Integración del feminismo en las ciencias sociales – Segunda parte

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Critico este monográfico llamado “Investigación educativa y crítica feminista”.

El feminismo no es una ciencia. El feminismo es una corriente intelectual, una ideología,  un principio sobre el que hacer activismo. Por su adecuación a la realidad de la mitad de la población es necesario enfocar muchos aspectos de la vida real en sus principios. Hay algunos principios del feminismo que se malentienden por personas poco instruidas, o directamente con mala intención (como Pérez Reverte, o los machirulos que crearon términos del tipo “feminazi”, etcétera). No me suelo relacionar con esa basura intelectual y me da mucha rabia compartir planeta con gente así de obtusa. A pesar de eso, sé que no es su culpa, que si son machistas es porque la sociedad en general es machista.

No pongo la mano en el fuego por nadie, ni por teóricos ni por teóricas, ni por países (aunque tenga que, por algún tipo de postureo no escrito, creerme la hermandad entre los europeos, al ser futuro estudiante Erasmus…), ni por pueblos, ni por corrientes de pensamiento… Suficiente hago publicando mis simpatías por el movimiento y teorías anarquistas, o por el socialismo en general.

Creo que muchas de las críticas que se hacen al feminismo no son otra cosa que ataques velados a las feministas. Temo que este post y el anterior se vean como algo parecido. Las ciencias sociales son muy atrevidas y, casi siempre que dan una visión del mundo, lo hacen de manera subjetiva, por muchas matemáticas o estudios interdisciplinares que aparezcan sosteniendo los resultados.

Así que quiero iniciar este post dejando bien claro que, al igual que hablo aquí de feminismo, podría estar hablando de que una corriente del decrecimiento no puede pretender que la economía funcione según sus principios, al igual que los anarquistas no podemos pretender que el debate público sea favorable a nuestras ideas fundamentales, o que en las facultades se hable de una política que no pase necesariamente por la asunción del Estado como “ens maximum”.

Comento ese monográfico, repito, y voy a desmenuzar a continuación sus conclusiones principales.
Para ello comentaré su gráfico:

Las feministas ya están acostumbradas a esta crítica. No es nada nuevo. Simone de Beauvoir ya nos instruyó acerca de cómo lo masculino es, en nuestra sociedad machista, inseparable de lo universal. Esa puesta al mismo nivel de lo universal y de lo masculino hace que las mujeres pasen a un segundo plano y que ellas, como personas, o como científicas y trabajadoras, sean ninguneadas. Simone escribía algo así: “lo que digo no lo digo porque sea mujer, lo digo porque es verdad”.
La verdad es muy problemática. De hecho creo que el principal problema de toda buena teoría filosófica sobre la ciencia es aclarar qué entendemos como verdad científica. Como vemos, en este ensayo se intenta rondar la cuestión desde múltiples ámbitos. Ninguno de ellos parece sostenerse por sí mismo, sino que necesita a los demás. A pesar de todo, como digo, no me convence esa crítica a la ciencia desde el feminismo. El feminismo tiene un “librillo” y a partir de él, como con la cuestión del masculino-universal, se critica toda institución de la que se sospeche que sea patriarcal. Puede que en el resto de instituciones sí haya algo de cierto en esto pero… ¿es la ciencia una institución machista?
Feyerabend, en sus memorias (Matando el tiempo, 141), nos cuenta cómo un buen día recibió críticas de una feminista llamada Hilary Rose, os dejo aquí la cita de la crítica:
“Cualquier lector de Feyerabend debe comprender que su prescripción filosófica de “todo vale” (anything goes) está profundamente vinculada a su impúdica concepción sexista de una nueva teoría como una fascinante cortesana cuyo único fin es su delectación. […] Huelga decir que el “tú” que “puede hacer todo lo que le plazca” es profundamente sexuado. Nadie podría considerar por un momento que las mujeres estuvieran invitadas a hacer todo lo que nos guste”.
Y responde Feyerabend:
“En fin, estoy acostumbrado a comentarios extraños, pero es indudable que éste se llevaba la palma. “¿Estará chiflada esta mujer?”, exclamé cuando leí este pasaje. “¿De dónde demonios habrá sacado la idea de que Tratado contra el método es sólo para machos, e incluso “profundamente”?
Hay como una obsesión por ver fantasmas donde no los hay. Quizá haya tantos y en tantos lugares que ya, por pura inercia, se ven en cualquier ámbito.
Voy a comentar directamente punto por punto lo que propone Pilar Colás en su monográfico. Procuraré no extenderme:
CREACIÓN Y USO DE LA CIENCIA
(Críticas:
-Interpretación del mundo de forma binaria y jerárquica: El mundo social se ha interpretado de manera binaria y, ante todo, jerárquica. No siempre ha sido así, por supuesto, pero parece que la crítica feminista (de dos siglos de vigencia) ha tenido casi siempre el mismo escenario y las mismas disposiciones, así que este axioma sigue siendo válido. Una vez afirmada la mayor, ¿qué decir? Que la ciencia no interpreta el mundo, lo comprende. La ciencia social quizá se valga mucho de interpretación y de explicación, pero la ciencia natural sobre todo juega con las cartas de la comprensión. EXPLICAR y, por otro lado, COMPRENDER. Esta teórica no ha partido de esta separación que es tan común dentro de la filosofía de la ciencia. No necesitamos explicar qué es un átomo, o cuál es la naturaleza del tiempo (como pseudo-filósofos como Hawkins intentaron años atrás), nos basta con comprender cómo funcionan. La ciencia natural es, por tanto, una luchadora incansable por la búsqueda de la mejor explicación de los fenómenos, no siendo indispensable su comprensión. Sigo la teoría de Dilthey, quizá un poco anticuada, pero la veo más que válida hoy en día. El que quiera rebatir esto tiene los comentarios abiertos.
-La ciencia regulada por valores capitalistas y patriarcales: La ciencia se malentiende en esta afirmación. La ciencia no se regula por nadie salvo por sí misma. Soy el primero que dice que, de no haber dinero (capitalismo) no habría ciencia. Pero que una cosa surja después de otra no significa que sea causa de esta, es la común falacia “post hoc ergo propter hoc”. Si la ciencia no se regula más que por sí misma (la comunidad científica, si preferís) entonces no podemos afirmar cabalmente que el capitalismo la regula. También había ciencia cuando no había capitalismo, y también la ciencia funciona de la misma manera la hagan hombres o mujeres.


-Esencialismo: discriminación de la mujer en la estructura de la ciencia: La ciencia no discrimina, quizá los que discriminan son los que van conformando una estructura patriarcal que hace que una minoría de mujeres se sienta atraída por el conocimiento científico natural. Id a una facultad de ingeniería y lo comprobaréis por vosotros mismos. Eso es cierto, pero cuando aquí se habla de estructura de la ciencia, a no ser que no se tenga ni la menor idea de la cuestión tratada (o tratar a la ciencia como si fuese una institución política), se está hablando de la estructuración intrínseca de la misma. Esta estructuración no entiende de géneros, pues es una estructuración principalmente objetiva, habida cuenta de que la realidad (naturaleza) no entiende de discriminaciones por sexo, género o etnia. Si la realidad obliga a determinada ciencia a estructurarse de acuerdo a unos patrones, esta estructuración se estará haciendo porque así lo requiere el guión, no por una mano invisible con la intención subrepticia de volver a la ciencia un ente machista más. No seamos infantiles.
-La ciencia está marcada por su propia ideología y sistema de justificación: Este punto es más discutible. Como veis, yo no me muevo de la ciencia natural. Aquí ni siquiera se tiene la decencia de diferenciar entre ciencia natural o ciencia social, como si ambos universos de conocimiento (por no decir campos) tuviesen algún tipo de relación entre sí. Puede que haya puntos en común, pero nunca podremos decir que una ciencia natural tiene una ideología. Como decimos, las ciencias naturales obedecen a otro tipo de necesidades (desencarnadas y desideologizadas). Respecto a que la ciencia está marcada por su propio sistema de justificación, eso sí que es cierto. Aunque este sistema de justificación cambie durante el tiempo, la ciencia no se puede desprender de él sin rendir cuentas a un tribunal interno: la propia comunidad científica.

Alternativas:

Estas alternativas pecan de varias cosas: desinformación con respecto al funcionamiento real de las ciencias tanto naturales como sociales,  utilización de un lenguaje desgastado del tipo “incorporar valores” o “reconocimiento de la parcialidad”, más propios de un posmodernismo trasnochado que de una descripción realista de lo que de verdad ocurre, etcétera.

-Reconocimiento de las formas de identidad y de experiencia en la formación del conocimiento: A la hora de formar conocimiento, al menos el conocimiento científico natural, no nos vale la mera experiencia, pues esta puede ser cotejada por un revisor externo y ser, por tanto, falsada. Tampoco entiendo muy bien a qué se refiere con esta alternativa…
-Incorporación de valores excluidos de la producción predominante de la ciencia: La ciencia, repito, no entiende de valores. Los valores son propios de los discursos teñidos de propuestas éticas. Si se pretende (como ella pretende) un nuevo modo de hacer ciencia se correrá el riesgo de meterse donde a uno no le han llamado. ¿Desde cuándo los científicos obedecen a agentes ideológicos externos? ¿Desde cuándo alguien se puede arrogar la capacidad de decir a un científico cómo actuar o qué metodología usar?
-Necesidad de “ver”, conocer desde el punto de vista que no sea el propio: La ciencia no conoce desde ningún punto de vista. El perspectivismo es más propio de las ciencias sociales que de las naturales y, aun así, esta tendencia va in crescendo: cada vez más los discursos en las ciencias sociales se someten a tribunales externos que determinan si tienen algún tipo de interés o si se han hecho desde un punto de vista sesgado.
-Intervención directa en la producción de la ciencia y la tecnología y en la creación epistemológica: Esto es una imposibilidad tanto teórica como práctica. La producción científica no puede depender de una intervención directa del feminismo, pues no se debe a ella. Sí que se debe, por otro lado, a la metodología que se ha demostrado como útil (después de décadas de investigación). La ciencia no puede ser intervenida, tiene que recibir todo tipo de apoyo, por supuesto, y sobre todo el apoyo económico, pero nunca una intervención agresiva. 
-Verdades relativistas, reconocimiento de la parcialidad y el posicionamiento a la producción del conocimiento: No soy relativista, tampoco voy a dar aquí los motivos para demostrar por qué el relativismo, en ciencia, no es un buen consejero. Una verdad no deja de ser tal porque la profiera un hombre o una mujer, una ciencia no es ni más ni menos científica porque incluya el enfoque feminista.
El enfoque feminista tendría que instalarse como herramienta auxiliar en todas aquellas ciencias sociales que sean sometibles a una categorización genérica (por ejemplo, la psicología, la sociología…). Pero las aspiraciones propias de discursos como el arriba criticado, que más que ayudar pretenden imponer a través de la intervención directa una metodología científica que no se ha demostrado como funcional, tienen que ser desechadas. Y no ya solo desechadas teóricamente, como hago yo aquí, sino en la práctica.
No es serio acudir a un laboratorio con esta especie de decálogo. Esta pretensión tan risible de dar consejo al investigador quizá se haga desde la mejor de las intenciones pero no es, ni de lejos, el modo en como funciona el mundo científico.
Un saludo.
Francisco Riveira.

En Logroño, España.

9 de agosto de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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