La economía al servicio de las personas

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No hay cosa más irritante que escuchar hablar a un liberal sobre economía. Pertenecer a una escuela determinada parece otorgarle una inmunidad ante cualquier comentario crítico. Lo peor es que hay títulos que corroboran que, como poco, sabe algo de economía. Es cierto, hay liberales titulados y, por desgracia, son la mayor parte de ellos.
La economía comenzó a ser una ciencia social hace relativamente poco. Se fue conformando especialmente en el siglo XIX y con Marx giró hacia un modo de entender el mundo del capital mucho más preocupado por los efectos de las políticas que por las políticas mismas. De ahí tal cantidad de revoluciones a finales de su siglo: se confrontaban el viejo modo de entender las relaciones de poder (económicas) y las nuevas teorías, dando como resultado inquietantes eventos sociales. 
Las ciencias naturales no están al servicio de nadie pero creo que las ciencias sociales sí que tienen que estar al servicio de las personas, tienen que servir para algo, para algo bueno.
Y cuando admitimos que la economía sirve para enriquecer y no para repartir los bienes de los que disponemos (tanto naturales como culturales -tecnológicos, etc-) entre aquellos que los necesitan de verdad, entonces estamos alejándonos de una concepción de la economía práctica para hablar de una economía teórica y descriptiva. La economía tiene que servir para emancipar. Tiene que estar a nuestro servicio y así tiene que comenzar a verse en las escuelas donde se aprende. 
Las universidades hablan de economía con números, explican cómo funciona el mercado, cómo se trabaja en un banco, cuáles son las operaciones bursátiles, etc… pero no todos los que salen con un título en economía han podido ver la otra parte. Si preguntas a un estudiante de economía (o de ADE, estos últimos, sobre todo, son los más despreocupados por el bien de los demás) por qué hace lo que hace no siempre te contestará que tiene un interés social sino que quiere tener un trabajo rápido, que quiere hacerse rico, que quiere aprender a jugar en bolsa, especular… La corriente de economistas preocupados por la sociedad es hoy escasa pero emergente.
Al igual que los profesionales de la salud siguen el código deontológico tendríamos que crear uno similar para los economistas. Estos pueden ser los salvadores de la humanidad o los que terminen de condenarla para siempre.
Uno de los economistas críticos con las políticas neoliberales en España fue Jose Luis Sampedro. Mañana comentaré el libro que he leído (“La sonrisa etrusca”) pero hoy quería detenerme en este aspecto particular de su personalidad (muy completa y consecuente con sus principios). Como resumen, Jose Luis Sampedro nos avisó a todos de que la economía había estado en manos de los enemigos de la sociedad durante demasiado tiempo. Los nobeles de economía, los teóricos, y la mayoría de los libros que se estudian hoy en día partían de un principio básico (el profit) sin ocuparse para nada de las consecuencias que aquellos presupuestos económicos podían tener en la sociedad real.
Es algo muy común que una ciencia social comience a especular sobre otras teorías y que al final acabe por no señalar ninguna realidad concreta. Esto es así porque las ciencias sociales no siguen los mismos mecanismos de verificación que las naturales. Los papers sobre economía suelen dar vueltas sobre realidades concretas que son vistas a través del cristal de una teoría en particular. Las teorías en economía suelen ser siempre insuficientes ya que ninguna ciencia social (por mucho que utilice las matemáticas) es capaz a día de hoy de describir hasta las últimas consecuencias los fenómenos que pasan por su mira.
Cuando estas semi-ciencias son intuiciones para aplicar una tecnología concreta (en este caso, políticas económicas) y los economistas hablan desde la altura de su cátedra como “especialistas” hay que poner mucho cuidado. No tenemos que dejarnos engañar.
Este artículo viene a colación de tres intereses importantes que tengo en estos momentos: el proyecto intelectual de Sampedro, el estatuto científico de las ciencias sociales y el fenómeno Podemos y la campaña de desprestigio que todos (desde todos los flancos posibles) están elaborando contra ellos.
Sobre este último tema pude ver hoy un artículo donde se decía todo lo contrario. Hasta hoy se ha citado a los economistas que afirman que las propuestas de Podemos (quiero apuntar que, en calidad de anarquista, soy muy poco sospechoso de apoyar a Podemos) no se pueden poner en marcha porque entrarían en conflicto con el mercado, con las agencias de calificación, con los organismos internacionales que regulan la economía en Europa, etc. Todos estos intentos de deslegitimar un programa político (que quizá todavía no esté formado, eso me da igual) tienen una intención no científica, ¿acaso pensaba alguien que los periódicos y los articulistas escribían buscando la verdad por sí misma? ¡Ja! La intención es desprestigiar, es cortar las alas al pájaro antes de que pueda llegar a salir del nido por primera vez. Pero se utiliza aquí, como muchas otras veces, una herramienta poderosísima por su supuesta objetividad: la ciencia de la economía. 
Como ya he explicado, cualquiera que tenga un poco de sensibilidad ante estos temas sabrá que la economía que aparece en los telediarios y que nos intentan meter a empujones en el cerebro es una economía que no tiene mucho que ver con la micro-economía, con la economía doméstica que es, al fin y al cabo, la que a la mayoría de personas nos interesa.
Pero de repente aparece un artículo en que se dice todo lo contrario. Se dice que desde el “Financial Times” apoyan a Podemos porque tiene todo el sentido del mundo querer deshacerse de la deuda. Y digo yo: aunque esta idea no estuviese apoyada por ninguna teoría, ¿llevarlo a cabo o intentarlo al menos no sería lo éticamente aceptable? Navegando un poco más uno encuentra que el economista que escribe eso no es, ni mucho menos, una asociación en búsqueda de la verdad objetiva (como así es la delirante pretensión de programas como El Objetivo de Ana Pastor). Es, sin embargo, un reconocido periodista económico que ha escrito varios libros sobre la importancia de una economía dedicada a las personas (Wolfgang Münchau). 
Así que citar artículos según convenga a nuestros intereses, compartir por redes sociales lo que mejor pensemos que nos representa y, sobre todo, basarnos en puntuales estudios científicos o científicos sociales para apoyar nuestras tesis, es algo que no recomiendo a nadie. Por encima de eso está la ciencia social. Tenemos que comprender que esas ciencias son maleables ya que las creamos nosotros, y sólo por ser así tienen que ser sospechosas. Otra discusión es que yo prefiera una teoría sospechosa pero que al menos intente erradicar la desigualdad. Ahí ya está actuando esa deontología que propuse al principio de este post.
Y para rematarlo, os dejo con un vídeo de Sampedro hablando de la economía que creemos buena.

Que nunca la realidad social demostrable o las teorías egoístas encumbradas por la codicia puedan con nuestro deseo de crear una sociedad más justa y libre.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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