Hacia Alemania sin billete de vuelta – Presente y futuro

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De mi anterior post parece desprenderse que yo me voy a Alemania porque amo su cultura y que, en realidad, comenzar a vivir ahí es un regalo para mi espíritu e inteligencia. Esto es totalmente cierto, pero no quiero perder la perspectiva de que también voy ahí a trabajar, como mano de obra barata, en algún minijob o trabajo que me permita ganarme la vida mientras adquiero el suficiente nivel de alemán, e intento mejorar. He sabido en las últimas semanas que Berlín es la ciudad “cool” de Europa y que, por ende, está llena de cools que van a probar suerte, a la disco, a fumarse toda la droga que su presupuesto les permita, y a jalear como solo los españoles sabemos hacer. Bueno, no soy nadie para juzgar, pero yo no voy en ese plan. Voy con el perfil bajo (como dicen en Argentina), voy conociendo cómo es un alemán y cómo es el país y, sobre todo, voy sabiendo que nada de lo que ha ocurrido en los últimos 25 años de vida va a ser valorado ahí en primera instancia. Me causa sorpresa conocer que muchos españoles que emigran a ese país comienzan desde el primer día enviando currículums exclusivamente a empresas sobre aquello para lo que han estudiado y, como se cierran al resto de trabajos para los que no se requiere cualificación, obtienen el mismo ratio de negativas que en España. En mi caso, sé a lo que voy.

Y he terminado la carrera, grado + máster. Ahora es cuando se ha de decidir qué hacer con la vida, ya que todo depende de uno mismo, y no de un plan de estudios. En una semana presento mi TFM en público ante un tribunal y pasaré a tener los títulos suficientes como para entrar en un doctorado. El doctorado es, como todos sabéis, el grado universitario máximo.

En este año he podido descubrir qué parte de la filosofía es la que más me apasiona. Dentro de la filosofía de la ciencia, he encontrado un pequeño territorio no tan explorado como debiera, conocido como la retórica de la ciencia. Este “campo de conocimiento”, que se ha definido como auxiliar y transversal, es capaz de analizar los textos científicos bajo la perspectiva de la retórica, a través de un análisis de los argumentos y demás fórmulas persuasivas. Es un campo estrechamente relacionado con la sociología de la ciencia, con la literatura comparada, con la filosofía de la ciencia e incluso con los desarrollos más contemporáneos en ciencias especulativas como la física teórica. De algunos de estos temas trata mi TFM.

Hasta ahí he llegado, aunque me gustaría coger las riendas y ser yo el que aporte algo al campo. Para eso están hechos los doctorados. Podría comenzar en septiembre, pero eso va a quedar en stand-by.

Aquí llega la parte más difícil de este post:

No me gusta España. Me siento cómodo, pero no tanto. Sé lo que es vivir en otros países, y aquí hay cosas que no puedo obtener. Me gusta no saber qué va a ocurrir al día siguiente, me gusta salir de mi zona de confort y me gusta vivir en otras culturas. Esto de vivir en otras culturas suele ser, casi siempre, un mantra sin sentido, propio de pedantes ilustrados entre los que yo, quizá, me encuentre. Sin embargo, creo que esa frase tiene algo de profundidad y de realidad en mi caso. Tal y como he expuse ayer, me siento algo alemán.

No me gusta España. Me aburren los temas de siempre, no es bueno para la salud mental de nadie el estar constantemente ametrallados por tertulianos políticos. No soportaría ser periodista político, iría en contra de mi sensibilidad. El nivel de este país, en algunas cosas, deja mucho que desear. Hay cosas que uno no puede cambiar, o que directamente uno no quiere cambiar. Todos tenemos la capacidad de cambiar hasta cierto punto nuestro entorno. Pero hay algo de lo que no cabe ninguna duda: nosotros sí que podemos cambiar de entorno.

Tengo la oportunidad de emigrar a Alemania y lo voy a hacer. Probablemente sea este el único tren que pase por delante de mi puerta y quiero cogerlo y ver hasta dónde me lleva. Mi idea es marchar a Alemania, a Berlín, a mediados del mes de septiembre. Voy a ir para aprender alemán intensivamente durante al menos dos o tres meses, para después intentar encontrar un trabajo (aunque no sea en Berlín). Soy más que consciente de que el paro en Berlín es algo más alto que en otras regiones del país. Pero, así y todo, el paro en Berlín es la mitad de la mitad (para jóvenes) que en cualquier región española. Tengo la oportunidad, y la voy a aprovechar. Mi intención es aprender el idioma, estabilizar mi situación económica en el país, conseguir el DSH (certificado de idiomas que me habilita para estudiar en una universidad) y aplicar a un departamento de doctorado en la mejor universidad del país sobre mi objeto de estudio. Para alcanzar esto puede que pasen dos o tres años, pero de lo que no cabe duda es de que ahí tendré muchas más posibilidades que en este país para llevar a cabo mis metas.

Recuerdo la ilusión que me hizo saber que iba a estudiar en Estambul. Una ciudad como esa, de unos quince millones y pico de habitantes, es abrumadora. Cada rincón tiene algo que ofrecer y, como suele pasar con lo que abruma, es imposible de conocer en toda su complejidad. Me da la sensación, a toro pasado, de que he explorado un 5% de Estambul. Creo que he aprovechado mi tiempo como estudiante de filosofía un 5%, y también me da la sensación de que ocurrirá lo mismo en Alemania. Sin embargo, es muy diferente ir a un lugar pensando que hay que volver al país de origen (para presentar un trabajo, o para terminar la carrera), que pensando que hay que montar una vida ahí. En Estambul conocí a decenas de personas y, de haberlo deseado y buscado, habría encontrado trabajo en cualquier lugar. De haberlo deseado, me habría instalado en un barrio distinto del primero, para así haber hecho una vida más centrada en prosperar que centrada en estudiar y en disfrutar de viajes y de caprichos (a coste cero, a costa de la beca, de mi trabajo en el verano anterior y de mi estupenda madre). En este caso, me da otra sensación. Creo que voy a ser capaz de aprovechar las oportunidades de otra manera, ya que absolutamente todo lo que pueda aprovechar, será en mi beneficio personal y para mi propio bienestar físico y mental. Toda persona que conozca, todo dinero que gane, irá destinado en primer lugar a mi propia subsistencia. Los presupuestos estarán conformados para aprovechar hasta el último euro, y no para descubrir qué viaje sale más barato en enero, o qué videojuego está más rebajado en los chollos de Steam. Alemania es un país que, como los Estados Unidos allende los mares, está esperando al trabajador que humildemente busca prosperar y, con perfil bajo y buena disposición, adecuarse al ambiente cultural, integrarse y aportar cultural y económicamente (para qué nos vamos a engañar).

Esto es lo último que escribiré sobre el asunto, al menos hasta mediados de septiembre, cuando me encuentre instalado en esa región.

Un saludo.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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