Entrevista a Paul Feyerabend en la Televisión italiana – Traducción en exclusiva al castellano – 2ª Parte

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EL PROBLEMA DE LA VERDAD
Aquello que crea la dificultad es la noción misma de verdad. Yo creo que cada uno entiende lo que significa decir la verdad delante de un juez. Lo que se nos pide es que digamos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Algo bastante claro: se nos pide que no mintamos. Que tratemos de recordar bien las cosas y que no nos dejemos nada de lo que consideremos importante. Evidentemente puede suceder también que nos olvidemos de algo pero, como quiera que sea, hablamos ahora de la verdad de la ciencia. Cogemos una disciplina científica cualquiera, veremos que en cada una hay aproximaciones diversas y contradicciones recíprocas. Por mucho tiempo, la teoría de la relatividad y la teoría cuántica han estado en conflicto entre sí. Actualmente, se busca solucionar el conflicto con nuevas aproximaciones teóricas. Y por supuesto, las dos, pertenecen a la ciencia. Pero, si estas dos teorías están en conflicto entre ellas, ¿cómo podemos decir que dentro de la física se encuentra la verdad? Podemos encontrar una infinidad de historias que contar dentro de sectores particulares pero de la verdad, ¿qué podemos decir? Para muchos y no todos, una parte importante de la labor científica está en su carácter matemático. El libro de la naturaleza, se dice, está escrito en términos matemáticos, etcétera. ¿Es una teoría científica? ¿Es una afirmación verdadera? ¿No es verdadera? Es difícil descubrirlo. Pues cada vez que algún científico sigue adelante con consideraciones de tipo cualitativo los matemáticos entran en combate y proporcionan enseguida una teoría para explicar las consideraciones cualitativas. En la mecánica celeste, por ejemplo, tenemos el caso de la topología. Por mucho tiempo, la solución ofrecida al problema de la estabilidad del sistema planetario había sido insatisfactoria en los términos cualitativos en los que había sido expuesta. Gracias a una serie de desarrollos se llegó a una convergencia de los datos y a encontrar que ciertos números se ajustaban a determinados parámetros. Pero esto se encontró con algunas dificultades y algunos dijeron: consideramos toda la cuestión en términos cualitativos, no nos preocupamos de cuál pueda ser la órbita por la cuál los planetas giran en torno al sol sino que miramos los términos cualitativos en el modo en que el sistema planetario, por así decirlo, respira. Y si respira entonces no explota. Fue este la aproximación de Poincaré. Pero también una aproximación cuantitativa similar fue matematizada contemporáneamente, por lo cual esta concepción no puede ser refutada en tanto en cuanto que la matemática cambia los términos continuamente. Si consideramos la aproximación cualitativa como una especie de idea de guía que indica a los matemáticos sobre qué áreas tienen que concentrarse y sobre cuáles son los sectores en los cuales, la forma ya existente de la matemática, no funciona… veníamos a encontrarnos en la práctica con una tautología. No es fácil hablar de verdad dentro de la ciencia. En la física del siglo XIX hubo aproximaciones diversas con metodologías en conflicto entre sí mismas y con resultados discordantes. También dentro de la biología, por mucho tiempo hubo un conflicto (también hoy en día con la biología molecular la situación es un poco diversa). Si pasamos a la economía, la situación es del todo diferente. Lo mismo ocurre con la investigación de Konrad Lorenz con sus animales (que me parece un viejo naturalismo). Nos situamos en una pradera y seguidos de los patos que graznan observamos lo que hacen: una aproximación totalmente diferente. No existe una realidad única de hacer ciencia que posea la verdad. El modo de hacer ciencia que se la arrogue (la verdad) corresponde a una imagen superficial de este asunto.
EL PAPEL DE LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD 
Uno de los resultados de la teoría cuántica es que no es posible establecer una posición bien definida. En la teoría de la relatividad y viceversa, esa posición, como hemos dicho, está asumida. No sólo los métodos serán diversos en áreas diversas de la ciencia sino también en los resultados, en los asuntos de base. Hablar de ciencia significa, por así decirlo, hablar de una quimera. Una entidad, una coherente identidad, “ciencia”, que posea o se pueda suponer que posea la verdad no existe. Si de verdad existiese no sabríamos nunca qué significa el hecho de la verdad. ¿Qué significa, de verdad? ¿Significa, quizá, que cuando nosotros estudiamos estamos más contentos y somos más eficientes? También las partes más verdaderas de la ciencia no son muy eficientes. Hay colapsos también en las áreas en las que se dice: al fin y al cabo, no obstante, hemos entendido cómo hacerlo porque es un problema de ingeniería. Y los problemas de ingeniería son problemas sumamente difíciles. ¿Qué significa, entonces, este discurso sobre la verdad? ¿Qué significa este discurso sobre la ciencia como unidad? Para mí se trata sólo de quimeras. Me doy cuenta de la validez de la verdad de acuerdo a las relaciones públicas. Si uno dice que la verdad es aquello que hace afluir de repente el dinero entonces ahí se concentran los esfuerzos de estudio, etcétera. Pero, a parte de esto y a parte de los usos prácticos de la palabra “verdad” tipo:dime la verdad, y si realmente no tenía relación (lo que se dice) mientras estaba fuera (en el mundo)… Si a parte de esto decimos, toda la cuestión es si la ciencia posee la verdad, esto no tiene para mí mucho sentido. Para mí tiene sentido, por el contrario, que uno dedique todo su esfuerzo o que una sociedad o un grupo dediquen todos los esfuerzos a la ciencia, de manera plural o cualquier forma entre ambas que sea precisa.
Hoy, por ejemplo, las ciencias han de responder a una finalidad ecológica. Sabemos bien cómo actualmente estamos sin duda asediados por muchos productos de la ciencia, tanto es así que no encontramos sitio para todos.   Si sólo los científicos pueden manipular los productos de la ciencia entonces les necesitamos. Es un poco como si uno descubriese un tipo particular de pintura indeleble para pintar los muros. Si llegados a un cierto punto nos cansamos en aquel color y lo queremos cambiar entonces tendremos la necesidad de usar un mismo tipo de pintura (imborrable) como la que ya habíamos aplicado , y sólo ese científico sabría algo sobre ese tipo de pintura. Esta es hoy una de las razones por las que necesitamos a la ciencia. Aquí, lo que quiero decir, es que a muchas de las ciencias que se ven hoy alrededor nuestro no les haría mal un poquito de poesía para disolver un poquito las cosas y ponerlo en una necesaria prospectiva.También el mito puede ser opresivo al igual que una teoría científica. En realidad los mitos han sido opresivos, han puesto a la gente en extrañísimos estados mentales que los han inducido a comportarse de manera extravagante. Si pensamos en el mito “nazi” que no es un mito con un gran estilo, no podemos hablar genéricamente de ciencia y mito porque hay varios tipos de mito, al igual que varios tipos de ciencia. Cuestiones generales como “ciencia o mito” no tienen mucho sentido y no vale la pena discutirlos. Y también justo de estas cosas son el tipo de cuestiones de las que se ocupan los filósofos. Pongamos otro ejemplo: Los historiadores de la ciencia más recientes han descubierto que había sido fácil para cualquier persona notar que la ciencia, para el Círculo de Viena, la ciencia era un sistema de afirmaciones, por Carnap, Popper, Hempel… Hablar sobre ciencia significaba hablar sobre los sistemas específicos de afirmación. Y poner orden en la ciencia significaba poner orden en aquellos sistemas de afirmaciones. Es decir, presupone que cualquier paso adelante en la ciencia se ha hecho de manera libre. Y que nadie puede actuar por razones poco claras. Significaba también que el hacer experimentos sea, así, algo simple. Ahora las cosas funcionan de manera diferente. Si pensamos en los grandes experimentos de hoy en día que requieren plantas de tipo industrial como sucede en el CERN, donde están actuando dentro de un territorio industrial y en el cual los operarios tienen que ponerse de acuerdo en alguna elección y aceptar compromisos. Hay cosas que funcionan y otras que no, en las que se trabaja mucho sobre hipótesis. Y no hay suficiente dinero. Así, improvisadamente, se tiene que cambiar la aproximación en cuanto ocurre este problema. Y en otros cada experimentador que tiene algo que hacer con un instrumento tiene una cierta dosis de aquello que en esos años se llamaba “conocimiento testado”, como el de un piloto de Fórmula 1. Un piloto no sabría decir con detalle todo aquello que sabe, puede tan solo demostrarlo conduciendo el coche en algunas situaciones extremas. Lo mismo ocurre con los científicos. Hoy, los componentes de la ciencia se han multiplicado, tanto es así que algunos historiadores de la ciencia sostienen que el nivel experimental representa un área en la cual es muy difícil establecer una conexión entre el nivel experimental y entre el de la teoría propiamente dicha, que muchos consideran la cosa más importante. En realidad, la pasarela de la una a la otra contiene componentes arbitrarios: las llamadas “aproximaciones”. 
Si pensamos en todas estas cosas comprenderemos cómo la unidad global llamada ciencia se fragmenta, de hecho, en diversas ciencias singulares. Y dentro de cada ciencia singular existe el nivel teórico que, a su vez, se distingue en física de las partículas elementales (o alta teoría) y fenomenología. Estos son los personajes que han dado propiedades a la curva pero no han hecho aún ningún experimento. Han, por otro lado, personajes que siguen los experimentos, que reciben información de supervisores de la curva y de los que cultivan la alta teoría. Han científicos que trabajan en múltiples frentes, se cambian de rol y tantas otras cosas. A veces, podríamos decir que una adquisición, un resultado científico comporta una suerte de acuerdo político entre diversos partidos, en los que unos ceden algo propuesto por los otros, otros ceden por algo dicho por aquellos y, finalmente, se puede publicar.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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