Los videojuegos como arte

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Dentro de la limitada concepción de arte que tienen algunos académicos no suelen entrar las nuevas formas artísticas que, sin lugar a dudas, están apareciendo en nuestra sociedad. Es una verdad de perogrullo que la realidad va adelantada a todo intento de aprehensión y de descripción. Esto mismo ocurre con los videojuegos, se ha avanzado tanto en tan poco tiempo que dentro de unos años nos preguntaremos por qué los seguíamos considerando chorraditas para niños rata, proclives a ser comentados por Youtubers Gamers sin puta gracia.

Hay varios ejemplos que yo considero una forma elevada de arte, dentro del mundo de los videojuegos. Normalmente no lo son aquellas sagas que tienen que repetirse año tras año para satisfacer necesidades económicas (EA con sus FIFA, etc), lo mismo pasaría con el “arte” que hay en los anuncios, pues son una forma artística, hay creativos detrás… Pero dirán algunos: una cosa es ser creativo y otra es ser artista. Yo creo que se confunden mucho. Quizá el creativo trabaje contrarreloj, teniendo que cumplir unos plazos y unas exigencias que no elige él… pero tampoco el artista en sentido estricto (el que expone su obra, por ejemplo, en un museo) está exento de estas exigencias: tiene que dirigirse a un público, luchar por las subvenciones o por camelarse a gente con mucho dinero y poca cabeza…

Bueno, diréís también que los videojuegos sirven para divertirnos, que son, como bien dice la palabra, juegos. Pero, ¿acaso las películas no nos entretienen? ¿Es que no hay cuadros tan o más divertidos que un capítulo, por ejemplo, de Los Simpsons? Claro que el arte puede entretener, y claro que puede romper los esquemas figurativos, y su intencionalidad, y pasar entonces a divertirnos. Surge otra pregunta, ¿el arte es lo que, intencionadamente, crea un artista, o lo que por diversas circunstancias llega a ser expuesto en un museo? Con el meadero de Duchamp se cortocircuitó una ideología que definía con mayor o menor éxito qué era arte y qué dejaba de serlo.

Entiendo que esta cuestión no se puede responder en un post, ni mucho menos. Pero quiero abrir algunos puntos de reflexión.

¿De dónde viene el éxito de los videojuegos? Sin duda, de la interacción que precisan. La interacción con la obra de arte se ve, incluso hoy en día, como un desprestigio para la misma obra de arte. Estamos acostumbrados a que cada obra esté protegida detrás de una catenaria e incluso guardias de seguridad… En la mayoría de los museos importantes de las capitales europeas en los que he estado había varios guardias en cada sala… los comisarios daban vueltas de un lugar a otro, mirando que los chavales que iban en grupos no sobrepasasen los límites que están debidamente marcados en el suelo. ¿Es arte aquello que se ofrece a nosotros como algo a manosear, con lo que interactuar y que nos involucra profundamente?

Hace unos meses fuimos al Museo Reina Sofía. Esto no tendría que contarlo pero lo haré. Fuimos con nuestra profesora de Estética, que tiene algún cargo en ese mismo museo, o en alguna universidad importante de Madrid. No teníamos ninguna idea preconcebida de lo que iba a pasar en esa visita, sólo sabíamos que íbamos a asistir a un tipo de “meta-visita”, una experiencia curiosa… (en algo se tendría que notar que somos estudiantes de filosofía).

Entramos en el inicio de una exposición. Fijaos qué poco importante fue la exposición que ni sé deciros de qué trataba. Llegamos al centro de una sala y una chica con acento argentino dulcísimo comienza por leernos una cita de Heidegger. Qué mal comienza, me dije. Damos unos pasos hacia el interior de la sala y comienza a hablar de temas sin relación alguna con el contenido de la exposición. Su análisis, su guía, era más sobre la forma en que estaba la exposición montada que sobre la propia exposición. Así, nos hacía fijarnos en los huecos de las paredes que tendrían que estar ocupados por extintores, en puertas misteriosas que parecían no llevar a ningún lado… Había un cuadro con una cortinilla. Se puso delante de él, impidiéndonos satisfacer nuestra curiosidad destapándolo. Nos dijo: preguntadme qué hay detrás. Y le fuimos preguntando. Ella lo iba describiendo poco a poco. Llegamos a la siguiente sala y vimos, en un cuadro de 2×2 metros, la misma imagen que ella había descrito. En otra sala había una gran bancada en el centro. Nosotros, aún no lo he dicho, éramos unas quince personas. La guía nos dijo: sentaos todos en el banco. No cabemos, le dijimos. Intendadlo, poneos unos encima de otros. Yo me senté en una esquina. Había gente en el suelo,ya no podían más con tanto posmodernismo, y otros, divertidos, sentados encima del que les hubiese tocado. Por aquel entonces los guardias del Reina Sofía estaban mosqueados con nuestra guía.

Así unas cuantas cosas más.

Al terminar nos enseñó su acreditación como guía: había sido un experimento, era de un color no-oficial, una falsificación. Había jugado con nuestras ideas preconcebidas. Había puesto patas arriba lo que tiene que ser una guía normal por un museo. Había pasado de explicar el contenido para hacerse eco de la forma. Había mosqueado de una manera divertida y elegante (sin montar ningún jaleo) a los guías del museo, que se preguntaban entre sí de qué iba esa loca.

Qué bonitas son las cosas cuando dejan de tener sentido. Qué bonito me parece cuando producciones artísticas como los videojuegos, a codazos, empellones y sin haber sido invitados a la fiesta, entran por la puerta grande en la pléyade de los más dignos géneros artísticos.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, España.
14 de agosto de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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