Ética de discoteca

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-Y tú, ¿por qué vives?

-¿Yo…? Hmmm, ehhh… pues porque… hmmm… hmmm.

-¿No vives por nada? ¿No tienes ninguna meta? ¿No sabes decirme por qué estás ahora vivo y no muerto? ¿Quieres hacerme entender que no tienes ni un objetivo definido para con tu vida?

-Sí… pues, sí, bueno, para divertirme, supongo.

-¿Pero es acaso la diversión un fin en sí mismo? ¿No crees que debería haber algo más? Algo más profundo, algo verdaderamente tangible. La diversión queda hecha polvo cuando la has consumido lo suficiente. Dime ahora en serio, ¿nunca te has enamorado?

-Hmmm… no, me he encaprichado.

-No es encapricharse, enamorarse no es solo un capricho… no podemos hablar de capricho con personas, sería cosificarlas.

-Hmmm… eh, sólo he tenido caprichos. Nunca me he enamorado, ayer en la discoteca todo era capricho. Él me decía que qué asco de vida, que qué asco de grupo, que ni ganas tenía de tener novia, ¿para qué? Para qué tener una novia si se iba a repetir el mismo proceso una y otra vez? O el proceso que sigue todo el mundo:hijos y nietos y… fin. Dime qué ves en eso, es una estupidez extrema el tener hijos.

-Le doy toda la razón. No hay mucho más allá del pasárselo bien, lo demás es todo vacío, puro, o al menos todo lo puro que puede resultar el vacío. No hay sustancia, solo pasta, pasta de dientes, de menta, menta picante, con un poco de agua se va la menta, la pasta no se va, la pasta queda en tu boca. Los dientes se convierten en pasta, se te caen a trozos, se vuelven oscuros y al morder se desintegran. Luego llega la lengua, la lengua se transforma en un terrible bicho viviente y se vuelve pasta al intentar quitártelo de encima. Al ser parte de ti la tarea se vuelve imposible. La cabeza se pastifica y se cae… cae dando vueltas y gira sobre sí misma por el suelo, como un saco de harina, la harina es tu cerebro, el saco el cuero cabelludo, da vueltas desparramando sesos por el suelo y a partir de ahí. El cuerpo, el resto de tu integridad corporal se ve privada de su guía. Y cae, cae de rodillas, las rodillas se evaporan, los pies se vuelven también pasta… pero otro tipo de pasta, con asquerosos tropezones sólidos en las falanges. Todo se cae, se convierte en arena, se une al elemento tierra, adiós. Adiós cuerpo, adiós existencia, adiós al encuentro con la alegría que una noche puede darte.

Se acabó.

Francisco Riveira
En Logroño, España
25 de abril de 2010.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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