Entrevista a Paul Feyerabend en la Televisión italiana – Traducción en exclusiva al castellano – 1ª Parte

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A continuación la primera parte de una entrevista realizada a Feyerabend por Vittorio Hösle que, hasta hoy, se encontraba sólo doblada al italiano y sin traducción disponible a ningún idioma.
Como ya dije en posts anteriores, a lo largo de los próximos días y semanas traduciré y doblaré esa entrevista, dejando constancia de esta tarea tanto en este blog como en mi podcast y en mi canal de YouTube.
Hay algunos errores de estilo en la traducción que serán solventados en cuanto la haya terminado.
Espero que la disfrutéis:
Entrevistador:
Usted es sin duda uno de los filósofos más interesantes y discutidos, también uno de los más polémicos de nuestro tiempo. Comenzó usted como discípulo de Popper, que es considerado el fundador del racionalismo crítico. Pero, para informar al público mayoritario, están las obras dedicadas a una crítica general del programa de teoría de la ciencia, y también de la presunta racionalidad de la ciencia propiamente dicha. Podría comenzar contándonos alguna cosa sobre su aventura intelectual y sus intereses pasados y presentes en el campo del arte, de la ciencia y de la filosofía, a partir del inicio de su estudio.
Feyerabend: 

Sí, si queremos hablar propiamente de una aventura intelectual, por lo que a mí respecta, eso no se puede asociar conmigo mismo, como así ocurre en el caso de David Hume, que programó su propio itinerario intelectual que luego seguiría. Para mí se ha tratado, en vez de eso, de una serie de casualidades. Me sentí atraído por el arte, sobre todo de la recitación en el canto, porque tuve la oportunidad de asistir a alguna ejecución (de canto) excelente y porque tuve un maestro muy bueno. Me acerqué a la física porque encontré un profesor espléndido de física en la escuela superior. Después de lo cual seguí cursos de física en la Universidad. Comenzó a interesarme el método de la filosofía por casualidad, porque a la hora de querer leer ciertos libros de teatro y de escenografía debía comprarme un paquete entero en oferta especial a un vendedor de libros usados, en el cual estaban incluidos también libros de filosofía. Comencé, así, a leerlos, sólo para reducir mi pérdida económica, y fui capturado entonces. Me encontré inmerso en el estudio de la filosofía. También otra vez por casualidad comencé a enseñar filosofía ya que, encontrándome en Viena sin dinero, una amiga, Elizabeth Anscombe, me dijo: hay un trabajo disponible en Oxford. ¿Por qué no mandas una petición para la cátedra de filosofía y presentas una petición en Oxford y también en Bristol y a Australia? Por buena suerte, obtuve el trabajo en Bristol, al principio no tenía una preparación específica porque no había estudiado nunca directamente filosofía o filosofía de la ciencia. Debía entonces aprender la materia enseñándola. Y poco a poco me vi inmerso cada vez más en los argumentos justamente porque debía tener alguna noción sobre ellos. Gracias a la actividad de enseñanza y a la participación en congresos y convenciones entré en contacto con un gran número de filósofos y filósofos de la ciencia ilustres. Una frecuentación que me llevó, al final, a la convicción de que todo aquello que estaban diciendo no era del todo justo. Entonces, comencé a contraponerme a sus tesis. De este modo, así, es el verdadero origen de algunos de mis ensayos, no porque me encontrara sentado escribiendo y surgiesen sino porque en el transcurso de un congreso me levantaba para dar algunas objecciones contra otras afirmaciones hechas por el que estaba hablando en aquel momento. Como estaba prevista la publicación de las actas de ese congreso, debía poner por escrito todo aquello que había dicho. Y así, a la postre, nacieron algunas de mis publicaciones. Mi itinerario intelectual, como se puede comprobar, no ha sido otro que el fruto de una serie de casualidades.
LOS AÑOS DE LA UNIVERSIDAD

Mi acuerdo de cuando era estudiante universitario, me encontraba en Albach, para participar en los cursos estivales inaugurados justo en aquel período y en los que podíamos tener la presencia de docentes prestigiosos, titulares e invitados. Mi actitud era ahora absolutamente cientifista, cosa que significaba que cuando alguno hablaba de dios o de belleza, o de verdad, entonces yo me levantaba y le decía que no sabía nada de la ciencia, que aquello que afirmaba no tenía sentido. En la época, era también un fervoroso admirador del positivismo del Círculo de Viena. En las discusiones todos sosteníamos que nuestra preocupación era la de aclarar todo lo que venía afirmado por los científicos, una clara actitud que, al final, se reducía en la práctica a una traducción en alguna simplista fórmula l´logica. Personalmente pensaba que era una pérdida de tiempo bastante grande. ¿Cuándo comencé a dudar de la actividad científica en sí misma?, de verdad que no lo sé. Había una fase en la que hacía falta, para saber cómo eran de verdad las cosas, era preciso acogerse a las ciencias. Y llegó un momento en que me dije: cierto, las ciencias dicen cosas muy interesantes, cosas que me interesan mucho más que las otras pero, ¿y si no alcanzan la verdad en absoluto?
Sobre este particular la verdad es que no recuerdo bien, debía tratarse de un proceso gradual en el cuál había tenido, seguramente, una parte notable el hecho de que Imre Lakatos venía bastante a menudo a mis lecciones. Imre Lakatos, como digo, estaba totalmente a favor de la ciencia. Era, por así decirlo, y verdadero monstruo en el campo científico. Y la verdad, bromeando un poco, de tanto en cuanto hacía algunas observaciones irónicas a propósito de la ciencia. Un buen día Imre Lakatos me dijo:¿por qué no pones por escrito todas tus objecciones, después te las respondo y hacemos, entonces, una bonita discusión en un libro? Y añadió: formula tus objecciones en los términos más extremos y arriesgados. Y así mismo hice, con el extremismo máximo. De ahí surgió el libro Contra el Método. Pero, por desgracia, cuando lo publiqué Imre Lakatos se murió. Por eso no se pudo escribir la segunda parte del libro.


PHILIPP FRANK

El tercer personaje que encontré fue Philipp Frank. Philipp Frank fue uno de los fundadores del Círculo de Viena, que sucedió a Einstein en Praga cuando este se mudó a Berlín. Y era buen amigo de Einstein. Era un físico y, como digo, se encontraba entre los fundadores del Círculo de Viena, del primer Círculo de Viena y, después, del Segundo Círculo de Viena. Después se convierte en profesor de Harvard. Lo conocí en Albach, donde escuchó una lección mía, durante la cual dijo: “Veréis, queridos amigos, todos hablan de la revolución copernicana y todos hablan de cómo eran las aportaciones de Aristóteles. Y todos dicen, a la vez, que los científicos son empiristas. Pero, bien visto, Aristóteles fue un auténtico empirista. Y los argumentos adoptados por Aristóteles eran argumentos efectivamente buenos. En realidad, si Copérnico venció no fue gracias al empirismo sino gracias a alguna otra cosa.” También esto fue de aquellas cosas que permanecieron en letargo dentro de mí para dar su fruto algo más tarde. Mi agresividad explota, por primera vez, contra aquellos filósofos que hablaban de ciencia sin saber verdaderamente de qué se trataba. Esto les ocurría a muchos de ellos en aquellos tiempos. Estos seguían diciendo que debíamos reconstruir aquello que viene afirmado por parte de los científicos, etcétera. Pero no lo hacían muy bien. En realidad, si lo miramos con atención, se puede entender que Contra el Método fue dirigido principalmente contra la filosofía ciencia entendida como un modo de para hacer sensato cuanto tiene de complejo lo que está afirmado por los científicos. Lo que busco hacer en aquel libro es revelar el método subyaciente a las ciencias y lo que reafirmo es que un método tal en realidad no existe. Por otro lado, esta no es en realidad una afirmación nueva ya que muchos científicos lo habían dicho. Lo pensaba también Einstein, al que le encantaba decir lo mismo. “Pongamos enfrentados a un científico y a un epistemólogo. El científico afronta una situación compleja y si quiere descubrir algún valor en esta situación no puede usar una simple regla prefabricada, tendrá que ser un oportunista.” Es justa esta la palabra usada por Einstein. Pienso, por así decirlo, que en realidad cuando, en Contra el Método afirmo que no existe método, digo algo que muchos científicos han dicho ya previamente. No se trataba de nada nuevo en absoluto. Malo era, evidentemente, para la comunidad filosófica. También hoy en día la mayoría de los filósofos de la ciencia dan por descontado, me parece, que no se puede simplemente construir una regla y pretender que sea luego seguida por la ciencia. A día de hoy se ha descubierto que la palabra “ciencia” cubre muchas realidades diversas. Está la macroeconomía, tenemos a Konrad Lorenz con sus patitos, y la física. Está también la topología y está la teología, que es una de las primeras ciencias. ¿Son todas la misma cosa? Ni de lejos. Y así, con todo este panorama general, me hice al fin con un propósito a la hora de usar la filosofía . En segundo lugar, como se sabe, la idea de que en la ciencia se encuentra un concentrado de verdad es una idea de los filósofos. Está presente ya en Immanuel Kant, y se encuentra después en los filósofos que lo siguen. Está tan pegada a los científicos que ha dado resultado en este dogmatismo de los filósofos. Desde el trono de muchos científicos se dice que no sabemos exactamente de qué estamos hablando y que no comprendemos la sustancia de las cosas. Cuando en la teoría cuántica se dice: sabemos cómo elaborar conexiones, cómo interpretar algunos experimentos, pero no tenemos ni idea de qué significa todo aquello junto. Así, teniendo esto en mente, y con la invitación de Imre Lakatos, escribí el libro, sin medias tintas, quería estar en posición de atacar cualquier cosa. Así se entiende que mi primer libro tuviese un tono tan radical. Esto fue efecto de una serie de accidentes casuales y de algunas consideraciones de tipo estilístico. Si tengo la oportunidad de argumentar algo o de contar una historia, yo cuento una historia. Si puedo decir algo de manera dulce o de manera un poco dura, prefiero decirla de manera dura. Todo esto, entonces, contribuyó a dar forma a aquel libro en particular.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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