Escritor conformista, escritor emprendedor

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No te conformes con tu editor ni con tu editorial. El conformismo es el pecado del escritor.
Hay muchos tipos de conformismo y el peor es el primitivista. Un escritor puede ser en principio primitivista pero si quiere que le lean va a tener que usar otras estrategias.

No te conformes. Pero no es un conformismo del tipo agradable, propio de la monotonía de una vida pausada y predecible lo que hay que evitar, sino el conformismo ante el mundo real.

El mundo cambia. Puedes aprovechar el cambio o dejarlo pasar. Si eliges la segunda opción, entonces, el mundo pasará de ti.

“Llevo trabajando toda mi vida aquí [empresa que hace cd’s de música] y ahora me despiden, como soy mayor ya no puedo hacer ningún otro trabajo porque hay jóvenes mucho mejor preparados que yo”.

¿De quién es aquí la culpa? El empresario no está en la obligación de hacer que cada trabajador se acostumbre a las nuevas aventuras tecnológicas en relación a los formatos musicales, el empresario tiene otras obligaciones que no apuntaré aquí…

¿Qué obligación tiene la trabajadora? Unos dicen “reciclarse”, pero me suena feísimo. Reciclarse es dejar de ser lo que se era para convertirse en algo totalmente nuevo producto de las cenizas. Esas cenizas son el problema.

Nos desdibuja el progreso tecnológico. No podemos acumular un saber y la experiencia deja de ser un grado.  No tenemos la culpa ni la posibilidad de cambiar porque la primera no es achacable a nosotros y la segunda es una tarea demasiado exigente.

Es un dolor de cabeza leer a señores como Enrique Dans. No por ellos como personas sino por sus enfoques sobre los temas. Hay siempre en sus escritos una suerte de endiosamiento del cambio tecnológico y asunción acrítica de sus consecuencias. Tampoco es eso. A lo que me refiero es a esa especie de feliz intuición que me lleva a pensar que son pensamientos poco trabajados, hechos a la marcha, sin ningún tipo de principios por detrás.

En epistemología hay dos maneras de ver la montaña gigantesca del conocimiento. Es una montaña que vemos claramente pero que no sabemos cómo está dispuesta. ¿Se confunde con un iceberg? Se confunde consigo misma, en realidad. Hay dos maneras, digo, de ver el conocimiento, y una de ellas es la que sostiene que hay una base rígida sobre la que construir todo conocimiento ulterior. Otra manera es la que dice que todo está conectado y que, si algo falla, al igual que un barco en plena mar, hay que reconstruirlo, con los mismos materiales, sin acción externa, sobre la marcha.

Se hunde el barco de Enrique Dans que, sin saberlo, piensa de esta manera: el conocimiento es un barco que hemos de ir salvando de hundirse conforme el progreso va llegando en forma de maremotos y olas gigantescas.

Pero no se hunde porque necesite volver al astillero, donde encontrar sostén y a unos buenos mecánicos que lo arreglen cueste el tiempo que cueste, alejados del peligro. Se hunde por algo más que no logro entender…

Estoy entre la dicotomía que os acabo de exponer. No entiendo qué ocurre en la crítica ni en la ciencia aunque, desde luego, parecen funcionar ambas simultáneamente. Por un lado te encontrarás a los que sostengan que los autores merecen cobrar por todo lo que escriben como así ha ocurrido hasta el día de hoy y, por otro, aparecerán los que te digan que han de reinventarse y buscar nuevos modelos de dar salida a su obra.

No quiero decir que todo escritor deba dedicarse al marketing pero sí que parece ser, hasta cierto punto, necesario. Internet está lleno de basura y, ni sabiendo buscar, podemos sacar algo bueno.
Ahí está también mi afición por los clásicos que, lejos de ser un comentario de cultureta pedante, es un acto de la más pura economía. Si la criba del tiempo (una de las más eficaces) ha hecho que esta obra siga siendo importante hoy en día… algo tendrá. En cambio no puedo decir lo mismo de libros sacados al mercado hace meses o años, me cuesta abrirlos aunque sean tan refrescantes por hablar de mi presente y de los temas que me importan (en sentido ejemplar, no en sentido de principios). El ejemplo y el principio. El ejemplo aparece en las canciones de rap, en los libros de los gurús actuales… el ejemplo caduca a los diez años. El principio dura más pero es más costoso y da menos respuestas a la tendencia del presente.

¡Qué dilema!

Sólo te quería decir, escritor, que no te conformes. Seas del modelo que seas, no te conformes. Busca en tus principios e intenta explotarlos lo máximo posible. Y si no tienes principios, si vives en el más puro presente, entonces te recomiendo parar un poco el carro y ver si esto te está llevando a algún lado.
Si eres de los que escribe para subsistir pues tendrás que ajustarte al canon que el mercado dicte…

El mercado siempre aparece, el muy cabrón.

Francisco Riveira
En Zaragoza, 30 de marzo de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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