Mi viaje por Egipto – Introducción

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Acampamos una noche en el desierto
Bienvenidos de nuevo a mi blog.
Hacía meses que no dejaba de escribir por tanto tiempo pero, como os dije, este parón obedecía a dos razones: que he comenzado a escribir semanalmente y que he hecho un viaje por África.
Estas líneas son los primeros párrafos tras varias semanas en las que no he usado mis manos para otra cosa que no sea agarrar mi mochila y visitar una y otra y más ciudades.
Voy a escribir largo y tendido sobre el viaje por Egipto, con un nivel de detalle ni apabullante ni insuficiente sino en su justo punto medio (o lo que a mí me parezca).
En este post de introducción me gustaría comentaros un poco por encima las cifras y los nombres más importantes del viaje, tanto de ciudades como de personas, al igual que unas pocas anotaciones para hacer más comprensible el resto del viaje.
Lo principal es que he viajado solo. Los viajes solitarios son algo que no me importa, y tampoco son una actividad aislada: he encontrado a decenas de viajeros solitarios a lo largo y ancho del país africano y tanto ellos como yo nos sorprendíamos de ver a otros que se habían atrevido a un país con tantos problemas políticos, económicos y humanitarios… La reflexión sobre esta cuestión irá apareciendo conforme vaya describiendo las situaciones y espero que os parezca interesante. Normalmente los viajeros suelen escribir crónicas esquemáticas de sus viajes pero yo no me puedo resistir a hablar de él de una manera más amplia. También, quiero apuntar, voy a dedicar varios días a esto y, a continuación, voy a proceder a terminar mi primera carrera: Filosofía. Para ello me quedan unos 3 meses y medio de trabajo en Estambul y otro mes y medio más en España, donde tendré que preparar el Trabajo de Fin de Grado. Todo eso va a ocupar demasiado tiempo en mi vida y por eso quiero “quitarme de encima” la tarea de escribir sobre Egipto lo antes posible. Ya tenía ganas de escribir. Perdonad por esta digresión, será la última (de hoy).
La visita a Abu Simbel fue obligada
He viajado veinte días. Más o menos este es el tiempo que se tiene que dedicar a un país como Egipto para no quedarse con ganas de más. Con veinte días da tiempo de sobra a ver más o menos todo con un mínimo de profundidad. En un país tan grande las distancias son muy dolorosas para el reloj y lo mejor es disponer de mucho tiempo para travesías de doce horas en autobuses cochambrosos, pasando veinte mil controles policiales y del ejército. En veinte días se pueden visitar las ciudades más conocidas y las atracciones turísticas y monumentales en las que todos pensamos cuando nos hablan de Egipto.
Las ciudades a las que he viajado son las siguientes: Hurghada, Luxor, Asuán, Abu Simbel, Cairo, Alexandría, Qasr Farafra y Dahab. Por no hablar de los tours que no siempre se centraban en una ciudad concreta. Egipto no es un país de ciudades, es más un país de valles, de construcciones sumamente antiguas que son ciudades en sí mismas. 
Algo de lo que me siento orgulloso es de que he viajado por mi cuenta. Ya conocéis lo que me gusta hacer las cosas por mi cuenta. Todo lo he comprado y planificado yo. Lo cierto es que no llevaba ningún plan concreto sobre qué ver y sobre qué lugares visitar, sí que tenía en mi cabeza una lista de los lugares que merecían la pena ser visitados y, además, un circuito fácilmente modificable para no perder demasiado tiempo en enlaces de una ciudad a otra. Al final de mi viaje cumplí más o menos el planning que me propuse. Lo malo de viajar por cuenta de un mismo es que a veces las cosas no salen bien, hay esperas mortales y problemas en el transporte que dan para varias anécdotas. Lo bueno es que uno ve mucho más que la piscina de su crucero y que la tienda de papiros del amigo del guía contratado por el hotel y, en fin, que uno socializa más con los locales.
En Asuán hice fotos de película
He conocido a muchos egipcios. Cuando digo muchos es muchos. Cada día hablaba con una decena de ellos y era casi un juego. Una persona tímida no puede ir a Egipto por su cuenta porque el viaje perderá toda la gracia. Saber inglés (bien) es fundamental, por un lado es obligatorio para hacerse entender en cualquier ambiente (los egipcios, por supervivencia, saben hablar inglés) y para comprender a los egipcios que no tienen buen acento. Si uno habla peor inglés que ellos entonces está perdido en la mayor parte de las ocasiones. El inglés es el segundo idioma más hablado de egipto, tras el árabe. Cuando digo que he conocido a egipcios es que he conocido a todo tipo de ellos, por eso creo que es tan interesante que me ponga a escribir lo antes posible sobre mis experiencias. Así, a bote pronto, he conocido a militares, a arqueólogos, a vendedores, a conductores, a propietarios de negocios, a tour operadores locales, a policías, a niños trabajadores, a beduinos, a mujeres trabajadoras, a religiosos, a estudiantes extranjeros, a obreros, a camareros, etc. Y conocerlos no es haberles visto varios segundos. Conocerlos ha sido haberme presentado ante ellos y haber compartido mis experiencias y ellos haber hecho uso de una hospitalidad que, en muchos casos, era abrumadora.
He grabado suficientes vídeos (y lo suficientemente buenos) como para poder hacer una serie completa en Youtube. Me gustaría salpicar todos estos posts con imágenes y vídeos de mi viaje y, aunque sé que va a ser algo más costoso, voy a intentarlo.
Así es como quiero comenzar esta serie de posts. Podría seguir escribiendo pero no tengo más tiempo. Gracias por haberme leído y espero que os gusten los próximos posts.
¡Un saludo!
Francisco Riveira.
En Estambul, Turquía.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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