Los Escépticos en España – Esbozo de una propuesta – 3ª y última parte

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Michael McKean as Chuck Thurber - Better Call Saul _ Season 1, Episode 4 - Photo Credit: Lewis Jacobs/AMC

Photo Credit: Lewis Jacobs/AMC // El hermano de Saul (Better Call Saul), “sensible” al electromagnetismo.

 

Me ha sorprendido mucho la difusión de mis anteriores posts de esta serie que termina hoy. En parte se lo debo a Fermín Grodira

He leído algunos comentarios que me han dado que pensar. Por lo general, todos los que han tenido la amabilidad de comentar estos contenidos lo han hecho después de leerlos. Tengo algunos apuntes/comentarios/críticas que me gustaría exponer en un post futuro.

Por ir avanzando algunas cosas: no le doy a Punset tanta importancia como para pensar que es un cientificista estricto, más bien los contenidos de su programa Redes lo eran. Disfruté muchísimo con sus entrevistas y creo que la figura de Punset ha llegado a este nivel de credibilidad no por él mismo sino por sus entrevistados. De su hija mejor no hablar.

Parece que al generalizar (y sé que no todos los Escépticos son así) he sido injusto, y lo reconozco. Hay algunos Escépticos que son conscientes de los problemas derivados del cientificismo y de la agresividad a la hora de divulgar. Más bien me refería a una actitud general, que incluso en otros foros se ha admitido. Por lo general, compruebo feliz que mi análisis ha sido correcto y que muchos Escépticos se han visto representados especularmente en esta serie de posts. La misma generalización (injusta) se ha de aplicar al momento en que hablo de que su versión de la ciencia es la versión de una ciencia infalible, y que hacen bien poco por el espíritu escéptico científico. Algunos comentarios, sencillamente ridículos, han buscado invalidar mis argumentos buscando en mí un catolicismo que no profeso o una creencia en mitos que abandoné mucho antes de cumplir los 16.

Comienzo este post diciendo que las pretensiones del Círculo Escéptico (o los Escépticos) son filosóficas. Es por esto por lo que me siento confiado para emitir un juicio. Si sus pretensiones fuesen científicas (esto es, hacer ciencia, investigar, producir artefactos) entonces yo no metería las manazas. Me gusta hablar de lo que sé, siendo consciente de todo lo que me falta por aprender. Por ello, quiero que quede bien claro desde el inicio que estas propuestas son aplicables tanto a los círculos escépticos como a los científicos, en calidad de actores sociales, y que, en un futuro, puede que yo mismo cambie de opinión.

Vuelvo a la discusión con respecto a Tapias. En ella pudimos comprobar cómo estos grupos, en ocasiones, no son capaces de comprender que la ciencia en términos generales y como parte de una sociedad, es debatible por esta misma sociedad. Esto que acabo de decir requiere una explicación. Cuando hablo de ciencia en términos generales estoy tratándola como parte del conjunto de instituciones y obras humanas. Se puede debatir políticamente de ciencia, pero no sobre una teoría científica. En eso todos estamos de acuerdo y a nadie se le ocurriría decir lo contrario. ¿Seguro?

Nadie negaría que la ciencia tiene efectos en la sociedad. Más concretamente, me refiero a que la ciencia, en sus formas más tecnocientíficas, es capaz de afectar a la sociedad de manera radical. Cuando algunos amigos anarquistas o comunistas hablan de los mercados, de los políticos o de los medios de comunicación afines al régimen, como los graves peligros para la sociedad, me preocupa que estén obviando este tremendo poder tecnocientífico, que ocupa más espacio y es, de pretenderlo, más demencial para las sociedades humanas, los animales y el medio ambiente. Por otros lugares me quejaba de que el anarquismo era incapaz de justificarse a sí mismo dentro de un mundo tecnologizado. Pero ese es otro tema.

Como digo, nadie negaría estos efectos medioambientales y sociológicos de la ciencia.

Lo que sí que negarán es que la sociedad pueda llegar a afectar a la ciencia. Estoy de acuerdo con Jean Jacques Salomón cuando decía que la ciencia no es una esfera autónoma fuera de la sociedad. También estoy de acuerdo en que tal pretensión de autonomía encierra un grave peligro para la democracia.


Y bien, los Escépticos se sienten molestos cuando, de vez en cuando, ven cómo hay debates sobre algunos aspectos surgidos de teorías, descubrimientos o maquinarias tecnocientíficas. Aquí cito el tema de los transgénicos, de los que yo soy defensor. Los productos transgénicos, como fruto de la modificación genética que sufren, consiguen en algunas ocasiones beneficios patentes no sólo para los agricultores sino también para los consumidores finales. Estoy hablando de los transgénicos sin citar ninguna de sus formas, perdonadme por ello, pero no quiero tratar ningún ejemplo en particular. Como tal, la tecnología no es moralmente reprochable. El miedo de Einstein con respecto al uranio y a la potencial capacidad de crear bombas que “destrozasen aproximadamente la superficie de un puerto y sus alrededores” nos da la semblanza de un buen científico por otra parte consciente de los efectos de sus descubrimientos. Pero una bomba puede llegar a ser beneficiosa para abrir paso por las montañas, para derribar edificios que corren peligro de caerse por sí mismos, y un largo etcétera. Las tecnologías nunca son morales. Su uso, sí. Y ese es el debate que quería el profesor Tapias poner encima de la mesa. La discusión sobre los transgénicos por parte de la sociedad tiene sentido en tanto en cuanto la sociedad es afectada por el uso de los mismos.

El Círculo Podemos Ciencia. Recuerdo el gallinero que se estableció cuando el Círculo Podemos Ciencia decidió hacer un debate sobre esa materia. Muchos Escépticos parecían obviar que su intención no era la de meter los morros en el quehacer científico sino discutir sobre políticas científicas.

Hay que pensar en algo. Si la ciencia recibe dinero público, ha de existir un contrato social que exija responsabilidades a los científicos que trabajan, pidiéndoles una rendición de cuentas cada tanto tiempo. Así es como funciona la ciencia institucional y universitaria. No es algo que me acabe de inventar. Los científicos han de justificar su actividad, han de publicar para mantenerse en el sistema universitario, etc. El científico que no quiere seguir estas lógicas, que quiere ir por su camino, corre el riesgo de salirse del sistema. Y como fuera del sistema científico no hay posibilidad de hacer ciencia seria, el científico que pretende ser Frankenstein, yéndose a su apartamento y creando su monstruo, firma su propia sentencia. Es decir, los científicos siguen una deontología. Los médicos, los que experimentan con animales, los que hacen excavaciones, extracciones minerales, los que realizan pruebas peligrosas con elementos potencialmente contaminantes… todos ellos han de rendir cuentas a la sociedad, formen o no parte de una institución pública.

La relación entre ciencia y política es una relación complicada, y es preciso ser más abiertos. Estas son mis propuestas:

Como decía Salomón, hay siete plagas científicas en el mundo actual. Son siete peligros potenciales (y algunos de hecho) que pueden llevar a la humanidad a la desaparición o a la destrucción parcial. No estoy hablando de ciencia ficción, estoy hablando de algo que ya está ocurriendo. Las siete plagas científicas son las siguientes: riesgos tecnológicos de mayor gravedad, vulnerabilidad de los grandes sistemas técnicos, terrorismo y armas de destrucción masiva,  la polución de la informática y los multimedias, amenazas del biopoder, el hombre-máquina o el transhumanismo, y el cambio climático.

Son siete plagas que nadie en su sano juicio podría negar. Los negacionistas del cambio climático son pseudocientíficos, lo mismo se dice de los que niegan el resto de plagas. Lo que ocurre es que hay algunas que han recibido menos publicidad, o que no se asocian directamente con la tecnociencia. Pero todas ellas son importantes, todas ellas pueden ser peligrosas.

Así que el peligro de pensar que existe una ciencia autónoma de todo lo demás, que el científico no ha de rendir cuentas a nadie, que el político o los ciudadanos no tienen nada que decir con respecto al empeño de la ciencia (que pagamos todos con nuestros impuestos), y que la gente no tiene que tener una opinión sobre cuestiones científicas, porque las mismas son sólo debatibles por expertos en el tema… es un peligro, como digo, que ya existe. Pero denunciar este peligro, como muchos Escépticos creen, parece ser un modo de ser pseudocientífico a su vez. Parece que es una idea que todos los creyentes y adalides de terapias alternativas podrían sostener. Respecto al relativismo en la metodología científica ocurrió lo mismo hace varias décadas, y te encontrabas a psicoanalistas y maestras del reiki citando a Feyerabend. Los Escépticos, ante este tipo de críticas, cierran filas e impiden explicaciones. Cuando, en un debate como este (o en un post como el anterior) tengo que presentarme como escéptico, ateo y cientifista, no es porque me guste publicitar mi biografía intelectual sino porque las únicas críticas que caben, por lo general, dentro de los grupos Escépticos, son sobre la persona que está detrás de las teorías, no sobre las propias teorías. Son críticas, por tanto, ad hominem

Es esta deriva del círculo escéptico la que me ha motivado a escribir estos posts. Quizá la anterior reflexión sea la más preocupante porque sus consecuencias tienen efectos directos en todos nosotros, seamos o no científicos. A mí y a cualquier persona nos da igual que un científico, un divulgador o un escéptico sean cientificistas, piensen que la ciencia es infalible de todas todas, o que sean agresivos en sus comunicaciones… sí que nos importa que crean que sólo un científico es capaz de decidir y controlar las políticas científicas. (por supuesto que los científicos HAN de estar en el debate, no afirmo que no tengan nada que decir, lo que afirmo es que no son los únicos que pueden hablar). 

Quien quiera conocer más sobre estas cuestiones, puede seguir la cuenta de Podemos Ciencia, o su foro en Reddit. Una búsqueda en Google con “Podemos Ciencia” y “escépticos”, a la vez, podrá dar más información y ejemplos de los que tengo tiempo para escribir aquí. He leído un post, mientras escribía los míos, que os puede interesar como ampliación de lo dicho aquí. http://naukas.com/2014/06/06/ciencia-y-democracia-una-invitacion-tras-la-polemica-generada/ Aunque no vote a Podemos ni comulgue con sus ideas, sí que me ha encantado que hayan decidido crear un Círculo para la Ciencia. 

Y de nuevo, vuelvo a las ventajas del escepticismo. El escepticismo es un movimiento beneficioso para la humanidad, y está probado. Cada mes, por desgracia, nos toca asistir a algunas consecuencias de la desinformación científica. Movimientos antivacunas, defensores de la creencia de que el electromagnetismo produce cáncer, etc. La gente se muere indirectamente por culpa de gente que, a miles de kilómetros de distancia, ha soltado una opinión sobre la efectividad de las vacunas. Aquí, estoy de acuerdo (¡cómo no!), es donde no se puede opinar. La evidencia científica y la comunidad de científicos que trabajan mano a mano a lo largo y ancho del mundo, ha de ser la única tenida en cuenta. Pensando en las categorías de verdad y opinión platónicas, son estos científicos los seres humanos que, en sus conversaciones, más lejos están de la opinión y más cerca de la certeza, de la verdad. Nunca, aunque no sean infalibles, se ha de poner esto en duda. De otro modo, el relativismo cultural que desde corrientes (por desgracia) de la izquierda sociocientífica se está promoviendo, comenzaría a ganar terreno.

Como dije al principio de esta serie de posts, la criba escéptica es muy efectiva en la mayor parte de las ocasiones. Me parece que su invasión de lo multimedia es algo positivo y más en este país, donde no hay ejemplos históricos de buena divulgación científica. ¡Ahora hasta se les ve en la 2! La proliferación de buenos divulgadores científicos, tanto en radio como en podcasts, tanto en blogs como en periódicos digitales, es una noticia estupenda para todos los que nos preciamos de querer conocer el mundo con las gafas del pensamiento crítico y racional… sea lo que sea. Son más las ventajas de ser escéptico que las de no serlo.

Sin perjuicio de lo anterior, la indefinición de los principios básicos de este grupo me obliga a mí a escribir algunos posts pidiendo cuentas. Su violencia expresiva (patente y reconocida por ellos mismos) en algunos casos es desfavorable para sus objetivos, consiguiendo que el público no convencido se marche antes de que hayan comenzado a hablar. Su visión estrecha de la racionalidad tiene más que ver con el embrión renacentista que con los últimos avances sobre las mismas cuestiones que han surgido en la sociología de las ciencias, la filosofía de la ciencia post-kuhniana y el propio debate intercientífico sobre su trabajo. El Escepticismo necesita una actualización histórica y, de paso, leer algo de la literatura filosófica o sociológica al respecto realizada en las últimas tres o cuatro décadas. Aunque no lo crean, hay y ha habido gente muy preparada que se ha devanado los sesos para poder solucionar estos problemas. Los científicos no se molestan, como científicos, en estos debates, tienen cosas más importantes que hacer.

De hecho, son los científicos los primeros en reconocer que no siguen una metodología. Son los científicos los primeros en reconocer que, en la universidad, no se enseña lo que luego les va a hacer más falta, los que señalan los libros de texto y descubren que en 20 años han perdido algunas de sus cualidades. Ellos son los últimos en dedicar esfuerzos, como tales científicos, a establecer un método que nos ayude a elucidar qué es una ciencia y qué es una pseudociencia. Algunos médicos incluso reconocen que sería preciso asimilar lógicas de atención que poco tienen que ver con el cartesiano modo de entender el cuerpo humano (mente y cuerpo)…

Son todos ellos algunos ejemplos de cómo la racionalidad que los grupos de Escépticos problaman como buena puede estar llegando a su fin. Los problemas que surgen de aquí van a derribar algunos esquemas que entendían a la ciencia en un sentido muy estricto.   

Queda todo por hacer. En el entorno universitario se debería aprender del escepticismo internacional actual, pues reconozco que está haciendo más por la razón que lo que muchos profesores catedráticos llegarán a hacer en su vida. Hoy en día ya no son esos profesores los que se atreven a enfrentarse a las supercherías, no. Son periodistas y personajes anónimos los que, día tras día, por Internet, por instituciones gubernamentales y políticas… deciden ponerse en marcha y denunciar.

Cada uno tiene que aprender del otro. Los primeros, de la publicidad y del altavoz inmenso que han logrado los segundos. Los Escépticos, comunicar con un tono más amistoso, fomentar la autocrítica y, no dejando pasar por alto nada que huela a superchería, abrir los ojos a otro tipo de realidades que, si bien no forman parte de la física, química y biología, son igualmente formadoras, interesantes y fomentadoras del espíritu crítico.

Este es mi esbozo de una síntesis, mi pequeña propuesta. Ni soy el primero en hacerla ni seré el último. Lo que no podía era quedarme callado.

Gracias por leer y hasta la próxima.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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