El fascismo galopa sin freno por las praderas del estado policial español

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“O ¿en qué términos se expresa el hecho de que en la Europa de las
dos velocidades se imponga una sola policía?
Ya la sola posibilidad de aceptar la realidad
como si esta fuese única, les hace partícipes
de la miopía a todos aquellos que en verdad
optan por abrazar, como suyo propio, el método
de la indiferencia, y por tanto, cómplices de
las perspectivas de ceguera que se avecinan.”

 La era de la manipulación, N.N, Habeas Corpus.

Ni ser antifascista es ser igual que ser fascista ni ser feminista es igual que ser machista.
Hemos llegado a un punto en que las palabras ya no significan nada.
El discurso dominante en los medios de comunicación es flatus vocis, ruido, aire que sale por la boca de personas que obedecen a unos intereses económicos y políticos cuyo objetivo es enmarañar aún más el estado actual de cosas, hacerlo ininteligible y volvernos locos.

No puedo echar la culpa a los seducidos por el fascismo de principios del siglo pasado, tampoco podremos culpar a esta ola neofascista que protagonizarán partidos y movimientos sociales que aboguen por un supuesto sentido común y en los que se integrarán analfabetos políticos. Analfabetos políticos, repito, sin culpa ni responsabilidad de pensar así.

Me creo que una persona pueda ser seducida por los argumentos más falaces y las consideraciones más bizantinas sobre quién tiene la culpa de esta “crisis”: que si los extranjeros, que si los mariquitas, que si los huelguistas… Me lo creo porque sucede, sucedió y sucederá.

Una educación universal, aunque nos duela, no implica un pensamiento crítico universal. Que sea en algunos casos correlativo no significa que haya una relación de causa-efecto.

Estamos produciendo una generación (o varias generaciones) tan ensimismadas, cegadas y ajenas a lo que ocurre, serviles con el mortal enemigo, que llegará el día en que todo este maremágnum explote en nuestras manos.

Quiero adelantarme a ello, me declaro abiertamente antifascista. Desprecio el argumento político apoyado en falacias naturalistas y lo hago porque no todas las opiniones son válidas, hay opiniones performativas, y lo que per-forman es veneno, destruyen concordia, compañerismo o colectividad (como lo queráis llamar).

Ser antifascista no es ser un radical de izquierdas, (no hay nada de radical en descubrir algo que se encuentra claramente en la superficie) es saber mínimamente algo de historia y de política y actuar en consecuencia para que determinados avatares vergonzantes no se vuelvan a repetir.
Ser antifascista y militar activamente proclamando la lucha contra todo lo que huela mínimamente a aguilucho franquista o neonazi es apostar por ese “bien” al que todos debiéramos tender.

Por esto tiene que apostar toda izquierda, toda posición anticapitalista, ecologista, feminista, anticolonialista…

Hay que gritar contra esto hasta que nos cueste la vida (y no 30.000€) hacerlo, de momento tenemos garganta.

Francisco Riveira.

En Ejea de los Caballeros, 22 de noviembre de 2013.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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