Ideologías perezosas

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Vuestra realización es excelente pero eso no me sirve.
Y dale con lo que no me sirve. Pero es que creo que es importante, que puede dar algo de luz sobre algunos eventos de la vida diaria internacional, aunque sea muy poca.

Dicen que vuestra realización es magnífica, como en el programa de hace varias semanas donde dabais la sensación de destapar la mayor trama de la historia de este país norteafricano, monarquía bananera. Yo digo que sí, pero que no es suficiente.

Qué tristes son esos análisis de la claridad de vuestros banners en internet, de la luminosidad y correcta disposición de los elementos informáticos en vuestros platós, de los enfoques de cámara, del gran sonido 5.1 que conseguís usando micrófonos hi-fi. Son tristes porque son igual de superficiales que el contenido de vuestros programas.

No niego que encuentro mucho placer en ver la Sexta. Es una cadena que se ha ido haciendo a sí misma poco a poco y ha conseguido ponerse al nivel e incluso superar el de otras privadas o públicas. Ha dado respuesta a una pretendida demanda de la población por una cadena de izquierdas en algún modo contraria a los puntos más superficialmente conflictivos del sistema neoliberal, capitalista y parlamentarista. Está de más aquí hablar de los intereses subrepticios y de los lobbies económicos que subyacen a toda cadena de televisión porque partiendo de esto negamos la mayor y no es cuestión, si no no hay debate.

Partiendo de que Jordi Évole sea de verdad un periodista serio, que busque la versión objetiva de lo que está reportando y que se crea que esa es su intención; digo, partiendo de ahí, es justo pensar que si su intención es buena su programa va a ser, por tanto, bueno. Ojo, no quiero menospreciar al resto de personas que crean Salvados para que lo podamos ver todos los domingos, el asunto es que en televisión siempre necesitamos figuras clasificables, asumibles como cercanas, cuyo discurso parta desde nuestras inquietudes y cuyas respuestas y soluciones sean fácilmente comprensibles por el pueblo llano e inculto (cuya incultura no es achacable, desde luego, a su propia voluntad; esto, más que una expresión clasista, es una constatación del desenlace de la lucha de clases).

Hoy he visto el Salvados sobre los subsaharianos que intentan entrar en nuestro país para poder beber agua potable, comer algo en buen estado y poder hacer su vida.

Como este discurso de crearse a sí mismo, del camino hacia el estrellato y el éxito económico es algo que detesto, me gustaría no caer en este pequeño análisis en todas esas consecuencias funestas de lo que venimos denunciando desde hace años.

Hay algo muy fundamental en estas personas: vienen a por la parte inferior de la pirámide de Maslow. Esto es tan grotesco que no podemos ver la tele sin que nuestros sentimientos surjan producto de una empatía que me gusta ver, porque es una empatía sincera y antifascista y antirracista.  Prefiero que se vea al negro (como, desde luego, se ve) como un muñeco de peluche que ha sorteado mil desventuras, ha andado durante meses o años por todo el desierto, ha perdido seres queridos… que como a un criminal que viene a quitarnos el pan.

Intuyo que aquí hemos ganado unas cuantas posiciones en el asunto del racismo pero… ¿qué ocurre cuando llegan a España? Sigo viendo a gente que se aprieta más los bolsillos cuando se cruzan con un negro, señoras que lloran con la tele pero que se cambian de acera ante el negro que va a vender gafas a los chavales de botellón.

Eso ni siquiera es consciente, es una consecuencia de un discurso ya clavado como Jesucristo en la cruz en la cabeza de muchas personas. Quiero ver la consecuencia de estas llegadas de africanos a nuestras fronteras, la consecuencia en la ideología… en nuestra ideología intuitiva, en lo que gente como Pablo Iglesias dicen que es el sentido común.

Bueno, ¿pero qué ocurre con las consecuencias estructurales? Perdón, ¿qué hace la estructura para que esto siga ocurriendo? Es algo tan básico y tan denunciado que parece disolverse. El problema gravísimo del discurso marxista es que no ha sabido ir a la moda, al igual que el discurso del cristianismo… como los papas Pío VI y VII, se decía que el primero, “per conservar la fede” perdió la sede; y el otro, “per conservare la sede”, perdió la fede. Por querer conservar el malavenido discurso marxista tal y como era hace siglo y medio, como si se tratase de una colección de mariposas disecadas, se ha perdido el ajuste temporal… y ahora es un discurso poco atractivo, poco refrescante, poco incisivo.

Pero yo creo que su validez es indiscutible. Eso sí, aunque tengamos que vestir a la mona de seda, mona se quedará… y es un discurso doloroso, añejo y repetitivo. Me temo que hablar más sobre lo mismo será hacer llover sobre mojado así que me comprometo a no dar vueltas sobre la misma cuestión, cosa que ya he hecho en este blog con mi crítica a Stalin, al propio Engels y, por descontado, a  Marx. Críticas, por otro lado, producto de intuiciones y lecturas a sus hijos teóricos que, quizá, eran tanto o más críticos con el marxismo que como les gustaría reconocer a los militantes hoy en día.

No creo que, sin un cambio radical en las estructuras económicas y políticas internacionales, seamos capaces de solucionar este problema a largo plazo. Es un asunto a largo plazo y si se ha podido construir Las  Vegas es posible convertir a África en un continente autosostenible, que es, entre otras cosas, lo que se busca. Los caudillos locales son malas hierbas que tienden a salir en todas las sociedades que están enfermas desde la casilla de partida pero realmente no son ellos el problema. Tampoco son las ayudas internacionales, ni la iglesia, ni los voluntarios que amorosamente van a dar sus vidas por los más desfavorecidos del planeta.

Qué pena que exista tanto debate sobre estas consecuencias y tan poca reflexión sobre los sistemas y estructuras que las propician.

Qué pena (y qué trabajo de sísifos desgraciados nos toca) que estructuras y sistemas fagociten discursos como este, hors-la-loi, como los anuncios de Movistar hicieron con las asambleas del quince eme.

Un saludo.

Francisco Riveira.

En Zaragoza, 7 de abril de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

1 comentarioDeja tu comentario

  • ¿Convertir a África en un continente autosostenible es lo que se busca? ¿Quién lo busca? ¿Es posible el autosostenimiento? ¿Es posible de igual forma a como el barón de Münchhausen tiraba de sus propios cabellos para (auto)sacarse del lodazal? ¿Quién tiene potencia suficiente como para sostenerse sólo a través de si mismo? ¿Las Vegas es autosostenible? ¿Puede sostenerse al tiempo África y Las Vegas? ¿Es África una unidad política? Si lo es, ¿cómo se (auto)sostiene tal unidad? Si no lo es, ¿cómo se puede hablar de que se sostenga? ¿No es sostenida Las Vegas por el Imperio (AKA Estados Unidos)? ¿No es África una biocenosis de estados (o pseudoestados) que se sostienen unos frente a otros y contra los que chocan terceros que no forman parte de tal África (más que en su aprovechamiento: China, India, Brasil, USA, Rusia, Alemania, Francia, Reino Unido, &c.)?

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