Horizontalidad asamblearia

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No basta con autodenominarse “x” para por arte de magia transformarse en ello.
Lo cierto es que, por muy buenas intenciones que se tengan y aun habiendo dado todos los pasos necesarios para alcanzar ese objetivo nos vamos a dar de bruces siempre con la realidad: del dicho al hecho hay un largo…

Algo que me disgusta sobremanera es la voluntad de horizontalidad en las asambleas que desde el 15-M estamos viendo surgir (algunos más de cerca que otros). La intención, dicen algunos, es que cada ciudadano pueda expresarse en público y así conformar una suerte de ideario que sea afín a todo el mundo y desde el cual se pueda plantear un proyecto ulterior más granado y fuerte.
Me disgusta no ya por la intención, una intención noble, democrática y, claro está, muy sana… no por eso, sino por la imposibilidad y la casi seguridad de caer en la frase que alguien dijo:

“En una asamblea con mayor número de tontos, se alcanzarán conclusiones más tontas aún”.
Dicen que la totalidad es mayor que la suma de las partes, en ese caso está claro que lo es.
También añado yo que la forma de evitar esa tontería quintaesenciada es la educación, pero esto ya es otro tema y no seguiré yo viviendo en este país cuando se arregle (ni en ningún otro, ni los que me están leyendo, vistas cómo funcionan las cosas).

Pero pongamos que son todos igual de listos, todos con la misma capacidad intelectual, inteligencia social, emocional… etc…. todos tienen un nivel igual de estudios y suelen leer libros donde complementar sus visiones y aprender de ejemplos históricos.

Pues bien, incluso en una asamblea como esta (y creo que con más facilidad) la horizontalidad se perderá: “En una asamblea con mayor número de inteligentes, habrá quien tome la voz cantante y rompa el ritmo: lo disminuya o -situación óptima- lo acelere”.

Puede que el resto acuse esa aceleración y es ahí cuando muchas personas dejan la asamblea, puede que el resto visualice que los que toman la voz cantante están desarrollando un discurso simplista y repetitivo y pasen de volver a la asamblea tan horizontal.

Por descontado está que aquí ya no tendríamos una asamblea… la cabeza visible de la misma serían estos autoproclamados líderes y desde el exterior lo único significativo serían ellos mismos.

No es moco de pavo. Las organizaciones necesitan portavoces, necesitan que alguien escriba el ideario… ¿cuántos años costaría, a través de constantes asambleas semanales, elaborar un panfleto que recogiese las inquietudes de absolutamente todos los pertenecientes a la asamblea?.

La aquiescencia del resto de la asamblea impide una rebelión descodificada hacia el “líder”, este no ha dicho explícitamente que lo es, pero todo el mundo lo sabe… a él se dirigen, a él obedecen, ¿cómo demonios van a rebelarse en contra suya?.

No existe portavoz en el mundo que no aporte gran parte de su subjetividad en el discurso hablado o escrito.

Y esto es un problema para las asambleas.

En Logroño, a 25 de enero de 2012.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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