Mi viaje por Egipto – Propinas, tours y alemanes

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20150114_122359-EFFECTSParece que Egipto está abocado a la tragedia. En los últimos meses sólo he escuchado noticias catastróficas sobre el país. Ni siquiera se salvan los lugares históricos por donde estuve circulando. En el mismo templo de Luxor, en el parking donde cada día los turistas llegan en autobuses, detonaron una bomba. A pocos metros del negocio de mi amigo Mohammad. Él está bien.

Al día siguiente me desperté muy temprano para desayunar en el hostal Bob Marley. El desayuno fue estupendo y muy barato. Incluía varios tipos de cereales, zumo de melón, café, cacao y té, tostadas recién hechas, y una buena variedad de quesos, olivas y embutidos. Me llené cuanto pude y bajé a las ocho para coger el minibus que nos iba a llevar de tour por el Valle de los Reyes. No recuerdo exactamente cómo fue, pero sí que recuerdo que fuelo más inauténtico que hice durante todo el viaje. Desde luego, habiendo pasado casi 10 meses de la finalización de este poco puedo recordar, pero confío en mi memoria para poder desarrollar otros pensamientos y anécdotas.

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Durante ese día y los dos siguientes, que pasé por Luxor como un flaneur, caminé durante muchas horas. El sol no tenía piedad con nadie. Del tour, conocí a un coreano del norte, ex-militar, que llevaba varios años dando la vuelta al mundo con lo que le había quedado tras marcharse. En algunos lugares, como las islas Canarias,conseguía trabajo como camarero, y así podía aprovechar aún más el dinero que había conseguido ahorrar. Era el coreano que mejor inglés hablaba de entre todos los que he conocido a lo largo de mi vida (y, ahora que lo pienso, van unos cuantos). No me acuerdo de su cara, pero no porque todos los coreanos me parezcan iguales, creo que porque era un coreano europeizado. Su forma de ser, a la alemana, creaba una cierta distancia entre él y yo. Sin embargo, la simpatía cordial que nos profesábamos era suficiente como para entablar conversación. Al terminar el tour por el Valle de los Reyes nos fuimos a comer pescado.

Era un pequeño local haciendo esquina en la calle principal (la de la estación, perpendicular a aquella que llevaba al Nilo). Me recordaba a estos negocios de chinos que tienen todas las mesas listas para comer pero que raras veces llenan. Nosotros nos sentamos en una mesa situada en el medio del local. Pedí que me trajeran algo parecido a la dorada (que es mi pescado favorito) y me sirvieron un monstruoso pez bastante más grande de lo que yo me esperaba. El menú, al cambio a euros, salió por unos 3/4€. En cualquier lugar de España, por lo mismo, uno no puede esperar menos de 20€. Porque no fue tan solo el pescado sino también lo que lo acompañaba: la bebida, una ensalada, arroz y un pisto egipcio. Semejante menú podía tumbar al más pintado. El local estaba separado de las cocinas por un muro, por lo queel camarero tenía que salir a la calle con los platos en la mano para llegar a la zona del restaurante. La tele, como siempre, tenía un canal retransmitiendo lo que ocurría en la Meca.

Recuerdo que las sillas chirriaban mucho y sacaban de quicio a mi compañero coreano. Le pregunté bastante por sus viajes, y él me respondía y me daba conversación sin grandes dificultades. En ese momento sentí ganas de seguir viajando el resto de mi vida. Algunas personas, no sin razones, me dijeron que cómo me atrevía a marcharme yo solo a Egipto, que me lo iba a pasar mal y que era muy peligroso. Pues bien, como ya dije en los primeros posts, la primera mala experiencia que tuve fue la única. A lo largo de mi estancia no conseguí estar solo más de 2 horas seguidas. Era la atracción y, aunque mis rasgos son mediterráneos y soy bastante moreno (tras tres días de puro sol), por mi ropa se distinguía claramente que procedía del exterior.

Terminamos de comer y fuimos al hostal a descansar, no sin antes quedar para cenar con los compañeros que nos habían acompañado en el tour por el Valle de los Reyes. Al final ninguno de ellos se presentó y terminé por dar una vuelta con el coreano.

Hay algo que quiero comentar, tanto por ayudar como porque es un triunfo de viajero mochilero. En los países africanos, normalmente los hostales más cutres tienen la posibilidad de preparar tours por los lugares turísticos. Pero no siempre hay gente suficiente como para que un mismo hostal consiga llenar una camioneta con ocho personas. Así que, lo que hacen, es contratar una camioneta que vaya recogiendo, en cuentagotas, a la gente de distintos hostales y hoteles. Sí, habéis leído bien: hoteles. En un momento del viaje, surgió el tema de lo que habíamos pagado por el tour y, aunque puede que escuchase mal, entendí que un alemán (que se montó al final, al que tuvimos que esperar durante media hora para que subiese su equipaje a la vaca de la camioneta) había pagado diez veces lo que nosotros, que veníamos del hostal de 4€ la noche y que, en total, por 7 días en Luxor, había pagado lo mismo que yo, sin renunciar a nada, por 20 días como mochilero por Egipto. Así que ya sabéis, dormir en peor colchón puede significar un lujo menor durante las horas de sueño pero un ahorro mayor con respecto a paquetes y tours o experiencias asociadas a la oferta del hostal. Planead vosotros los viajes.

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El alemán del tour, un ingeniero de 30 años que viajaba solo, acababa de mandar a un ayudante del hotel subir varias maletas a la baca de la camioneta. El ayudante se quedó esperando en la puerta, interrogándole con la mirada. Comentó en árabe que no se iba sin que el señor le diese la propina. El conductor se lo comentó al alemán. Tienes que darle propina, ha hecho un buen trabajo. Y el alemán, en sus trece, (no podía achacar su egoísmo a no haberse enterado), dijo que ya había pagado por el hotel y que todo estaba incluido. Finalmente, conseguimos que le diese una libra egipcia. A todos nos cayó mal desde entonces.

Al final del tour decidimos dar una propina al conductor ya que nos había aguantado durante varias horas y se había portado de manera muy amable. De nuevo, el alemán se negó a dar propina, pues “mi paquete vacacional tenía un precio cerrado y yo no tengo por qué dar más propinas”. Así que los demás tuvimos que poner un poquito más cada uno para igualar la suma que habríamos conseguido entre todos.

No, con esa actitud no se puede viajar. Quizá en Alemania, donde todo el mundo que trabaja en hostelería ha recibido formación profesional y está recibiendo un salario digno, esto sea admisible. Sin embargo, Egipto, donde con una libra una familia puede comprar pan para varios días, no dar propina es de una mezquindad propia de imbéciles.

En la camioneta había un australiano, de unos 50 años, que había decidido vender alguna propiedad y así darse una vuelta por el mundo en bicicleta. Mientras hablaba de sus experiencias sólo pude pensar: ¡qué acento endemoniado, no hay quien le entienda! Pero también me dio una envidia sana. Hablaba de que había comenzado en el Cairo. Seguido el río Nilo por las zonas donde esto era posible, tenía pensado llegar a Sudáfrica para finales de este mismo año. ¿Qué tal llegará? Me demostró que, por muchas canas que se tenga y por muchos años que pesen en el DNI, uno es capaz de marcharse a la aventura.

Había una chica argentina de más o menos mi edad. Comenzamos a hablar al llegar cerca de la tumba de Tutankamón. Me arrepentí de esto porque no dejamos de hablar en castellano durante el resto del tour por el Valle de los Reyes. Dentro de las tumbas estaba prohibido hacer fotos y ella intentaba colársela al vigía dejando el vídeo encendido. De ahí, podría extraer screenshots y así tener fotos del interior. Si uno de esos vigías (por supuesto, nada oficial, sino egipcios que no tenían nada mejor que hacer que ir a vigilar para que los turistas no hiciesen fotos dentro) te pillaba haciendo una foto, te pedía la cámara, que borrases la foto, además de obligarte a pagar una multa de unas 50 libras. Presencié esta situación en dos ocasiones. Conmigo también ocurrió, días más tarde, en Abu Simbel. Estaba consultando el mail en mi teléfono y el vigilante pensó que estaba sacando fotos. Le enseñé la galería y me dejó marchar. Suerte en la próxima.

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El tour duró 8 horas. Si vais a Luxor, en modo mochilero, ya sabéis dónde alojaros: Bob Marley Boomerang hostel.

El australiano dijo que, durante los 15 días anteriores, casi no le hizo falta planear los hoteles en los que estaría. Cuando los locales le veían a dos ruedas, enseguida le invitaban a un té para compartir experiencias. En ocasiones, tambíen le pedían, por favor, que se hospedase en su hogar por al menos una noche.

Para el siguiente día, 15 de enero, descansé en el hostal, dí un paseo por la noche con el coreano y puse en orden mi siguiente plan de viaje.

El planning principal había variado un poco. En vez de ir hacia el desierto Blanco atravesando Egipto central, pensé en ir primero al Cairo y desde el Cairo bajar hacia el Desierto Blanco para así cumplir mi sueño de ir de safari. Cruzar Egipto central suponía mucho más dinero invertido, además de varios días más de viaje entre poblaciones oasis que no disponían (según mi información) de líneas de autobuses. Casi nadie hacía el viaje que yo tenía en mente hacer desde el principio, así que en vez de un círculo perfecto que comenzaba en Hurghada y terminaba en el Sinaí, decidícambiar de ruta. La idea, por tanto, era ir a Abu Simbel en el primer tren del día siguiente. Para ello, tenía que pasar obligatoriamente por Asuán. En Abu Simbel, la única posibilidad de hacer visitas, era yendo directamente a un hotel de bastantes estrellas, que era el único alojamiento de la población. La otra posibilidad era hospedarse en un hotel en Asuán, contratar un tour, salir a las 5 de la madrugada y volver a las 5 de la tarde, en un  convoy militar. No se podía ir por cuenta propia. O quizá sí, porque en este mundo todo es posible, pero yo no quise atreverme. Desde Asuán, cogería un autobús directo a el Cairo.

Una de las mejores experiencias que tuve durante todo el mes fue al viajar desde Luxor a Asuán. Lo dejo para el próximo post.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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