[Ensayo] – Proponiendo una Anti-República – Primera parte

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Introducción


En este ensayo pretendo hacer un recorrido por las concepciones de felicidad en la antigüedad grecolatina. Para ello trataré la idea de eudaimonía desde sus creadores o teóricos más relevantes (principalmente Aristóteles) y posteriormente la haré desembocar en la escuela epicúrea destacando tanto las diferencias básicas con la base teórica en que se basa como su innegable originalidad.


La escuela de Epicuro, llamada El Jardín, tenía otra “competidora” (además de las que ya damos por hecho: la platónica y la aristotélica) durante su época de máximo esplendor: la escuela del estoicismo o, utilizando otro nombre, El Pórtico. Es importante tener en cuenta las diferencias que existieron entre ambas ya que de esa manera nuestra aproximación al mundo antiguo será más completa y abarcante. Por suerte o por desgracia, no se puede conocer todo el pensamiento de un hombre griego deteniéndonos en el hegemónico Platón, al igual que no podríamos decir que todos los filósofos del siglo XX han bebido tan solo de Kant o de Nietzsche. En este sentido los vencedores se han visto (y siguen viéndose) de una manera bastante acrítica en la actualidad y no recordamos a veces que existe otra historia (Contrahistoria la llamaría Onfray) que recoge pensamientos laterales y totalmente divergentes a ese idealismo tan manido y hegemónico. Existe y es preciso abogar por un proyecto de historiar lo que pensaron y dijeron esos filósofos olvidados pues, en casos como el que nos ocupa en este ensayo, propondrán modos de comportamiento y teorías más que hospitalarias con lo que hoy entendemos por ética. Así, el pensamiento estoico, hedonista o epicureísta ha sabido envejecer mejor. Me atrevo a aventurar que el hecho de haber permanecido como teorías secundarias ha permitido que queden revestidas por una suerte de inmaculación histórica o protección intelectual frente a tergiversaciones de la que los pensamientos dominantes no se han visto beneficiados (a pesar de todo, como veremos, esta “protección” no ha sido suficiente).


Las relaciones entre esas escuelas heterodoxas son en muchos casos fruto de discusiones políticas. El propio Crisipo (que fue durante muchos años el principal escolarca de la escuela estoica antigua, tras Cleantes) tenía entre sus objetivos el de hacer una crítica al platonismo anterior, cambiando el paradigma. Quizá es por esto por lo que no disponemos ni del uno por ciento de su obra escrita. La escuela estoica partía, como veremos que también lo hace la epicureísta, de una forma peculiar de ver la lógica, pues para ellos (sobre todo a partir de la generación de Crisipo) la realidad tenía una naturaleza dialéctica; en esta naturaleza Crisipo va a integrar lo que los sofistas conocían como retórica y también la propia dialéctica (por supuesto no en el sentido hegeliano sino en el terreno acotado de la conversación: día-lógos). Su dialéctica atendía ante todo a los sofismas, de los cuáles Crisipo era un gran conocedor y aficionado. Muchas de sus obras suponían la cita total de otras de poetas o escritores anteriores. Crisipo, como hombre metódico y crítico, diseccionaba esos textos clásicos y proporcionaba un planteamiento original desde sus propios postulados teóricos . Así, en su física Crisipo va a proponer un monismo al modo de Zenón y Cleantes (sus maestros). Existirían en su teoría física positiva dos principios (o archai): el principio activo y el principio pasivo, que compondrían la realidad primordial (el principio material del mundo). Ambos principios serían complementarios por lo cual en esta teoría crisipea sobre el mundo no habría ningún tipo de dualismo al modo de Platón y su mundo de las ideas. Veremos una nueva crítica a esto (desde una perspectiva algo diferente) con Epicuro. Para la ética crisípea el camino hacia la felicidad va a pasar por la sabiduría, de hecho, según él, el alma de los sabios permanecía más tiempo en el cuerpo que en otro tipo de personas. Por tanto, la felicidad es el verdadero télos para el pensador estoico (y me estoy refiriendo al estoicismo antiguo en sentido estricto). Algo compartirá el estoicismo con el epicureísmo y es que para poder entender los juicios de los hombres habrá que entender las pasiones que les motivan a actuar de tal o de cual manera. En Crisipo estas pasiones se van a entender de una manera doble: o bien como “enfermedades del alma” o bien como principios cognitivos (consecuencias gnoseológicas de estas pasiones). Su teoría abre un gran campo que aún hoy está por explotar y del que podríamos extraer más información si tuviésemos noticia de esas 700 obras que publicó durante su vida y de las cuáles sólo hemos recibido fragmentos y referencias indirectas de otros autores de la época, el inestimable Diógenes Laercio entre otros.


Dejando ya de lado a la filosofía de El Pórtico vamos a ver una tesis (por otra parte muy extendida en el mundo contemporáneo) que toma a nuestras culturas occidentales como herederas en lo fundamental de las ideas epicureistas sobre la felicidad y la moral o comportamiento en general. Como muchas de estas ideas son lugares comunes en el pensamiento y, a veces, producto de ideas preconcebidas sobre los pensadores “satélites” de Platón, veremos qué fundamentos sostienen esas tesis y si en algún momento los testimonios del propio Epicuro abogaban por una sociedad moral semejante a la actual.


Como precaución metodológica he de apuntar la enorme pérdida de información que sufrimos con respecto a los teóricos de la época de Epicuro. Dice Diógenes Laercio en su Vida y obras de filósofos ilustres que por cantidad de obras escritas Epicuro superaba incluso al mismísimo Aristóteles, siendo únicamente superado por el otro gran teórico (en este caso, del estoicismo) Crisipo de Solos: unas 700 obras en toda su vida, de diferente longitud. No existen filósofos en la actualidad cuya obra alcance siquiera la tercera parte. Ante la evidencia de semejante obra escrita y la pérdida de la mayoría de sus tesis hemos de conformarnos con lo que poco a poco se ha ido recuperando esforzadamente por especialistas en, arqueología, filología y filosofía (por este orden), además de, como digo, referencias indirectas entre las cuales encontramos a Diógenes Laercio y a epístolas conservadas por sus discípulos. Los textos propios de Epicuro pueden resumirse en los siguientes: Epístola a Heródoto, Meneceo y Pítocles y las Sentencias Vaticanas de contenido eminentemente moral y que nos ofrecen un resumen razonablemente completo de toda su propuesta ética.


En el año 322 antes de nuestra era fallece Aristóteles, el Filósofo, en la isla de Eubea. Por su mano y, sobre todo, por la de Platón, aparece un modo de hacer filosofía que, como he dicho previamente, ha seguido vigente hasta nuestros días, a pesar de que sus planteamientos estén en buena medida descartados tanto por la ciencias naturales actuales como por los cambios de paradigmas a la hora de afrontar los problemas éticos y filosóficos lato sensu. Hasta ese momento la filosofía había alcanzado un grado de complejidad y de precisión imposibles de ver en épocas anteriores o en culturas diferentes (de este modo, aunque de forma muy poco meditada, la mayoría de filósofos occidentales toman la decisión de no enfrentarse al pensamiento oriental pues ven que con seguir la estela de Aristóteles tienen estudio como para ocupar toda su vida). Del pensamiento platónico y aristotélico ha bebido toda la filosofía o metafísica medieval y moderna, pasarán muchos siglos hasta que otro pensamiento tenga tanta expansión. Pero no habría que esperar mucho más. Tras la muerte del gran filósofo en menos de diez años se inoculó el germen de las dos escuelas de pensamiento que más importancia tendrían a partir de entonces: el Pórtico (estoicismo) y el Jardín (epicureismo).


Pero, antes de nada, ¿qué ocurrió con Aristóteles? Así como comenta Julián Marías a la introducción de la obra de Séneca De vita beata, los años posteriores a la muerte del filósofo no hicieron justicia ni a su nombre ni a sus teorías, he aquí una cuestión de falta de discípulos. Los siguientes escolarcas del Liceo no pudieron relevar a Aristóteles del mismo modo en que él había relevado a Platón y, a su vez este, a Sócrates. Pero no era cuestión de calidad intelectual ya que sus discípulos eran considerados intelectuales de prestigio dentro de Atenas sino que fue, como nos dice Julián Marías, una cuestión de aptitud ante la filosofía. Si navegamos un poco por Sócrates, Platón y por Aristóteles vemos que cada uno tiene una manera de afrontar el pensamiento de forma diferente al anterior. Se desvirtuó hasta tal punto el espíritu aristotélico en el Liceo que el undécimo escolarca del mismo, Andrónico de Rodas, no sabiendo qué hacer con los catorce libros de la prote philosophía de Aristóteles, decidió colocarlos tras los escritos físicos bautizándolos con el feliz nombre de Metafísica. Este acontecimiento no es fortuito pues el propio Andrónico se encontraba tan influido por el estoicismo que su manera de ver la filosofía era casi frontalmente diferente a la de Aristóteles. Andrónico y sus contemporáneos seguirían el esquema de la mayoría de las filosofías morales helenístico-romanas de su tiempo: lógica, física y ética. También por este mismo orden, al igual que la escuela estoica, como hemos visto.

Hay que localizar el pensamiento posterior a Aristóteles en este orden de cosas y no hemos de olvidar que la mayor parte de esos pensadores heterodoxos tuvieron que beber de él. Es por esto por lo que no me parece gratuito apuntar, en la siguiente parte de este ensayo, qué entendía Aristóteles por eudaimonía y qué le llevo a crear ese concepto.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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