La voz gitana

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Pienso que las voces no tendrían que ser comercializables. Entiendo que hoy en día todo es mercancía en manos del capital pero me inquieta profunda y personalmente que se apropien de esta herramienta los que no entienden su singularidad y su capacidad expresiva.
Por lo general a la gente no le gustan los gitanos. En España hay un odio enfermizo hacia ellos que ha pasado a cristalizar en expresiones como “eres más ladrón que un gitano”, “lávate, que pareces un gitano”… Los gitanos tienen la fama que no se merecen pues como etnia tienen, a mi parecer, más valor y mérito que cualquier otra. El modo de vida nómada, el pasotismo de la ley y de la civilización, el comercio de lo que les apetece y donde y cuando les apetece, el total desapego a la sociedad en que están inmersos. Si alguien busca contracultura que no escarbe mucho porque ahí tiene a los gitanos (no pretendo generalizar).
Son los gitanos los que, con una guitarra en mano y una voz afinada tras años de cantar (con más improvisación que conocimeinto de causa), crearon el flamenco. El flamenco es el estilo de música español más apasionado que conozco. Podría decir que sólo merece la pena escuchar música española si es flamenca. No se venden, hacen música desde su propia vivencia y para ellos mismos y su fiel público. En ocasiones los lamentos que expresan son viscerales y hacen llorar al espectador. Si creyese en el alma diría que la ponen en todo lo que hacen. 
Camarón, en la frontera entre su vida y la muerte, cantaba o, más bien, exhortaba a los elementos que para qué quería tanto dinero si no podía disfrutar de una buena salud. Me pregunto qué otro cantante habría dedicado su último concierto a expresarse de esa forma tan emocional y desgarradora, consciente de un final ya inevitable.
Yo me creo a un gitano. Yo me fío de este gitano y de todo el resto de gitanos. Los gitanos no mienten al cantar. Ningún payo ha conseguido emocionarme al nivel de un gitano.
Este es el poder de la voz.
La voz tiene muchas cualidades. Entre ellas está la de ser un instrumento que expresa ideas de una manera más clara que cualquier otro (piano, guitarra…). Todo instrumento tiene sus propias estrategias de comunicación pero la voz, por ser nuestro esencial (ya de serie) medio de comunicación tiene un papel predominante. Supongo que nadie se ha preguntado por qué en vez de “La Voz” no hacen un programa en prime time llamado “La mandolina”. 
A pesar de todo la voz sigue siendo ese instrumento maltratado por la técnica y vendido al mejor postor.
La voz ha perdido su color para ser modificada virtualmente por sistemas de Autotune, compresión o modulación. El esfuerzo que en directo hace un cantante es sustituido por la más pura técnica que convierte a su trabajo en un paseo por el campo. En ocasiones se limita a bailar una estúpida coreografía tras haber pinchado el disco y así hacer playback. 
La música y la voz han dejado paso al espectáculo de luces y bailes que es hoy cualquier concierto de pop.
Es cantar el pop del siglo XXI un entretenimiento bobalicón, aséptico y sin interés emocional o incluso intelectual. No estamos ante voces sino ante construcciones de la tecnología. La repetición en bucle, los efectos de voz, ecos, delayers… enturbian toda la actividad de canto.
La voz no es tecnología. La voz es el único instrumento que no creamos nosotros. A lo sumo la técnica vocal se ve envuelta en esa tecnología. El resto de instrumentos son tecnología más o menos avanzada. La música electrónica es la exacerbación de este modo de entender la música.
Me pregunto si queremos seguir por este camino. En pocos años estaremos escuchando voces totalmente robotizadas con arreglos por ordenador. Canciones compuestas enteramente a través de la máquina en la que el sentimiento y la intención del ser humano no tendrá cabida. Es muy difícil adelantarse a lo que nos depara la tecnología en relación con la voz y con la música pero hay que ir preparándose para un agravamiento de esto que hoy critico.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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