Mi experiencia con los juegos de rol online – Tercera parte

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La verdad es que lo del gobierno se estaba volviendo una tarea tediosa y poco gratificante así que decidí salir de ahí y probar suerte en otra empresa u organización del juego.

Por aquel entonces estaban abiertas las “postulaciones” (como nosotros las llamábamos) para ser médico. En el juego los médicos tenían tres actividades principales: hacer campañas de sangre (los jugadores se subían a la ambulancia y tras un rol más o menos rápido te daban su sangre vía comando), asistir a las llamadas (ibas al lugar donde habían llamado a la ambulancia y, con esa sangre que antes te habían dado, curabas a los enfermos, normalmente personas que no habían comido nada y que se caían al suelo porque así lo decidía el script) y algunas operaciones de rol algo más complicadas, asistencia a accidentes, a los policías durante sus redadas, etc…

En el juego, si no tenías coche, te las podías ver y desear para conseguir llegar a un lugar lejano. Los taxistas no siempre estaban conectados y a veces era difícil (si no conocías a nadie) llegar a los sitios. Así, te veías a mucha gente corriendo entre las dos ciudades que estaban abiertas en ese momento (Los Santos y San Fierro) para así no perderse algún evento interesante. Ahora que lo escribo me doy cuenta de lo ridículo que suena, pero sí, había gente que echaba a correr con su personaje por la autopista hasta que llegaba a la otra ciudad del juego, esto les podía costar unos 20 minutos tranquilamente, mientras que en coche se tardaba unos 3 o 5 minutos.

Cuando entrabas como médico no podías aún conducir ninguna ambulancia. Las ambulancias y el resto de organizaciones del juego que disponían de coches eran bastante restrictivas para los nuevos. Si demostrabas suficiente madurez como para poder usarlas, entonces te ascendían y ya podías hacer tus propios viajes. Había llamadas desde muy lejos. Todos los coches, como dije el otro día, tenían su depósito de combustible y era preciso llenarlo para no quedarse en medio de una llamada o de cualquier otra actividad. Esas gasolineras donde llenabas el depósito tenían un funcionamiento real y recibían combustible por parte de otra empresa del juego (los transportistas). Si estos decidían no trabajar entonces todo el juego se paralizaba por la imposibilidad de usar vehículos. Los únicos que podían moverse eran, entonces, los policías, porque recibían surtido de otra facción del juego.

Todo estaba interconectado y eso era lo que me más me gustaba del juego. Todos los jugadores tenían un papel y aunque algunos se dedicaban a trolear, la mayoría era gente seria.

Tras un mes como médico (y conductor de ambulancias) nos aburríamos de hacer los mismos roles una y otra vez. Me ascendieron a subdirector del hospital y junto a tres personas más decidimos innovar un poco en los roles que ahí se hacían: queríamos montar una Universidad en el juego desde cero. Esta locura era, con diferencia, el rol más complejo que se podía hacer en un juego de estas características. Habida cuenta de que la mayoría de los jugadores ni siquiera eran mayores de edad, la perspectiva de una Universidad dentro del juego podía sonar un poco absurda, pero tenía su sentido.

Queríamos hacer algo en la línea de las licencias de conducir. En el juego, si no tenías una licencia de conducir otorgada por un profesor de autoescuela, no podías usar ningún coche. Así que la mayoría de los nuevos usuarios lo primero que hacían era conseguir dinero para poder tener su licencia, y así poder conseguir un coche e ir más rápido de un lugar a otro. Cuando llegaban a la autoescuela, se montaban en un coche y hacían lo que el profesor les pedía. Si habían hecho todo correctamente entonces, previo pago, recibían la licencia. Era una de las cosas más divertidas y realistas que podías hacer al principio. El principio del sueño americano: un coche, luego una casa con piscina… y después una mujer con hijos. Es un sueño que detesto desde siempre pero realmente tenía su interés conseguir todas esas cosas poco a poco. Como en los Sims pero con gente real, el juego era un reto social e incluso intelectual para muchos. La política en el juego era tan realista que muchos jugadores llegaban a llevarse mal entre ellos fuera del juego (como personas de carne y hueso) por culpa de lo que ahí sucedía.

Había un jugador portugués que entró sin saber nada de castellano. No podía rolear con nadie salvo usando frases muy cortas y sencillas. Tras jugar con nosotros durante año y medio (escribir, leer y hablar en español) fue a un examen en la escuela oficial de idiomas de su país y recibió la titulación equivalente a un C1 en castellano. Increíble cómo un juego podía también afectarte de una manera tan positiva en tu vida.

La Universidad fue una Universidad reducida a la mínima expresión, pero Universidad al fin y al cabo. Durante todo el tiempo que duró el proyecto (unos cuantos meses, ciertamente) dedicaba todos mis conocimientos de bachillerato a la Universidad que estábamos creando. Nuestra idea tuvo sus adeptos y logramos hacer que todo el mundo que quisiese ser médico en el juego, pasara antes durante unas semanas por esa Universidad inventada para prepararse. Llegamos a hacer material original. Exámenes y calificaciones de los que informábamos por un sistema de mailing del propio foro. Estábamos muy metidos en el papel.

Los directores y subdirectores del hospital eran todos titulados en la vida real, excepto yo. El director se llamaba Hector Peruggia y en la vida real era ingeniero aeroespacial. El otro subdirector era licenciado en administración y dirección de empresas. Ambos eran de Argentina. Yo saqué un libro de la biblioteca sobre cómo gestionar grupos grandes puesto que por aquel entonces tenía a mi cargo a unas 30 personas. Si bien el trabajo no era muy duro, mi interés por convertir ese juego en un lugar donde siempre hubiese algo interesante por hacer, me motivaba a informarme más y más. Cuando sale el tema de mis tres años en este juego de rol suelo decir lo mismo: ahí hice un curso intensivo de Administración y Dirección de empresas. Todos los ingredientes que completan esta titulación estaban en el juego: estrategia, control de información, recursos humanos, contratación, mercadotecnia, cuestión económica e incluso cuestión política.

También había leyes en el juego. Esas leyes eran una versión reducida de las leyes que regían en ese momento en Argentina. No en vano, el presidente (que era el que hacía las leyes) era de Argentina. Y era un señor de unos 45 años con mujer e hijo, que trabajaba con un taxi en Buenos Aires. Llegó a estar tan involucrado en el juego que puso a su taxi real un vinilo con el logo del servidor.
Esas leyes nos impedían hacer roles imposibles. Estaba todo tan bien montado que me pregunto cómo pudo crearse todo ese enjambre de jugadores y ecosistema legislativo-político desde casi la nada. Era un mundo en miniatura que poblaban personas durante su tiempo libre y, como se hablaba español, podían jugar personas de ambas partes del charco sin ningún problema. Los únicos momentos en los que poca gente jugaba eran entre las 7 de la mañana y las 12 del mediodía, tanto latinoamericanos como españoles estábamos o bien durmiendo o bien trabajando o en clases.

El director del hospital nunca abandonó su puesto durante los meses que estuve dedicado al mismo, así que nunca tuve la oportunidad de ser el director y de tomar las riendas por mí mismo de todo ese monumento bien intencionado y lleno de gente con ganas de jugar y divertirse de manera inteligente y, además, útil para sus vidas personales.

Así que decidí convertirme en profesor de autoescuela, lugar donde pasé algunos meses entre marzo y mayo del 2010. Tras un reseteo del servidor se crearon nuevas casas y se pusieron a la venta numerosos coches. Yo tuve la tremenda suerte de encontrarme un coche carísimo por la calle y entré para comprarlo. Fue entonces cuando la mafia del juego puso sus ojos encima mío. Yo lo sabía como jugador pero no como personaje (hay que procurar no mezclar ambas cosas, se llama Metagamming a esa falta). También conseguí una mansión gigantesca. Mi nivel en el juego ya era alto, quizá le había dedicado unas 500 horas en 8 meses (dos al día de media), así que tenía dinero para todo eso.

Un día estaba dando una licencia a un jugador nuevo. Terminó mi hora de juego y decidí coger mi coche para volver a la casa donde vivía. En el camino a esa casa fui interceptado por los mafiosos, yo lo sabía como jugador pero no como personaje, así que actué del modo más serio y realista posible. El valor de ese coche en venta era de un millón de dólares y yo prefería tenerlo en mi poder a venderlo. Los nervios comenzaron a hacer mella en mí, como persona. Me sentía nervioso porque no sólo iba a perder ese coche sino también el dinero que me podía reportar. Así que les seguí e hicieron el rol del robo del vehículo. Yo tenía que terminar el rol dando las llaves. En aquel momento sentí tanta presión que cometí la primera falta grave como jugador en el juego, a saber, acelerar un coche cuando te están apuntando con armas automáticas. No sólo me metieron un warning (con tres warnings te baneaban del juego) sino que también me metieron en la cárcel (de jugadores, no en la cárcel de la polícía del juego), además de perder mi coche. Fue, sin duda, uno de los golpes más duros que recibí tras tantos meses jugando. En cuanto tuve un poquito ya había alguien que me lo quería quitar. Conozco a gente que temía realmente a esas mafias (la mafia que me robó el coche era japonesa, la Yakuza) y que también estaban temerosos de ella, incluso en la vida real. El rol estaba tan bien hecho y llegabas a empatizar tanto con la vida de tu personaje que el sentimiento hacia él y hacia la pérdida de sus posesiones te dolía a ti como persona.

Entonces decidí dejar de jugar porque no era sano sentir eso. Luego me di cuenta de que no era ni sano ni insano, simplemente era lo que uno siente cuando se mete demasiado en una historia. Y esto ocurre tanto en un juego como en un buen libro de literatura. Son dos formatos diferentes.

¿Hay gente que ha matado a otros en la vida real emulando a sus personajes del GTA? Parece ser que sí, pero ese impulso no tiene que ver con el juego sino más bien con su personalidad previa a su vida como jugador. Hay gente que lleva su pasión al límite y se viste con cosplays, canta las canciones de sus juegos favoritos y, en fin, vive su vida casi de manera inseparable de esos juegos. Yo no les juzgo. Sé que si hubiese tenido otro tipo de personalidad podría haber caído dentro del rol, de ese juego infinito, y haberme vuelto un obseso del mismo. Por suerte supe parar a tiempo.

Paré durante unas cuantas semanas para que se me pasase el cabreo. Volví progresivamente a jugar como profesor de autoescuela y así estuve hasta terminar primero de bachillerato. El día en que terminé el curso los mismos Yakuza que me habían quitado el coche me hablaron amistosamente. Su rol tenía como objetivo introducirme dentro de su mafia. Lo conseguí tanto por mi seriedad como por mis contactos en el juego. Había muchos jugadores que roleaban con esas mafias (Yakuza y La Cosa Nostra) durante meses y no conseguían nada. Lo que me llevó a trabajar como asistente de esos mafiosos fue simple y llanamente un comportamiento serio y realista.

Mi labor como subdirector médico había tenido sus efectos más allá del hospital.

Comencé desde una buena posición. Me dieron la titularidad de un negocio llamado Kenta Restaurante. Era un lugar conocido en el San Andreas puesto que se trataba del restaurante donde Carl Johnson entró en su viaje a Liberty City. Este restaurante era no solo el lugar de reunión de la mafia japonesa sino también un lugar donde hacer auténticos roles de restaurante. Pero esto me lo inventé yo desde cero.

Comencé por contratar a un ayudante, a un chófer y a un secretario. Todo el dinero que ganaba como perteneciente a la mafia se me iba en esos gastos (cada hora de juego recibíamos un pay-hour, un poco de dinero para poder seguir jugando de manera divertida y no como un mendigo). El restaurante, al principio, estaba abierto durante solo unas pocas horas al día (las que yo estaba conectado). El resto del día estaba cerrado para todos los jugadores salvo para los miembros de mi mafia (hacían reuniones ahí).

Así que decidí darle movimiento. Decidí contratar a gente de dos horarios diferentes: españoles y latinoamericanos. Los latinoamericanos trabajarían por las noches y los españoles desde el mediodía hasta la noche. De esta manera me aseguraba siempre de que había actividad dentro del restaurante. Todo el mundo recibía dinero de lo que el negocio ganaba (si entrabas en el negocio, pagabas unos 50 dólares). Lo recibían semanalmente y mi secretario era el encargado de darles ese dinero. Tuve durante dos meses 4 secretarios porque algunos de ellos se hacían tan ricos (les daba mucho dinero para que estuviesen contentos y no me dejasen tirado) que podían entrar en otras empresas vendiendo sus coches o haciendo algún favor al director. Pero yo había creado una empresa (Kenta S.A.) que no estaba scripteada, totalmente desde la nada, eso sí, con un lugar de reunión. Se convirtió en un sitio muy popular al cabo del primer mes. Si querías ir a un lugar con gente tenías una plaza en los Santos y, luego, mi restaurante en San Fierro (San Francisco). No sólo había cocineros sino también camareros y chóferes privados. Llegué a contratar a unas 50 personas en total. El rol más divertido era el de aquel que venía con coche y luego pedía ser llevado a su casa por la cogorza que había pillado en la sobremesa del restaurante. Era todo divertido, siempre había eventos. Por ejemplo, un día vino el presidente del juego a comer y tuvimos a muchos periodistas rondando por ahí. Me hicieron varios reportajes e incluso alguno de ellos está subido a YouTube. Me daba mucha rabia buscar mi nombre en YouTube e Internet y que sólo apareciese mi nombre relacionado con este juego y no relacionado con mi vida real (por esto comencé este blog también).

En la vida real había pedido una plaza en un campo de trabajo en Alemania, para ir en agosto de ese año. Iba a ser mi primera vez fuera del país e iba a durar medio mes. Dejé todo “atado y bien atado” para que mi ausencia en el juego no se notase mucho. Además, en verano, jugaba mucha más gente.

Preparando la maleta para irme a Stuttgart recibí un mensaje en mi Gmail. Era de un administrador del servidor. Me pedía que urgentemente entrase en el TeamSpeak porque había algo importante que decirme. Yo me temí lo peor. Cuando te dicen que te des prisa y que asistas a alguna reunión te temes lo peor, aunque no hayas hecho nada malo. Como escuché en algún speech del Club de la Comedia, es el mismo sentimiento que tienes cuando te para la policía en la carretera: aunque el coche sea tuyo y no hayas hecho nada malo, te comienzas a preocupar por cualquier tontería.

Era ya de noche y yo no me esperaba para nada lo que podía ocurrirme.
Fue aquel el día en que más de nueve meses de juego fueron recompensados. El administrador general del juego me dio la enhorabuena:

Era parte de la plantilla de administradores del servidor.

Me había convertido en un aprendiz y ahora estaban a mi cuidado no sólo los clientes y personal del restaurante, sino todos los jugadores del servidor de rol de habla hispana basado en GTA San Andreas más importante.

Comenzó un momento de mucha responsabilidad en mi vida. Lo quiero relatar más profundamente en el siguiente post.

Hasta la próxima y un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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