Frente a Rob Halford

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Este post es una secuela de este otro. Con mi vocabulario musical limitado he querido describir lo que fue el concierto musicalmente (vocalmente) hablando. Y aquí hablaré de los tres cantantes. Es un post de melómano, así que si no te interesa el heavy metal puede que no lo disfrutes tanto. Si te interesa algo la técnica vocal, quizá saques provecho de algunos comentarios que hago.

Rivas Vaciamadrid, 26 de julio de 2015. Auditorio Miguel Ríos. 19:00.

Me coloco a la derecha del escenario, apoyando mi antebrazo en la barrera protectora. Un borracho chileno viene y me dice algo sin sentido: que estoy en una posición como tomándome una copa, y que él quiere beber más. Le digo que vaya 50 metros en dirección contraria, donde encontrará un chiringuito en el que se sirve cerveza. Me sitúo a la derecha del nuevo amigo que he hecho, un tío de 39 años curtido en mil batallas metaleras. Enfrente mío, también apoyados en la barrera, hay una madre y un hijo, ambos vestidos al modo metalero. Su afición por los perritos calientes y la cerveza fría se hace patente durante toda la actuación de los primeros teloneros: Krokus.

El cantante de Krokus me impresiona. Me parece mejor que el de AC-DC. Hay un guitarrista que se parece a uno de mis profesores de ética en Estambul. No puedo quitarme esa imagen de la cabeza. No conozco ninguna canción y lo único que disfruto es su ritmo y algunos detalles vocales del cantante. Imagino que merece más atención de la que la mayoría del público le está prestando, yo incluido.

Llega Helloween. De esa banda sólo conozco a Kiske, y resulta que se fue hace más de una década. Como relevo está un cantante nuevo, rubio también, que vive en Tenerife. Se llama Andi. Chapurrea el castellano al principio. Al final su verborrea se hace pesada para algunos de los metalheads que me rodeaban. “¡Que dejes de hablar y cantes!”, ¡que venga Kiske!”, decía un metalero de unos 35 años. Este señor estuvo delante mío durante todo el concierto de Helloween, más ocupado de gestionar las cervezas que sus amigas le traían que de disfrutar del concierto. Ya a estas alturas me encontraba integrado en la masa semicircular que se encontraba frente al escenario. La capacidad de atención de la gente había aumentado. Creo que no tocaron “I want out”, que era la única que me sabía más o menos. El power metal me gusta, pero… he visto algún vídeo de estos señores y todo suena demasiado perfecto y limpio. Andi sonaba mejor en directo. El tío, un desparpajo… con cantantes así da gusto. A veces me pregunto por qué esta gente no sabe más idiomas. Andi, desde luego, sabe castellano e inglés. ¡Pero es que además es alemán! Si yo viajase tanto como lo hacen estos cantantes, me pensaría seriamente lo de aprender muchos idiomas. La gente lo agradece, sobre todo en países como España donde nuestro nivel intermedio de inglés se demuestra en que sólo sabemos los estribillos de sus canciones. Cantantes, aprended de Andi. Sascha me pareció un guitarrista espectacular.

Yo iba avanzando posiciones entre el público, aprovechando esas idas y venidas a por cerveza, o a mear.

Para el momento en que terminó Helloween y comenzaron a preparar el escenario de los Judas, yo ya estaba en tercera fila, justo enfrente de un atrio y del técnico de sonido. Con suerte, llegaría a la barrera, de nuevo, pero mucho más centrado.

Esperamos 30 minutos más. Comienza el concierto de los Judas. No me emociono tanto como cuando vi a Axl Rose por primera vez. Llega Rob Halford con gafas oscuras y un vestido de cuero con tachuelas. Una versión reducida (en peso) de su mastodóntico traje que le provocó problemas en la columna vertebral. El tío salió con su bastón. Más tarde me enteré de que, desde sus problemas, al comienzo de los conciertos hacía esa broma para dar sensación de viejales al público. Luego lo dejó apartado.

Dragonaut, una de su nuevo disco. El sonido estaba distorsionado y no se comenzó a escuchar bien hasta la segunda. Es una buena canción para calentar, si antes se ha calentado previamente. A Rob le gusta calentar con Nessun Dorma. A otros con Elvis. ¿Qué tendrá Elvis que siempre está ahí, año tras año, en la técnica de nuestros cantantes más auténticos?

Metal Gods, un himno. Esta canción es más ligera para su garganta. A pesar de eso, las frases son cortantes, impetuosas y requieren energía. Al ser proferidas en segmentos, la respiración se hace mucho más fácil. En los coros, como es obvio, hubo participación del público. Glenn Tipton intentaba animar un poco el cotarro, y hacía algunos coros. En general los guitarristas de Judas no hacen mucho por animar al público. Rob recibe absoluta atención, tenía al público en la mano.

Devil’s child. Con algunos cambios en el fraseo y una octava menos en las partes más agudas del cd, el resultado fue bastante resultón.

Victim of changes. Aquí la sincronización entre los guitarristas tiene  que ser perfecta, porque sus dos voces están entrelazadas. Tuvieron un pequeño error al principio. Lo achaco a la velocidad menor en los dedos de los guitarristas, ya señores con experiencia, veteranos, pero con menos reflejos y capacidad motora. La voz, espectacular. Eché en falta mayor dramatismo en el interludio, Rob no conmovió en este tema, que es un tema caramelo por lo clásico que es (tiene ya 40 años la cancioncita). Pero el resultado final fue muy resultón (como el concierto en general). Ya me gustaría a mí tener su edad y cantar con la mitad de pasión y conocimiento de la técnica que tiene él.

Halls of Valhalla. Sorprendente. No llegó a abusar de efectos de reverberación en las partes donde hay gritos. Los gritos eran sostenidos y teñidos de un rasgado pretendido por Halford. A mí personalmente no me gusta porque soy un enamorado de lo que fue su voz sobre los años 89, pero hay que reconocerle el mérito.

Beyond the realms of death. Una de mis canciones favoritas, por no decir la que más me gusta. Tanto la historia como las variaciones. Los agudos alcanzados en el estribillo. Halford comenzaba ya a estar algo cansado aquí pero físicamente, no vocalmente. Yo estaba entregado al concierto, por aquel entonces, y había conseguido la primera fila. Halford no tenía gafas. Tenía la raya del ojo negra, lo que le hacía tener una expresión algo más amenazadora (además de su aspecto a lo Walter White, calvo y con barba puntiaguda). En general se podría explicar su rango vocal por la capacidad craneal que tiene. La resonancia tiene que ser impresionante. Pero personas como yo, con cabezas menos grandes, también logramos resultados parecidos (menos redondos, eso sí) con cráneos menores. Lo que no llego a entender es cómo puede rasgar de esa manera aparentemente tan natural. En fin, lo tuve a dos metros. Cruzamos la mirada en varias ocasiones. Creo que era yo el que más cantaba de todos los que estaban a mi alrededor. Mi boca ya seca, porque se me había acabado todo el agua, pero seguía cantando. Nunca había sentido tal sequedad, pero algo tenía que ofrecer a una banda que me ha dado tanto y que, probablemente, no podré volver a ver en directo hasta dentro de mucho.

Hicieron otras canciones caramelo como Breaking the law o Hell bent for leather, con la mítica moto en medio del escenario.

En el primer Encore tocaron Electric Eye (la única versión de Judas Priest que yo he hecho en directo, donde me ecualizaron como el culo), y “You’ve got another thing comin”

Antes de ese Encore, calentó a lo Freddie Mercury. Nosotros repetimos. Al decir a un amigo que había visto a Judas Priest en directo me dijo, conocedor de mi afición por sus directos: ¿y te sabías todo lo que decía entre canciones también? Casi, pero los calentamientos improvisados para que el público los repitiese, los conocía de otros vídeos.

Es una estrategia inteligente. Para aquel momento, tras casi hora y media de concierto, el vocalista está pasando el punto crítico donde ya está cansado, le cuesta respirar más y sus cuerdas vocales (si no ha hecho nada por evitarlo) se comienzan a resentir. Lo mejor que se puede hacer en estos momentos es jugar esas malas cartas a tu favor y hacer que el público te ayude a calentar. En un calentamiento medio mercuriano y medio operístico, nos lo pasamos genial todos y todas las del público.

¿What do you want us to play now?

PAINKILLER!

Y ahí vi el esfuerzo que era, para Halford, hacer un concierto así e intentar plasmar lo que fue un tiempo atrás. No estoy diciendo que, como cantante en términos generales, haya perdido carisma o potencia, todo lo contrario. Pero canciones como Painkiller están hechas pensando en una grabación en estudio, no para tocar en directo, y menos con 65 años. Lo mismo le ha pasado a Axl Rose con canciones como “Coma”, que ya es del todo imposible que sea capaz de interpretarlas en directo.

Al final de la canción, Halford estaba arrodillado en el suelo, sudando a mares y pegando los últimos gritos de Painkiller. La gente le vitoreaba. Yo no me esperaba que tocasen esa canción. El esfuerzo que vi que Halford hacía no parecía impostado. El sudor no se puede inventar y la respiración forzada es difícil de falsear: respiración y cansancio físico eran patentes, a dos metros de mí como él estaba. Jamás se me borrará esa imagen de la cabeza.

El metal es lo que tiene. Hay que darlo todo, máxime sabiendo que el público es agradecido. El público de Madrid fue poco participativo pero muy agradecido con el esfuerzo de toda la banda. No faltaron los “el tío es un bestia”, “es el puto dios del metal”, “¿pero tú has escuchado cómo ha cantado esa canción?, ¡es increíble!”.

Living after midnight. Justo a medianoche. Se despidieron. El batería, escondido detrás de toda su vajilla, acabó por tirar varias baquetas al público. Adivinad quién cogió una de ellas.

Ahora la contemplo y pienso que ha formado parte de una interpretación de canciones que llevo cantando y escuchando desde que tengo 20 años, que ha sido la que ha batido nuestros oídos durante hora y media, formando parte de un conjunto de canciones que son, sin duda, clásicos del heavy metal e incluso de la música universal. La voz, personalidad y vida de los integrantes de los Judas Priest, especialmente la de Rob Halford, merecen una biografía y un estudio detallados que, creo, no se ha hecho aún.

Gracias por leer.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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