contraatacar ese flanderismo.
Bukowski, en este sentido, es un estupendo Homer Simpson de la literatura.
Leedlo, no os arrepentiréis.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, España.
12 de agosto de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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