La Filosofía ya no busca la Verdad

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El arte de la hermenéutica nos dice que tenemos que tomar los textos qua textos. Nos dice que la excesiva contextualización puede estar fuera de lugar y que más nos valdría atenernos a las tesis y pretensiones de verdad del texto. Esta manera de pensar me parece correcta siempre y cuando pensasemos que la filosofía (los textos filosóficos, que son de lo que esta materia se nutre principalmente) tiene pretensiones de verdad. Creo que mucha de la filosofía que hoy en día se crea no tiene pretensiones de verdad, o al menos no la intenta buscar tan encarnizadamente como en el pasado. Las pretensiones de verdad de textos kantianos o aristotélicos son hoy hasta ridículas. ¿Por qué? No por la pura pretensión, que es hasta loable, sino porque vistos desde la actualidad suponen aproximaciones a problemas variopintos que, desde luego, no se pueden responder tan solo desde una materia como la filosofía.

Estoy con Gustavo Bueno (de nuevo) cuando nos dice que, para él, leer libros de filosofía que hablan de otras filosofías es una tarea bastante estéril. Dice que más nos valdría a los estudiantes de filosofía o filósofos (o historiadores de la filosofía) leer otro tipo de libros, como por ejemplo libros de biología, cosmología… y, por supuesto, hacerlo de las teorías actuales (si es que en algún momento tuviésemos interés de encontrar esa sempiterna verdad buscada por tantos filósofos de renombre: hay una cosa clara, hoy en día estamos más cerca de esa Verdad de Platón, mucho más cerca que hace cien o doscientos años).

La historia no tiene un progresus, eso es algo innegable. Sin embargo, la ciencia sí que lo tiene. La ciencia y la técnica. La ciencia busca la verdad por el mero hecho de encontrarla, sin intenciones ulteriores. La técnica busca la verdad como instrumento para crear nuevos artilugios o tecnologías pero, si en algún momento ha de rechazarla, no le supondrá mayor problema. Feyerabend se equivocaba en algunos momentos de su teoría sobre la ciencia: no eran los científicos “puros” los que se vendían al mejor postor (la verdad que mejor cupiese en sus aseveraciones) sino otro tipo de científicos de segunda categoría: los ingenieros, los creadores de tecnología, etc.

Pero la Filosofía, desde siempre, ha tenido pretensiones de verdad. Hoy creo que la Filosofía está relegada a una posición bastante poco favorable para los que queremos dedicarnos a ella. No es ni siquiera una ciencia social. Unos dirían que es algo menos que una ciencia social, a saber, que es un continuo disparate que no se sostiene empíricamente. Otros dirían que es algo más que una ciencia social, o incluso una ciencia natural, pues intenta descifrar qué se esconde detrás de todas ellas. ¿Cómo que qué se esconde? Pues bien, te dirían los filósofos -y me incluyo entre este último grupo-, parece ser que la filosofía es la mejor rama del conocimiento para descubrir los supuestos antropológicos, políticos, científicos, dogmáticos… e incluso religiosos que hay detrás de muchas ciencias o pseudociencias. Las ciencias no tienen capacidad introspectiva en un sentido metacientífico. Esto es, si bien son capaces de mejorarse a sí mismas dentro de su categoría o campo de conocimiento (por ejemplo, biología molecular), no serán de ningún modo capaces dentro de su propia terminología de descubrir qué tienen en común con postulados de, por ejemplo, otro tipo de biología centrada en los organismos macro. Si esto es cierto, entonces la filosofía (de la ciencia) tiene todavía muchas cosas que decir. Pero no tiene que dar una guía de comportamiento a nadie, como pretenden los filósofos de la ética. Sólo (y este “sólo” es por sí mismo suficiente para justificar la elaboración de más libros sobre la cuestión) nos permite descubrir qué presupuestos tienen estas ciencias, dándonos una visión epistemológica global de todas ellas.

Para mí la Filosofía interesante de hoy en día es la epistemológica, o la filosofía de la ciencia en sentido general (la que puede conversar con las ciencias sociales o naturales a partes iguales). Creo que la Ética tendría que abandonar las facultades de Filosofía y creo que la Filosofía Política tendría que estar presente en todas las facultades de Ciencias Políticas, para quitarles la tontería a muchos de esos estudiantes (que, sin saberlo, están consumiendo toneladas de prejuicios y tesis implícitas en postulados aparentemente objetivos).

Titulo este post diciendo que ya la Filosofía no busca la Verdad. Esto es de dominio común entre los estudiantes de esta disciplina. Quizá no busque la verdad con mayúsculas sino verdades menos fundamentales, o verdades puntuales que nos permitan comprender fenómenos de suma importancia como, qué duda cabe, lo son las ciencias duras o sociales.

Me temo que los que quieran alcanzar LA VERDAD se van a tener que conformar con alguna religión. Ni las ciencias ni la Filosofía pueden prometernos esa verdad a riesgo de resultar pretenciosas e insuficientes.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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