El coste de la objetividad

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Me asombra la capacidad de algunas personas de objetivizar todo de una manera tan radical y extrema, como si el debate no fuese con ellos, como si hablar de muertes de dioses, de desapariciones de almas y de mentes no tuviese ninguna importancia en sus vidas.
Entiendo que para arreglar un coche muchas veces hay que desmontarlo, quitar piezas inútiles y cambiarlas por otras. Puede que el coche arranque y circule perfectamente sin muchas de esas piezas, ¿pero qué ocurre cuando arranca pero no circula?

No podemos ponernos en la piel de los animales, somos animales pero seguimos sintiendo que estamos unos pasos por delante suyo (aunque sea por nuestra capacidad de hablar y escribir), en cambio a la hora de naturalizar todos los problemas nos pasamos por el forro esta cuestión, actuamos de manera despreocupada, como si la destrucción que fuesemos a llevar a cabo no dejase nada por el camino, como un botellón o cabalgata que lleva siempre tras de sí a los servicios de limpieza y que hacen desaparecer cualquier rastro de lo ahí ocurrido minutos antes.

Tampoco es bueno poner esto mucho en duda. No sé si por suerte o por desgracia cada día me encuentro más frente a este tipo de gente que parece que no ve delante suyo otra cosa más que la ciencia en todas sus vertientes. En cambio luego las conoces un poco y resulta que se enamoran, que dejan de comer (¡cosa más natural!) porque quieren ver no sé qué película (¡cosa más antinatural, ver películas!) y no llegan a comprar las entradas, que tocan el piano, que leen libros, que pierden horas y más horas emborrachándose (no estoy siendo moralista, estoy poniendo ejemplos de actividades que no tienen nada que ver con la supervivencia de la especie o de satisfacer los deseos básicos de una supuesta pirámide de Maslow), etcétera.

Resulta que lo que les preocupa por encima de todo es ese Estado (con mayúscula), cómo funciona, qué es la democracia, cómo se vota, cómo se intenta ejercer presión, ¡cosa más antinatural que el poder político!  No dejan de dar vueltas a los mismos asuntos.

Desgraciadamente la ciencia natural les ayuda muy poco a comprender esos eventos. Las longitudes de onda no tienen nada que ver con nuestra vivencia de los colores, la acumulación de sonidos (no aleatorios) en una sinfonía nos causa emociones, nos hace recordar determinados eventos pasados, etc. Ok, podemos achacar todo ese sentimiento a conexiones neuronales, podemos reducirlo a la mera electricidad. Pero por mucho que una neurología o una psicología nos den información valiosísima sobre cualquier evento será de todo imposible (no porque, mal entendidas, no puedan,¡ sino porque NO TIENEN LAS HERRAMIENTAS PARA ELLO!) que nos den una resolución. No dejarían de ser explicaciones cuantitativas sobre experiencias subjetivas y cualitativas: vivencias personales, intransferibles, insometibles al estudio.

¿Por qué siguen existiendo jueces? ¿Por qué no hemos construido un ordenador que, con un input larguísimo de condicionantes e información relevante sobre un determinado caso pueda tomar la decisión que mejor crea conveniente sin problemas políticos o ideológicos de por medio? ¿Qué es lo que diferencia la inteligencia artificial de la humana? ¿Nos acogemos a la definición de la máquina de Turing y decimos que hay mente en cualquier ente que pueda demostrar el mismo comportamiento que la mente humana? ¿Es o será eso posible?  ¿Nos conviene? (prospectiva) ¿Son cosas iguales, o diferentes? ¿Para eso sirve la ciencia? (utilitarismo) ¿Por qué la ciencia no se ha preocupado de crear un sistema económico que dé respuesta a las infinitas necesidades del ser humano? ¿Acaso no importa más quitar el hambre del mundo que desarrollar redes de telecomunicaciones? Ah, que la economía no es como la física. Vale.

En la misma crítica, ¿no están usando un lenguaje natural, no formal, con sus equívocos, recursividades, cargas culturales? ¿Se puede pensar objetivamente con un aparato lingüístico con tales handicaps en su seno? No, no somos máquinas.

De todos modos, aquí estoy yo para exponer la realidad (¿puedo sostener que esto no es una opinión, sino una descripción objetiva?, este problema que veo que no va a desaparecer, un problema tratado en literatura, cine o poesía, un problema que quizá de momento no importe pero que me hace temer lo peor de cara al futuro.

No apelaré a las tripas con demagogia barata ni a los sentimientos del lector diciendo que este pensamiento que estoy desvelando como, en muchos casos, criminal, ha provocado la aparición de la bomba atómica. No, no es relevante ni creo que nos dé luz sobre el caso. Hablo de mantener el sistema, hablo en general de la vida de la humanidad, no de los habitantes de la concreta Hiroshima.

Hablo de la libertad, signifique esto lo que signifique.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

1 comentarioDeja tu comentario

  • Interesante post. Yo me considero actualmente un estudiante de filosofía que busca seguir la línea socrática, ser más escéptico e irónico que dogmático en cualquiera de sus formas. Simpatizo con cierto tipo de materialismo metafísico pero lo reconozco como una apuesta casi de carácter literario de la que jamás podré estar seguro con certeza. La filosofía tiene algo de trágico. Desde luego, he coqueteado un tiempo con un naturalismo más potente pero llegué a un callejón sin salida. La única salida cabal para un naturalista fuerte, a mi entender, es o el abandono de la filosofía (sería incoherente) o el abandono del naturalismo fuerte. A mi entender, solemos olvidar una famosa distinción entre lo en sí y lo para mí. Lo importante en sí es el reino de lo que hay, y lo importante para mí es el mundo de la vida, las superficialidades del mundo ordinario en el que todos habitamos y desarrollamos nuestra vida, el mundo fenomenológico que dotamos de morfologías.

    Desde luego, la ciencia es un mapa, un modelo, no es el mismo mundo al igual que un mapa de la costa de Gran Bretaña no puede representar con exactitud toda la línea costera (Mandelbrot). En ese sentido, la ciencia como dijo Eddington es la construcción de un mundo simbólico de lo en sí a partir de nuestro mundo fenomenológico reducido, matematizado, organizado científicamente. Nuestro conocimiento de lo en sí es una construcción simbólica a escala humana (aunque, por supuesto, genere verdades intersubjetivas comunitarias -sostenidas por la comunidad científica-). El conocimiento de lo en sí siempre parte desde una particularidad, un sujeto, un yo influenciado, con carga teórica y cultural. No son datos en brutos. Esto lo mantiene también la neurociencia actual, no son cosas “de filósofos”, como alguien diría.

    Curiosamente, no hay mayor apoyo a la idea de los costes de la objetividad que…los de la neurociencia actual y los del propio darwinismo. A mi entender, Nietzsche se tomó el darwinismo mucho más en serio que muchos autodenominados “racionalistas” actuales. Estoy pensando en sus sarcasmos ante la idea de que el ser humano pueda entender la auténtica naturaleza de las cosas, una idea justamente inspirada en Darwin: ¿por qué una especie efímera y sin importancia cósmica va a tener una conexión directa con las verdades del universo? ¿Eso no sería chocante y misterioso? ¿Por qué nuestros símbolos dados a escala antrópica van a ser universales? ¿No tenemos acaso limitaciones cognitivas? Y así. Es decir, desde la propia ciencia contemporánea es insostenible el cientificismo. Y nadie conoce mejor los límites de la ciencia que los propios científicos, por cierto (los “apóstoles” y militantes son minoría, como he podido comprobar).

    ¡Un saludo!

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