Entrevista a Paul Feyerabend en la Televisión italiana – Traducción en exclusiva al castellano – Última parte

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No estoy de acuerdo con esto porque sí, por una parte, hay un programa de investigación (como el de Galileo), por la otra, también hay programas de investigación más amplios como el intento de tener una buena convivencia social que sea o no de tipo republicano o democrático. Si un cierto tipo de programa de investigación de rango reducido es parte de un programa de investigación más grande,  (y de la teología de la época se puede hablar como si fuese un programa de investigación) entonces el programa de investigación más pequeño debe adaptarse al programa de investigación más grande y no al revés.

EL PAPEL DEL ESTADO

[Entrevistador] Uno de los aspectos más novedosos en su obra es siempre para mí, cada vez que leo sus libros, la crítica que usted hace de la pseudoseriedad de la vida académica que domina en el mundo. Pero, particularmente, en Alemania, donde los profesores tienen fama de ser demasiado serios. Usted ataca la exagerada valoración que gozan estos grupos sociales y el poder que tienen en nuestra sociedad. Una de las tesis más interesantes en su libro es que, como la ciencia moderna ha debido separarse de la Iglesia para garantizar su libertad y la autonomía de los propios ciudadanos, por tanto será necesaria una separación de la ciencia y del Estado. ¿Puede explicarnos más en detalle cómo ve usted esta separación entre Estado y ciencia?

[Feyerabend] Bien, la separación entre Estado e Iglesia significa, a mi parecer, que en las escuelas públicas financiadas por el Estado no se enseña la religión. Puede enseñarse en las escuelas privadas, puede enseñarse a través de otros canales especiales… y lo mismo debería ocurrir con las ciencias. Debería también ejercerse mayor control público del uso del dinero destinado a las ciencias, a los proyectos científicos. Mientras tanto, he aquí lo que ya sucede. En — he leído un artículo sobre la financiación — , es decir, un tipo de distanciamiento público de cara a sostener determinados programas científicos de suerte que, el personaje que ha encargado el programa tiene el derecho de asignar (este es el término ténico) una suma de dinero para proyectos científicos considerados buenos sólo porque dan dinero a su Estado. En estas condiciones la idea del científico libre, independiente del ambiente, que persigue autónomamente sus propios objetivos, es verdaderamente irreal. Una figura de este tipo simplemente no existe. Me encantaría que la intervención pública fuese más sistemática y fuese realizada con un ojo a las ventajas para la población de un Estado. Unas ventajas no solo en términos financieros sino en términos de productos creados por los científicos. Quisiera que por ahí fuese guiada la investigación científica. Esta guía, sin embargo, ya existe. No querría que se dedujera de esto que la ciencia ha de ser enseñada y que aquello que la ciencia afirma (como está enseñada en las escuelas) va a ser siempre aceptado. Estaría bien que, como la religión, fuese enseñada en cualquier parte, por canales diversos o más periféricos. Así, debería enseñarse a todos los jóvenes. Lo mejor, el mejor tipo de formación, sería esta competencia en relación de chicos que mano a mano crecen y a los que se cuenta una gran variedad de historias, a los que les encanta escuchar historias de diverso género, contando historias diversas con cuestiones cosmológicas científicas, de suerte que también se pueda contar al niño cuestiones de cosmología mítica, puntos de vista religiosos, etcétera. Una vez hecho esto se les explicará a ellos: “Escuchad, estas son las convicciones más populares en la actualidad. Si queréis acertar moveos en esta dirección.” Así, cuando se hagan grandes, podrán hacer un cierto cuestionamiento de las causas y no sólo en base a los hábitos de aquellos que están en su entorno. Creo que podrían ser también científicos mejores, si fuesen capaces de ver los límites de las ciencias, sabiendo también las alternativas. Y que podrán sentirse inspirados de cualquier contenido de las alternativas. Y que serían también mejores ciudadanos.

[Entrevistador] ¿Usted estaría de acuerdo con la mayor parte de los fundamentalistas protestantes, los cuales quieren que en las escuelas no se enseñe tan solo el darwinismo sino también el relato creacionista de la Biblia?

[Feyerabend] Sí, ¿por qué no? ¡Se llevan enseñando tantas cosas sin sentido en la escuela…! Si pensamos en aquello que se escucha en el campo de la historia, a propósito de las guerras, etcétera… van juntas tanta inmundicia ahí! No creo que sea tan dramático si se usase un poco de aquella otra inmundicia, en caso de que se considere como tal, y que se ponga en circulación. ¿Por qué ser tan selectivo y decir que probablemente no podamos cuando, de la otra parte, se enseñan tantos otros disparates?

LOS LÍMITES DEL RELATIVISMO

En este momento llegamos a una de sus tesis más populares, es decir, la famosa afirmación de que “todo vale”. Usted está interesado en la proliferación de teorías e interesado de tener, como decía hace poco, una rica variedad de flores, y quiere que superemos la limitación de un estúpido dogmatismo. Por otro lado, naturalmente, hay fuertes objecciones contra el principio “todo vale”. Si algo vale, no hay ninguna razón por la cual se deba investigar mejores alternativas. El resultado podría ser el dominio de una absoluta mediocridad aceptada por todos, sin ninguna investigación de alternativas. En este caso, obviamente, no habría nuevas teorías. Y, si aceptáramos la afirmación también en la práxis, seguiría que no habría ninguna diferencia entre aquello que es moralmente legítimo y aquello que no lo es. Ahora, la pregunta que le hago es la siguiente: cuando leo su libro por primera vez probablemente su afirmación me irrita pero, después, releyéndolo por segunda vez, pienso que debería asumir la afirmación e interpretarla en el sentido de lo que usted ha llamado “dadaísmo intelectual”. Es decir, significa que no solo no deberíamos tomar en serio todo aquello que los viejos profesores de la antigua teoría de la ciencia han escrito sino tampoco tomar en serio su (de usted) afirmación; y que esto también acepta la autocancelación de “todo vale”, y que con esta afirmación usted quería evidentemente sacudir el terco dogmatismo pero no desarrollar a su vez una posición dogmáticamente relativista. [Feyerabend] No no… déjame comenzar desde un lugar totalmente distinto. Déjame ilustrar la situación política actual. En todas partes del mundo la gente muere, es atropellada, tiroteada, por hambre. No tiene medicinas suficientes, muere por enfermedades, no tiene suficiente agua potable. Podrá existir también el que diga: nosotros no podemos interferir, esta es una cultura existente y no debemos tocar las culturas que han seguido una historia diferente. A este modo de pensar yo digo decididamente NO. Donde hay miseria debe haber una interferencia, a veces una interferencia casi bélica. Pienso que los límites están cuando la gente comienza a sufrir, ahí es cuando se piensa cómo debe ser pergeñada la interferencia. Uno de los tipos de relativismo que yo no sostengo es que hay culturas diferentes y que cada cultura es una auténtica entidad sostenida a la cuál nos podemos acercar con reverencia pero nunca con violencia. Este es un principio extremadamente peligroso. También en un país como los Estados Unidos, cuando hay peligro para los individuos y hay sufrimiento, se debe intervenir de cualquier forma porque está inmerso un valor básico: el bien estar de los seres humanos, por lo que respecta a la comida, las medicinas, la paz, etcétera. El principio de que “todo vale” quiere encontrar aplicaciones sólo en el interior de las ciencias, no en general. Pensemos en un científico que se tome muy en serio ciertos problemas y que quiera resolverlos. No se puede decir anticipadamente qué aproximación funcionará. ¿Funcionará en el momento en el que se siga un experimento muy riguroso o funcionará en el momento en el que se haga una conjetura vaga y se proceda en base a ella? No se puede establecer con anticipación. —  Bueno, déjame comenzar en otros términos, no desde la ciencia, es decir, desde el hecho de que existe una visión de las cosas sostenida por antropólogos desde hace mucho tiempo (especialmente por aquellos convencidos de hacer investigaciones objetivas) según la cuál las culturas son, más o menos, entidades estables, que tienen un valor en sí mismas.

Aquí tenemos a los que una y otra vez han sufrido las intrusiones de la civilización occidental en varias regiones, que muy de vez en cuando han provocado daños peores… Sostengo que debemos respetar las culturas, que no podemos interferir con ellas. Pienso que hay un límite como este. Un límite señalado por el sufrimiento humano. Hoy en día hay mucho sufrimiento provocado por la guerra, por la insuficiencia alimentaria, por la carencia de medicinas, de la falta de soluciones por parte de aquellos líderes que no representan la cultura y que, en vez de eso, son tiranos ávidos de poder, etcétera. Y aquí, a mi parecer, se encuentra el lugar donde la interferencia debe actuar más deprisa. No se puede aceptar que alguien diga: es una cultura diferente, se matan entre ellos a su manera. No. Creo que, sobre este aspecto, la humanidad es una sola y, por tanto, el sufrimiento debe ser eliminado.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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