Mi experiencia con los juegos de rol online – Segunda parte

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Di vueltas con una cosechadora durante varias semanas. Lo hacía escuchando mi propia música y algún que otro podcast así que una tarea tan tonta y repetitiva se me hacía bastante interesante y provechosa. Era mi momento diario de desconexión. Por aquel entonces estaba en primero de bachillerato y me sentía muy bien teniendo un lugar para desconectar. Conocí a varios jugadores durante esas primeras semanas, que comenzaron a interactuar conmigo (desde el otro lado del charco) e iniciamos los roles tan entretenidos que años más tarde recordaríamos.

Quisimos hacer una empresa de taxis privados, al estilo Uber, que hiciera competencia a los taxis oficiales del juego de rol (taxis con script de taxi, que funcionaban bien). Nuestra imaginación era tal que, después de ahorrar mucho dinero para poder comprar un coche, íbamos siempre a los eventos donde más gente había para servirles de chóferes. Esto duró unas semanas hasta que mi amigo rolero fue contratado en el Ayuntamiento del juego.

Yo seguí con la cosechadora durante un tiempo más, ahorrando, “escuchando” a los periodistas del juego y disfrutando con los habituales eventos que sucedían en el juego. A veces la policía hacía un control en la carretera, a veces hablaba el presidente, otras había problemas con los delincuentes… todo esto lo disfrutaba yo desde bien lejos, desde mi cosechadora, en un lugar con trigo scripteado que desaparecía conforme yo pasaba por encima suyo.

Las cosechadoras se quedaban fácilmente sin gasolina y había que esperar a que el servidor se reiniciase para que el valor de gasolina estuviese de nuevo 100/100. Entonces llegaba la noche, mi hora de juego, y volvía a la cosechadora.

Quiero comentar ahora una cosa: las horas de juego. Yo durante el primer año (desde septiembre a julio) jugaba de media hora diaria a dos horas. Llevaba los estudios perfectamente y por primera vez me había convertido en un buen estudiante. Leía, salía con mis amigos, y estudiaba para sacar buenas notas. Pero también jugaba a este juego. Es habitual que muchos roleros se metan tantísimo en el juego que pierdan la perspectiva de su propia vida. Como todo, puede convertirse en un vicio. Yo estuve muchos momentos en la barrera entre el vicio y el juego normal y por suerte no caí nunca. Había también cosas muy interesantes en mi vida personal como para dejarlas de lado.
He escuchado casos de gente jugando al World of Warcraft que ha dejado a sus parejas, o que ha abandonado una carrera para poder dedicarse a jugar mucho más tiempo. Gente que ha preferido dejar de hacer planes para aprovechar una noche de fin de semana y jugar durante unas cuantas horas a su juego preferido. Todo hay que hacerlo en su justa medida y esta actividad es una de las que más pueden absorberte. No en vano es rol de vida, y se corre el riesgo de que esa vida virtual sobrepase a tu vida 1.0. Conocí de primera mano a gente que sólo dejaba de jugar para dormir, chavales de 12 años que no sabían qué otra cosa hacer.

Entonces eché un currículum en el propio foro del juego para trabajar en el ayuntamiento. El ayuntamiento era un lugar donde se daba un trabajo fácil a la gente que prometía algún tipo de seriedad. Por lo general las empresas (o facciones, como así las llamaban) de este juego de rol eran bastante serias. Requerían un currículum de menor o mayor dificultad (a veces pedían pruebas, otras no) para formar parte del grupo o empresa. Y si no lo cumplías no tenían problema en rechazarte: había veinte personas más buscando ese mismo puesto. En ese sentido, jugar a este juego era una buena preparación para la vida real: si tenías buenos contactos, entonces te asegurabas un puesto; si tenías mucha experiencia, a veces sí y a veces no. En general todo el mundo que hacía buen dinero era porque trabajaba bien o porque estaba bien relacionado, sobre todo en el ambiente ilegal del rol, donde más dinero se movía.

Al cabo de unos días me aceptaron y comencé a atender a jugadores nuevos en el ayuntamiento (yo ya no era nuevo, llevaba unas tres o cuatro semanas jugando). También hacía reuniones con los superiores dentro del juego y me enteraba de más entresijos de la política IG (in game). Era todo tan entretenido que no necesitaba otro juego mientras tuviese SAMP instalado en mi ordenador.
Al cabo de una semana ascendí un puesto y tras un mes y medio logré llegar al puesto más alto posible por debajo de la secretaria particular del presidente, una tal María.

María era en la vida real licenciada en administración y dirección de empresas. A veces hablábamos por el micrófono y me comentaba cómo aplicaba en el juego muchas de las cosas que aprendió en su carrera. Me decía que para ella la mejor forma de entender algunos de los conceptos relativos a la administración de grupos de personas era ponerlo en práctica real en el juego. Y yo le doy la razón.

Mi actividad era la de auxiliar de esta secretaria. El trabajo comenzó a tener más que ver con el foro y el apartado escrito de la “facción” gubernamental que con mi actividad en el propio juego del GTA San Andreas. Por tanto dedicaba una hora al día a jugar (con todas las letras) y alguna más en el foro escribiendo, o debatiendo con otros usuarios (a nivel “fuera de juego”, es decir, como jugadores) sobre cómo mejorar el servidor.

Por aquellos tiempos el servidor se hizo tan famoso que despertó las envidias del resto de los servidores de rol basados en el motor gráfico de GTA San Andreas (SAMP). Recibíamos ataques diariamente, sobre todo al acabar el día. Había momentos en los que directamente no podíamos entrar en el servidor porque estaba caído. Los ataques DDOS podían con nuestra paciencia y muchos abandonaron sus partidas por este problema. Sin embargo, los scripters del juego (eran dos o tres) comenzaron a poner cartas en el asunto, a hablar con los del hosting. El propietario del servidor, un chico de unos 30 años de Oviedo, Asturias, decidió contratar un hosting dedicado de mayor potencia y con cortafuegos y más mecanismos de seguridad.

Estos ataques fueron los causantes de que otros servidores creciesen un poco más que el nuestro, por culpa precisamente de que éramos incapaces de mantenerlo a flote durante un tiempo largo. Había roles dentro del juego que requerían unas cuantas horas, por ejemplo los roles de mafiosos, o los roles de la propia policía (entrenamientos, persecuciones, investigaciones…), y si el servidor se caía por culpa de estos ataques no había posibilidad de seguir jugando.

En mi caso los ataques no eran tan graves. El foro seguía funcionando y yo ya comenzaba a ayudar a la secretaria a contratar gente. Eran actividades que podía hacer aunque el servidor estuviese caído. Comenzaba a lidiar ya directamente con mucha gente que se enfadaba por haberla rechazado. Y tenía que decir sí o no según me pareciesen los currículums. Había currículums bastante mal hechos, y es que jugaba gente de todas las edades. Pero aprendí a no dejarme llevar por la edad del jugador, pues había chicos de 14 años que escribían muy bien y tenían una madurez mucho mayor que la de mayores de edad o gente bien entrada en la veintena. Era cuestión de probarles en la práctica. Si en la realidad pudiese ser siempre así… qué poco paro habría en este país.

Era ya noviembre del 2009 y me ascendieron a secretario del Presidente.
En el foro era algo conocido (es lo que pasa cuando la comunidad no es excesivamente grande y participas diariamente) así que decidí enviar un currículum para entrar en la administración del servidor. El presidente del juego era también el administrador con más poder dentro del servidor.

La administración es la que lleva todos los tickets, los problemas entre usuarios (a nivel jugador, no a nivel personaje, de eso se encargaba la policía), de moderar los comentarios en el foro, de hablar personalmente con los jugadores para atender sus peticiones. La administración era una parte fundamental del servidor y sin ella no podría sobrevivir más de dos días. Yo quería formar parte de ese servidor que tantas horas de diversión me había dado durante esos meses, quería darles a cambio algo a cambio de tantas horas de diversión. Sabía que era muy difícil entrar y que realmente no había posibilidades si no estabas bien relacionado a nivel personal con alguno de los demás administradores. Así que una vez enviada la petición me olvidé y seguí jugando durante mucho tiempo más.

Esta otra etapa os la contaré mañana.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

1 comentarioDeja tu comentario

  • Muy interesante todo lo que comentas. Te encontré buscando información relacionada con la preparación del First y he acabado leyendo tu blog. Es lo que tiene esto de la red. Me sorprende que con lo joven que eres tengas las ideas tan claras, sobre todo en relación a la preparación del First. Yo pienso igual que tú, pero ya tengo los cuarenta.

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