Los orígenes de la cultura – Cuarta parte

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3 – Naturaleza y cultura:


Diferenciar entre uno u otro estado no es sencillo. Lévi-Strauss nos avisa de que  “El  hombre es un ser  biológico  al  par  que  un  individuo  social.” y por tanto sería un error dividirlo de este modo.
Aun así, tanto la psicología como la sociología iniciaron líneas de investigación cuyos objetos de estudio eran, por ejemplo, el del niño recién nacido en sus primeras horas o días, suponiendo que esas primeras horas estuviesen determinadas por factores puramente naturales y no por factores socioculturales. Pone como ejemplo el miedo a la oscuridad:

“(…)  el  miedo del  niño  en  la  oscuridad  se explica  como manifestación  de su  naturaleza  animal  o como resultado de  los cuentos de  la  nodriza”

El niño siempre recibiría condicionamientos culturales, incluso antes de haber nacido. Tampoco podría darse la posibilidad de aislar al niño ex profeso puesto que dicho aislamiento caería necesariamente en una simulación, y las simulaciones, hasta hoy, siempre han sido fruto de formas culturales (ciencia, laboratorios, estudios…)

También habría otro tipo de estudio posible: el caso de esos niños salvajes que por cualquier motivo se escindieron de la civilización. Pero Lévi-Strauss también nos demuestra lo estéril de dicho planteamiento:

“Es  posible  observar  que un  animal doméstico  -un  gato por ejemplo, o un perro o un  animal de corral- si se encuentra perdido y aislado vuelve a un comportamiento  natural que fue el de la especie antes de la intervención externa de la domesticación. Pero nada semejante puede ocurrir con el hombre, ya que en su caso  no existe comportamiento natural de la especie al que el individuo aislado pueda volver por regresión”

Además, estos niños abandonados eran curiosamente en su totalidad débiles mentales. Por tanto se ha podido discernir que dicha debilidad ya existía antes del “abandono” de la cultura, que fue ella su causa, y no al revés, a saber, que el hecho de vivir en un estado de salvajismo provocase tal debilidad.

Los niños estudiados en ningún caso se considerarían producto de un estado anterior natural.
Pero Lévi-Strauss no desiste en la búsqueda de un objeto de estudio que permitiese la dilucidación del paso de la naturaleza a la cultura, recaería su visión sobre los monos antropoides. En ellos, dice Lévi-Strauss, podríamos encontrar aquello que se nos escapa en el estudio de los seres humanos, además, serían capaces de realizar pequeños comportamientos humanos como articular monosílabos, hacer herramientas… pero aún así, no habría una regla que seguir en los monos, mostrarían comportamientos muy diferentes de un día para otro.
Y es ahí donde se encontraría la diferencia entre lo animal y lo humano, lo natural y lo cultural… en la ausencia de reglas. En la cultura habría reglas, y al menos en un momento primigenio dichas reglas regularían los instintos.
Las reglas culturales estarían siempre creadas por el hombre, dependerían de cada momento histórico (salvo la prohibición del incesto, como veremos a continuación) y, además, serían inconscientes.
Lévi-Strauss profundizará en la ley que prohibe el incesto puesto que será la que mejor nos permita diferenciar la clave que mueve a algo a ser natural o cultural. Acogería en sí misma una simbiosis entre la universalidad de los comportamientos inconscientes (o instintos) y de las leyes creadas socialmente.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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