La barrera de la pseudociencia

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Hoy me han semi-asaltado en el feudo académico con una tarjeta en la que aparecía la página web de un compañero de clase y en la que ponía a lo que se dedicaba. Un escéptico al uso como yo pone siempre mala cara ante una tarjeta con ese tipo de palabros más cercanos al reiki y a la sanación espiritual que a la medicina consensuada por la comunidad científica y cuya validez está demostrada por miles de pruebas que aquí no cabe recoger (igual un día me animo y os lo cuento).

Os digo que me asaltaron porque me sentí como si un testigo de Jehová llamase a mi puerta, me dejara la tarjeta y se marchara con una sonrisa. El caso es que me introducí más en el centro de medicina que aparecía en la tarjeta. Entre en su web. Ahí pude comprobar en primera persona que no solo mis sospechas habían sido infundadas sino que, además, la persona que me lo había dicho (compañero de clase) era médico titulado por la prestigiosa (¡jajajá!) Universidad de Zaragoza. Cuál fue mi sorpresa cuando observé que, además, tenía este sujeto experiencia en medicina de familia, perfectamente legal y estipulada por la comunidad científica que verdaderamente funciona. Pero bueno, la Universidad de Zaragoza tiene o tenía algún máster sobre homeopatía. Hay que andarse con cuidado.

Adelantando los años, en la biografía de mi compañero, pude leer que integró a sus conocimientos de base científica otros que parecían un cuento de hadas pseudocientífico… algo así como terapia aural y emocional… unas palabras y conceptos que, a simple vista, suenan mal.

La carta de presentación no era muy buena pero como, lo reconozco, me había seducido el planteamiento, entré en un apartado de la web y leí un poco más sobre el centro médico:

“Psicoterapia”, “psicosomatismo”, “integración psico-corporal”… con estas señas sólo me falta decir de qué instituto se trata pero como quiero mantener en el anonimato a mi compañero no daré más datos. En fin, mi compañero de 55-60 años había sido un médico excelente que se había embarcado en todas esas herramientas psicoterapéuticas alternativas que tanto dolor de cabeza nos hacen pasar a los que nos queremos dedicar a la teoría de la ciencia, epistemología o filosofía de la ciencia…

Pensé: ¿y si todo esto tiene validez científica? No cabe duda de que no es algo como la homeopatía, el reiki o los milagros de la teoría cuántica aplicada a la charlatanería espiritualista mentirosa… entonces, ¿qué hago? Mis herramientas para corroborar ese tipo de conocimientos son insuficientes. Según Feyerabend estaría yo en la obligación de admitirlo como un conocimiento científico más perfectamente válido. Según Popper habría que probar a falsarlo. Según Lakatos habría que preguntarse por la teoría más exitosa…

¿En qué me baso yo? ¿Doy un puñetazo en la mesa y me la quito de encima por traer a colación aspectos psico-emocionales que no están contemplados en la habitual medicina pública? Estoy ante esa duda.

Feyerabend fregando

Mi respuesta temporal es la siguiente. Los conocimientos científicos han de someterse al tribunal de la propia comunidad científica. El problema de las terapias psicológicas o psicoanalíticas, basadas en la curación por la palabra al estilo Freud o Lacan, es que sus resultados son tan subjetivos como subjetivos son sus métodos. Su labor es encomiable y no hay que dudar de su buena voluntad pero… ¿en ciencia vale la buena voluntad o valen los resultados? ¿Si la buena voluntad coincide con un acercamiento a la verdad profunda de la psicosomatosis hay que dedicar dinero y esfuerzos a su estudio y puesta en práctica?

Creo que la revolución médica de los próximos años ha de pasar por algo parecido. No sé bien si con terapias psicoanalíticas y emocionales… ahí el coaching es tan sospechoso que me hace atar corto al perro antes de comenzar a correr con él por el parque. No sé, digo, si van a servir para integrar a la psicología y a la medicina en el mismo discurso científico oficial.

No hemos de olvidar que hay un discurso científico oficial cuyos resultados son siempre falsados, etc. Pero, al igual que existe ese discurso oficial, el tiempo hace que varíe, que se pula, que se mejore y dé más resultados con menos esfuerzos… corremos el riesgo de insertar la subjetividad en la medicina y que la eficacia de los tratamientos sea tan variable como variables son las personalidades. Hasta aquí me mojo yo: quiero que la medicina sea eficaz pero también quiero que añada estos conocimientos que orbitan en torno a la cuestión mental, subjetiva y emocional.

Pero quiero que el tribunal sea inflexible y que, al añadir estos nuevos conocimientos, siga los mismos patrones que para cualquier otro descubrimiento científico: eficacia comprobable en varios pacientes y varias situaciones, estudios de doble ciego cuyas conclusiones sean indiscutibles, verificación sobre el terreno… vaya, exijo la aplicación estricta del método hipotético-deductivo.Que haya una parte “subjetiva” en el ser humano no implica que los patrones y cribas de la comunidad científica tengan que ensancharse un poquito para dejarla entrar. Por favor, dentro de esa inflexibilidad, todo lo que queráis. A ver cómo os las arregláis. No es mi guerra pero la seguiré de cerca. Analizo la batalla sin ayudar a ninguno y luego os narro lo que ha ocurrido, de la manera más objetiva posible. Esta, creo, es la tarea que todo teórico de la ciencia ha de ejecutar.

Un saludo y hasta la próxima.

Francisco Riveira.

En  Zaragoza, 11 de abril de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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