Mi viaje por Egipto – El regreso

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Después del susto de la señora alemana y gracias a un conductor que apretó el pedal del acelerador más de lo debido, fui capaz de coger el autobús para llegar al Cairo con tiempo suficiente. Hacia Hurghada solo había autobuses, ya que la línea ferroviaria egipcia transcurre por el delta del Nilo. De ambos viajes recuerdo poca cosa, no ocurrió nada relevante.

Llegué a Hurghada en la mañana del día 29 de enero. Mi vuelo salía unas 20 horas después, así que había logrado mi objetivo:

Había visitado Egipto casi completamente. Primero había volado a Hurghada, luego había llegado a Luxor, bajado hasta Asuán y visitado Abu Simbel. Desde ahí, un autobús me llevó a la capital del país, el Cairo, donde visité Guiza y el centro de la ciudad. Tuve buena suerte y encontré un tour baratísimo que me permitió dormir bajo un manto de estrellas en el Desierto Blanco. Si queréis vivir una experiencia inolvidable, esta sería mi principal recomendación. Volad a El Cairo, consultad safaris por el Desierto Blanco, contratad uno y no os arrepentiréis.

Hay una buena parte de la población egipcia que siempre ha vivido del turismo. Cada ataque terrorista es un ataque directo al bolsillo de todas estas familias que comen gracias a nosotros, los turistas. Si dejamos, por miedo o por desconfianza, de visitar ese maravilloso país, estaremos condenándolas a una mayor pobreza. Además, tenemos que pensar que el dinero invertido en una semana en Londres (por ejemplo) nos da de sobra para cuatro en Egipto. ¿A quién no le parece atractivo esto? Si eres mujer, no te preocupes, los egipcios y los musulmanes no son, obviamente, como los pintan los racistas. Que las noticias no te asusten, que las opiniones en Internet no te echen para atrás. La gente, demostrado está, nunca se para a contar lo bueno de un país, o de un establecimiento, o de cualquier otra cosa. Si hay opiniones, siempre son malas, siempre son en caliente y tras una experiencia funesta. En mi caso, uno de los primeros posts de esta serie mostró cómo una mala experiencia no debería enturbiar el resto de cosas. Asimismo, un país con gran presencia militar y con lamentables eventos terroristas, no debería de ser tachado (como hace, por precaución, el Ministerio de Asuntos Exteriores en su web) como país no recomendable para visitar. Leí en algún lugar que los viajeros inteligentes deciden visitar países cuando en ellos ha ocurrido algún evento sociopolítico de gran magnitud, ya que todos los precios bajan y hay menos turistas. Por supuesto que siempre hay que ser precavido. En mi caso, no debería de haber andado por Alejandría durante el aniversario de la Primavera Árabe, pero fue solo falta de preparación.

En el aeropuerto de Hurghada conocí a otro chico de México que estaba visitando Eurasia y Egipto, al que invité a mi piso de Estambul ya que su próximo destino era Turquía. Me contó que tuvo graves problemas en El Cairo tras hacer fotos al lugar donde estaban unos manifestantes.  Un agente de la policía le pidió de malas maneras (y en árabe) que borrase todo el contenido de su cámara. Por supuesto, él tampoco era consciente de la gravedad de los incidentes de hacía años, y menos que le iban a pillar a él de lleno las manifestaciones, cuando solo pretendía fotografiar  la plaza Tahrir. Son cosas que se aprenden, nadie que viaje tiene el sentido común muy afinado hasta que no pasan unos cuantos días. Nosotros, acostumbrados a vivir en el mismo sitio por décadas, no tenemos la ocurrencia de meternos en medio de una manifestación, o de visitar según qué barrios con una delincuencia más elevada. Sabemos, en nuestro inconsciente, que eso implica un mayor peligro. Al viajar al extranjero este sentido común está menos desarrollado.

Se acababa mi viaje y me quedaban unas pocas horas en Hurghada, que aproveché para comer y pasar algunas horas en una playa privada. Me trataron muy bien y pude tumbarme a la bartola durante un buen rato, leer un poco y pensar en todas las experiencias que había vivido anteriormente. Volvía a Estambul, para continuar con el segundo cuatrimestre de un Erasmus que todavía me iba a deparar algunos grandes viajes. En marzo marchamos a la Capadocia, en abril hicimos un tour con el coro por el sur del país, Esmirna, Kusadasi y Éfeso. Terminé mi año en Turquía visitando el este del país, casi casi en la misma frontera con Irán, tras pasar por Ankara y Dogubayazit. Volé desde Trebisonda (cerca de la población natal de Erdogan) a Estambul, y posteriormente de Estambul a Barcelona. Esa misma noche llegué a Zaragoza.


Links a toda la serie de posts sobre mi viaje a Egipto:

PRÓLOGO

VIAJE

ADENDA

En los próximos dos meses revisaré y corregiré todos estos posts, los compilaré, y muy probablemente publicaré un pequeño eBook en Amazon.

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Sobre el autor Ver todos los posts

Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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