Entrevista a Paul Feyerabend en la Televisión italiana – Traducción en exclusiva al castellano – 4ª Parte

twittergoogle_plusrssyoutubetwittergoogle_plusrssyoutube
[Feyerabend] Pienso que hay científicos que no comparten ninguno de sus criterios sino que tienen en mente algo totalmente distinto. Aquí vale lo que vale, a propósito de la posición del hombre en el universo. Si se cree que el hombre está en una posición tal por la cual (la vieja cuestión de la verdad) la verdad es para él evidente quiere decir que ha existido un dios benévolo creador que no ha hecho del universo un paso universal sino que lo ha construido para que el hombre pudiese hacer algo. Esa estará más inclinada a una visión empirista. Si, por el contrario

, según los agnósticos, se piensa que dios está lejísimos, que el universo que nos envuelve es un engaño, por así decirlo, de las ideas del dios abstracto y distante, pensaremos que los sentidos del hombre no están hechos para descubrir la verdad. Depende de un amplio fondo metafísico si uno se ha inclinado a este o a aquel otro criterio. Pero, en muchos casos, las ciencias no comparan ni el uno ni el otro. Podemos encontrarnos en frente de algún problema en el sentido de Kuhn. Algo no muy importante pero que fastidia y que se quiere resolver. Y, entonces, si se transita por vías extrañas no se pide una coherencia ya que el problema es muy limitado. Pero, al final, se llega a buena una solución. En cambio, la gran alternativa que usted me propone tiene sentido en tanto en cuanto alternativa entre dos posiciones contrapuestas del hombre en el universo. El hombre se ha colocado cerca de un dios benigno que lo lleva cerca de aquello que sucede o de una especie de bastardo que lo pone lejos de cada cosa, sin que él pueda fiarse de sus sentidos. Al nivel metafísico la pregunta es plausible mientras que en la práxis científica algunos pueden estar influenciados y otros no. Algunos pueden no estar influenciados por ningún criterio y, aún así, conseguir éxito al igual que aquellos que sostienen algún tipo de metafísica. Por eso yo no daría mucha importancia a esta alternativa a no ser que sea a un nivel metafísico muy general y no para las ciencias.

[MÚSICA]
LA RETÓRICA DEL CIENTÍFICO
Esta historia del instinto de los grandes científicos… me impresiona cuando pienso en cuántos científicos cualificados como grandes por alguno de sus logros, a fuerza de usar su instinto, acaban al final por quedar en nada. El Einstein tardío es un ejemplo. Después de haber realizado grandes logros en cada sector, en los cuáles él fue un gran científico, buscó elaborar una teoría del campo unificado pero sin éxito. Se decía: “se está volviendo viejo, ya no es capaz de usar sus propias ideas. No es capaz de captar las nuevas ideas.” Existe, por tanto, un instinto de los grandes científicos que no lleva a ninguna parte. Newton ha sido, probablemente (y no se sabe lo suficiente) uno de los máximos científicos de siempre si se considera su investigación en los campos de la alquimia, de la teología, de la física, de la cosmología y prácticamente en cada sector del saber humano. Pero, incluso siendo el gran científico que era, avanzó con las ideas que según él decían que los planetas se movían de acuerdo al dictado de dios. En seguida se dice: ¡qué idea tan ridícula! Y quizá, por esta idea, tenía en ese momento pruebas empíricas además de argumentos teológicos. Para él dios no era un principio, era una persona, un padre que toma personalmente cuidado de sus criaturas.
Esto significaba que el universo no era algo que dios construyó en su tiempo libre para luego tirarlo por ahí, como pensaba Leibniz sino que era algo sobre lo que él permanecía siempre con amor. “Dios es un padre”, afirma el propio Newton. Y nuestra relación con él es de subordinación y no de reconocimiento de un principio. Ha habido un gran número de científicos que han hecho hipótesis variadas. Galileo fue un gran científico que hizo las hipótesis apropiadas sobre algunos aspectos. Esto no quiere decir que en general los grandes científicos hacen las hipótesis apropiadas. Ellos fueron muy afortunados… pero hay más. Cuando se lee cualquier libro sobre los distintos tipos de argumentaciones sobre la existencia en los tiempos de Galileo estas provienen de Aristóteles: la demostración, la dialéctica, la retórica. La demostración es el tipo de argumentación con la que se establece la validez de una afirmación en términos absolutos.   La dialéctica comporta la discusión entre individuos de opiniones diversas sobre algún asunto sobre el cuál no se llega a una conclusión. La retórica trata de aquel tipo de argumentaciones que trabajan sobre las debilidades del oponente, que busca su fragilidad psicológica y que, por tanto, busca ganarlo. El autor del libro (…) ha calculado el porcentaje relativa a los tipos de argumentaciones usadas en el período de la revolución copernicana descubriendo que, en el tiempo de Galileo (en el que el autor se concentra), el porcentaje de argumentaciones retóricas crece mucho no solo en el mismo Galileo sino también en sus adversarios. Y que indica que se trataba de un caso que no podía ser manejado con métodos más rigurosos de argumentación. Era un caso difícil, un caso de fe o no fe sobre el cual se apostaba algo. Galileo descubrió la solución correcta, es decir, algo que más tarde sería utilizado por Newton, para que aclararlo: lo que Newton afirmaba sobre el universo era bastante diferente a lo que afirmaba Copérnico. Por ejemplo, no había esferas celestes. Copérnico fue abandonado en el mismo momento en que fue aceptado. Cuando finalmente la visión copernicana tenía argumentos positivos a su favor fue abandonada porque entre medio había habido nuevos descubrimientos. Pero ya en el tiempo de Galileo la visión copernicana se debatía entre dificultades notables. En una situación de este tipo tiene sentido, para un científico, decir: no hay que pensar en la dificultad, esta es la apuesta correcta, trabajaremos sobre esa y al final tendremos éxito. Eso es cuanto hace Galileo. En una situación de este tipo y para mantenerse en línea con los seguidores y conquistar a los demás no hay argumentos científicos sino, más bien, argumentos retóricos: eso es cuanto hace Galileo. En mi libro decía que su comportamiento era del todo legítimo. Muchos científicos, también en épocas recientes, se han comportado de la misma manera al encontrarse en dificultades. Sólo para mantener sujeto el movimiento y hacerlo progresar. Para demostrar que en el fondo la propia visión es correcta en el fondo sirve el movimiento (retórico) o una investigación detallada. Tycho Brahe resolvió casi todos los problemas de los ptolemaicos pero Galileo no habla nunca de él, en una estrategia retórica, no lo ataca nunca. Tycho Brahe no existe. Tycho Brahe estaba aceptado por la Iglesia porque la Iglesia podía estar de acuerdo con los resultados de las observaciones y estos eran (los resultados) los que mantenían la tierra en el centro. Por esto defendían a Tycho Brahe. Galileo no habló nunca de él si no fue para releerlo y liquidarlo. Estaba claro que se trataba de una estrategia del todo retórica. A este propósito consentidme llevar el discurso sobre una cuestión totalmente distinta. Lo que me interesa es que la Iglesia hizo una elección sobre el punto de vista a aceptar. Galileo hizó una elección diferente. Galileo decía: “La elección que he hecho deberá ser separada de la teología porque partirá solamente desde el ámbito de las ciencias”. Rechazaba cualquier autoridad extracientífica que dijera qué visión del mundo debía ser aceptada.
Facebooktwittergoogle_plusmailFacebooktwittergoogle_plusmail

Sobre el autor Ver todos los posts

Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *