La lista sobre las listas de libros que deberías leer

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Nos gustan las listas, ¿qué le vamos a hacer? Pero hay algo nefasto en ellas: su intención de servir universalmente a todo lector. Los lectores somos tan variados como personalidades hay en el mundo. Todos tenemos intereses distintos, tenemos una base y una educación diversas y, además, nos interesan unos temas más que otros. Por eso, cuando nos aburrimos y buscamos en Internet listas para leer (o para ver las mejores películas) normalmente suelen fallar.

Las listas de libros en Internet se comportan como el horóscopo: son recomendaciones tan generales que, de tener algún éxito, su elaboración queda más que justificada. Yo me quiero reír un poco de la mayoría de esas listas, y de las razones (o lugares comunes) que se suelen ofrecer como motivos para incluirlas:

-Quijote. Oh, el Quijote, la primera novela. En ella se pintan de manera preciosista caracteres castellanos muy distintos. Nuestros mayores lloraban de risa con sus anécdotas. Todo español tendría que leer el Quijote al menos una vez en su vida. Hay, además, extranjeros que aprenden castellano sólo para leerlo en versión original.

-1984. La sagaz crítica de la sociedad del espectáculo y del panóptico. No puedes ser Anonymous si antes no te has puesto la portada de este libro en al menos un perfil de tus redes sociales. ¿No he dicho todavía nada sobre Gran Hermano? Léase en pack con Un mundo feliz y Fahrenheit 451.

-Madame Bovary. La novela que dio el pistoletazo al realismo y, además, al realismo sin autor. Incluso de ella se extrajo el término de “bovarismo”. En bachillerato no gusta por demasiado descriptiva. Le mot juste es una miel que, en boca del asno contemporáneo, no se sabe valorar.

-Hamlet. El joven príncipe que recibe la visita de un fantasma, como fantasmas son los que recomiendan esta obra porque “al menos algo de Shakespeare hay que incluir en la lista”. Ser o no ser, esa es la cuestión. Represéntese con una calavera en la mano.

-En busca del tiempo perdido. La obra cumbre de los narradores en primera persona, que lleva al extremo el detalle del flujo de pensamiento. Vale su peso en minipuntos de intelectualidad. Comprar únicamente el primer tomo, por si acaso no engancha. Asombrarse de la sinestesia producida por la magdalena y el té.

-La Biblia. Dicen los que saben del tema que la Biblia no son novelas. Dicen los maestros del sarcasmo que la consideran su obra favorita de ficción. Si no se lee no se comprenden las referencias culturales del mundo en que vivimos.

-El viejo y el mar. Hay que cumplir con la cuota de estadounidenses en las listas, aunque sea a través de la recomendación de una historieta en la que no ocurre absolutamente nada. Pasmarse al conocer que al autor le gustaban los Sanfermines. Lamentar su suicidio.

-La Metamorfosis. Aunque es muy difícil traducir desde su alemán, las ediciones de las que disponemos merecen la pena. Dejar claro que no es la de Ovidio. Animar a los estudiantes a que propongan sus propias interpretaciones. Leer la Wikipedia al terminar para aclararse las ideas.

-Guerra y Paz. Semblanza completa y abrumadora de una época convulsa en la historia de Rusia. Alabar al barbudo al terminar y agradecer en secreto haber cumplido con una de sus obras más largas.

-La Divina Comedia. Consumir en pequeñas porciones para que dé tiempo a consultar el diccionario. En italiano suena mejor. Fundamental para comprender la teología, política y cultura medievales. Señalar que no hay mejor manera de conocer qué es el infierno si no es a través de sus páginas.

Si te apetece compartir más lugares comunes, tienes abierta la caja de comentarios 🙂

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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