Mis primeros tres meses en Berlín

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Hace unos cinco meses que no actualizo mi blog. No he hablado públicamente de mi experiencia en Alemania, y esto contrasta bastante con todo el tiempo que dediqué, diariamente, a narrar mis aventuras por Turquía. La llegada a Berlín ha sido muchísimo más complicada que mi primera experiencia de vida en el extranjero y, aunque pueda parecer al revés, una ciudad europea supone un reto mayor para cualquier inmigrante que una de Oriente Medio.

Lo primero que quiero decir es que, a día de hoy, me parece que Berlín es la ciudad europea que mejor puede tratar (tanto económica como culturalmente) a un inmigrante. Los inmigrantes no somos rara avis, sino algo muy asentado en la urbe y asumido por parte de los demás alemanes. Además, aquí el fenómeno del refugiado es algo más real que en España, donde la mayoría de personas que hablan de la situación crítica en Medio Oriente, Siria, Turquía, y el pueblo sirio, kurdo, etc. no tienen la experiencia real o directa de haber tratado cara a cara con esas personas. Si algo he aprendido tras estudiar filosofía ha sido que, para conocer algo, es preciso tener algún tipo de conexión emocional. En cuestiones humanas no puede permitirse una descripción objetiva ni alejada del humano que se encuentra tras la estadística. En fin, Berlín da refugio a más sirios que todo el estado español. Esto nos convierte, a los españoles y demás europeos, en inmigrantes algo más privilegiados, que encuentran menos puertas cerradas.

Berlín es infinita, y me da la sensación, como cuando marché de Estambul (tras diez meses viviendo ahí) que no había descubierto ni el 5% de lo que podía ofrecer. Berlín es caótica en algunos distritos, y cerebral y bien pensada en otros. Me temo que la sensación que los visitantes se llevan de Berlín es la de una ciudad aburrida, llena de edificios magníficos de hormigón, y plagada de turistas. Pero más allá de las rutas turísticas mainstream, que se pueden visitar desde los autobuses número 100 y 200, hay otro Berlín que merece la pena explorar, y barrios para cada gusto.

En Berlín, y desde el blog Berlunes me lo dejaron muy claro incluso antes de venir, hay una ola de hipsterismo y coolismo que se hace patente en cuanto uno se da un paseo por las calles cercanas al río Spree, o por los aledaños de las discos techno que no cierran durante la semana, o por barrios en pleno proceso de gentrificación como Friedrichshain o Neukölln. Me he encontrado a muchos jóvenes de unos 25 a 30 años, como yo mismo, que viven despreocupadamente con trabajos que les permiten comer, dormir, y darse pequeños lujos casi semanalmente. Berlín, en este sentido, no se ha vuelto tan imposible económicamente como otras ciudades alemanas, donde para sobrevivir hace falta ir con una casa ya encontrada y con un buen contrato bajo el brazo. Berlunes, en un post de los más famosos (Emigrar a Berlín a la aventura) recomendaba aterrizar en la ciudad con unos 8000€ bajo el brazo, cosa que yo pude hacer, pero que no es lo más común ni, desde luego, es lo que mucha gente me cuenta que tuvo que ahorrar. Lo cierto es que las personas que llevan ya algunos años viviendo aquí llegaron con una actitud receptiva, con un perfil bajo y con alguna experiencia pasada en el extranjero. Todo viaje al extranjero, no por turismo sino para llevar a cabo un proyecto de vida, supone siempre un choque cultural. Pero conforme se repite la experiencia, el aterrizaje se hace cada vez menos brusco.

La cuestión del idioma. Para muchos de los que llegaron a Berlín el inglés no era un problema y, creedme, con inglés aquí se puede no sobrevivir, sino llegar a trabajar y a tener una vida. Hay personas, y me las he encontrado en mi curso de alemán de la VHS (escuela pública que no solo ofrece cursos de alemán sino también de otras materias distintas) que llevaban dos o tres años viviendo en Berlín y que no sabían que Frühstück significa desayuno. Por ello, como con el inglés es tan sencillo, mucha gente no hace el esfuerzo de aprender este idioma endemoniadamente complejo, cuyo orden gramatical está en las Antípodas del castellano, y que tiene casos y triple género. El resultado es habitual: algunos turcos se encierran en Neukölln, barrio en el que puedes vivir toda tu vida hablando solo el idioma de Atatürk; y los demás inmigrantes hablan entre sí en inglés, el idioma universal. Lo que quiero decir con esto es que hay una reacción en cadena: uno habla inglés, no aprende alemán porque no lo necesita para sobrevivir ni para relacionarse, entonces no conoce a alemanes, por ende no se integra en el país y, aunque Berlín sea una suerte de isla que tiene poquito que ver con el resto de Alemania, el inmigrante acaba aislado. Además, los que llegan con poco dinero ahorrado (y los vienen desde España, tal y como está la situación, lo tienen bastante complicado), tienen un mes y medio o dos meses para encontrar un trabajo y hacer todas las gestiones pertinentes.

Las gestiones: hay que empadronarse. Si no te empadronas, no puedes crearte una cuenta bancaria, o utilizar un gimnasio, o apuntarte a un curso de integración para aprender alemán hasta el nivel B1, y que te puedan devolver la mitad del dinero de la matrícula al final. Para empadronarse hay que encontrar un piso o una habitación en la que esté permitido ese empadronamiento, cosa que cada vez ocurre en menos sitios. Para ello, por supuesto, hay que encontrarla, y el mercado de viviendas en Berlín está extraordinariamente desequilibrado, con una demanda que supera a la oferta en una relación de 5-1, o al menos esa es la sensación que me ha dado. Ver un piso en Berlín implica formar parte de un casting, y si uno no habla alemán, lo tiene más complicado, y si ya no se entiende el inglés, lo mejor es ni siquiera intentarlo. Yo he pasado dos castings ya que, en mis tres meses en Berlín, he vivido en dos pisos WG (Wohngemeinschaft), dos habitaciones Airbnb y un hotel. He tenido que pagar dos fianzas que han rozado los mil euros cada una, y todavía no me han devuelto la primera. He tenido que alquilar vehículos para hacer mudanzas y comprar un montón de objetos debido a varias emergencias.

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He tenido mucha suerte, aunque yo creo que la suerte no existe, sino que hay que llamarla. Pero también he tenido mucha mala suerte. Ahora contaré mi experiencia.

Llegué a Berlín el 12 de septiembre, con un piso de Airbnb en Friedrichshain ya contactado y pagado. La habitación que estaba utilizando era de una chica turca que, casualmente, había hecho Erasmus en la misma universidad turca en la que yo estudié. El que alquilaba ese piso era del País Vasco. Vaya, que llegué a Berlín para seguir hablando español y para conocer a más españoles. Me dio la sensación de que esta persona pecaba de lo mismo que he apuntado varios párrafos más arriba: como trabajaba con el inglés, y todas sus relaciones eran o bien con otros inmigrantes o con españoles y españolas, no había hecho mucho esfuerzo por aprender el alemán.

Le comenté que había llegado a Berlín para comenzar de cero y le dije que estaba buscando piso. Me deseo mucha suerte, con el escepticismo del que sabe lo difícil que está la cosa en esta ciudad.

El primer día no salí de la habitación de Airbnb. Envié unos 10 mensajes a la página wg-gesucht (un equivalente a Idealista en Alemania), y fueron 10 porque eran los primeros que enviaba. Los envié, por supuesto, en inglés, aunque no faltó gente voluntaria para traducírmelos. No hubo suerte. Al día siguiente sí que salí, pero sabía que mi habitación de Airbnb tenía una fecha de caducidad y que antes de ese noveno día tenía que tener ya una habitación encontrada. Mi tercer día en Berlín transcurrió enviando unos 30 o 40 mensajes tanto a través de wg-gesucht como a través de varios grupos de Facebook. Me contestaron las siguientes personas: un estafador que me decía que desgraciadamente no se encontraba en Berlín y que, tras un pago, me enviaría las llaves por correo postal. Le dije que adiós muy buenas. La siguiente persona fue una chica rusa que me dio fecha y hora para visitar su casa, al norte de Berlín. Después, un turco en Neukölln, varias horas antes de la visita a la chica rusa. Esa misma noche, por Facebook, contacté con un chico francés que acababa de publicar un mensaje en la red social ofreciendo su habitación, ya que se tenía que marchar rápidamente del país.

Es decir, conseguí realizar tres visitas tras dedicar unas 14 o 15 horas de búsqueda y de envío de mensajes, llamadas y WhatsApps. Entiendo que esto puede desmoralizar a cualquiera. Os recuerdo que no conocía, por aquel entonces, a nadie que viviese en Berlín, y que mi único contacto en la ciudad ya no vivía aquí. Lo tenía todo en contra, salvo porque sabía hablar en inglés y porque no soy tímido.

En el día de las visitas madrugué y visité al turco de Neukölln, le parecí agradable y casi que cerramos el trato. No me lo podía creer, el primer piso que visitaba y ya me habían seleccionado. Pero durante la visita le pregunté que dónde iría a dormir él, ya que la casa solo tenía una habitación. Me dijo que en el sofá, que era muy cómodo y que él lo hacía habitualmente. Le dije que bien, que me lo pensaría. Lo que me quedó claro es que el chico quería vivir gratuitamente, subalquilándome a mí la única habitación, por el precio aproximado de lo que él estaría pagando por toda la casa.

No llegaba a mi segunda visita y alquilé un taxi, además estaba lloviendo. Este edificio era en Mitte, el centro de la ciudad, un décimo, el del francés. Estaba el chico esperándome en el portal, un chico de blanco nuclear, con gestos nerviosos y que no propuso subir hasta que no hubo terminado de fumar su pitillo. El piso era una mierda, pero era un piso. Su habitación estaba hecha menos mierda que el resto, y se notaba que él le había pegado una buena limpieza. Pero la cocina, los materiales del piso en general, y el ambiente que se respiraba, mostraban que se trataba de un piso en el que, como comentamos después, no había mucho “amor”. El francés era una buena persona, y me dio muy buena espina, se tenía que marchar porque le habían cancelado unas prácticas en una empresa y tenía que encargarse él de encontrar a alguien para ocupar su habitación. Hablamos una media hora y me dijo que me comunicaría si yo era el elegido unos días después.

A continuación fui a ver el piso de la rusa, llegué, había una chica francesa esperando también en el portal. Me sentí afortunado ya que solo tendría que “competir” contra ella. Al llegar al piso, nos abrió la puerta la compañera de la rusa y, tras llamarla por teléfono, nos comunicó que la habitación ya se había alquilado el día anterior. Así es como funcionan las cosas. ¡Cada uno va a su bola! Pero bueno, al menos descubrí un barrio bonito.

La mañana siguiente el turco me dijo que fuese a firmar el contrato a su casa, pero yo no le contestaba, esperando a que el francés me dijese algo. El francés me llamó por WhatsApp esa misma tarde diciéndome que había sido seleccionado y que, por favor, le enviase todos mis datos. No pude creer mi buena suerte.

La primera semana compré objetos en el Ikea y remodelé la habitación para dejarla a mi gusto. Hicimos una limpieza general, tanto el francés (que no dejaba Berlín hasta dentro de varias semanas) como el otro alemán con el que compartíamos el piso. El tercero en discordia (el apartamento tenía tres habitaciones) era un chico de Dubai que no llegué a ver, y que llevaba desaparecido en combate desde hacía varias semanas, según él porque se encontraba en el hospital con su hermano.

El primero de los problemas era que no había Internet, y yo trabajo con Internet. El chico de Dubai había decidido no pagar y habían cortado la línea. No podíamos cancelar la línea porque no éramos los propietarios de la misma, y tampoco podíamos instalar una nueva porque la antigua ocupaba la línea, lo que dio lugar a unas dos o tres semanas sin Internet en las que no pude trabajar.

Días después de que el francés se marchase, comenzó mi pequeño infierno berlinés. Y me vais a perdonar que no lo mencione, tanto por ser algo desagradable como por cuestiones de privacidad.

Cinco semanas después. Después de intentar solucionar un problema que yo no creé, y tras la nula colaboración por parte del casero, decidí marcharme del piso. Hasta entonces había visto eso como la última opción ya que, como he dicho, en Berlín la demanda es muchísimo mayor que la oferta, y me veía abocado al fracaso. Primero me marché a un hotel, antes de que acabase el mes de octubre. Luego, más tranquilamente, decidí ir a un apartamento Airbnb, en uno de los barrios más bonitos y tranquilos de la ciudad: Schöneberg.

En esta segunda ocasión ya tenía mucho ganado. Sabía qué tipo de mensajes podían ser más efectivos y, aunque me tiré dos o tres días casi sin salir del apartamento enviando mensajes, en poco tiempo conseguí concertar dos visitas. Si comencé un viernes, el lunes ya había visitado la casa donde vivo ahora, y ese mismo martes recibí la buena noticia de que había sido seleccionado.

Los propietarios y los que tienen un piso entero en alquiler saben que la demanda es alta y que no van a tener problema en alquilar sus habitaciones. Muchos de ellos están dándose cuenta de que pueden exigir al newcomer unas rentas altas, ya que va a estar dispuesto a pagarlas. En algunos edificios con tres o cuatro habitaciones, el que renta todo el apartamento vive casi gratuitamente, producto del engorde de las demás rentas. Los WGs son el mejor modo, de todas maneras, de entrar a Alemania.

Cuando leía a gente diciendo que, en menos de un año, habían vivido en tres o cuatro pisos, yo me imaginaba que esos serían los casos menos comunes. Pero yo, en menos de tres meses, ya he estado empadronado en dos casas… y espero que no tenga que moverme de aquí hasta dentro de mucho tiempo y, sobre todo, que si lo haga sea por voluntad propia.

Hay algunos pequeños trucos para poder pasar un casting con la mejor seguridad, y también me gustaría apuntar cosas que hay que evitar a toda costa. Comienzo por las segundas:

-Si tienes algo de racismo, homofobia o algún tipo de gilipollez congénita, es mejor que te la guardes muy adentro, la tragues, la expulses, y vayas a visitar pisos con los menores prejuicios posibles.

-Si no sabes inglés, lo tienes crudo. Si no sabes alemán pero sabes inglés, lo tienes algo mejor, aunque, en mi experiencia, va a costarte unas 5 o 10 veces más conseguir el piso. Mi compañera del piso donde actualmente vivo es alemana y consiguió su habitación tras una videollamada vía Skype. Vamos, el sueño de cualquiera que quiera venirse a Berlín.

-Ten suficiente dinero como para poder aguantar de hostal en hostal uno o dos meses (mejor prevenir que curar). Luego, también ten suficiente dinero ahorrado como para pagar un depósito (dos meses de la renta) y la renta del primer mes. Salvo que te quieras poner a trabajar al tercer mes de tu llegada a Berlín, no vengas con menos de 4000 o 5000€. En España se puede vivir con 500€ al mes, compartiendo piso, en según qué ciudades y en según qué barrios, claro que sin coche y sin gastos elevados en otro tipo de lujos. Aquí se necesitan, como mínimo, mil euros al mes PARA SOBREVIVIR. No es como Londres ni como París, tampoco es como Roma, aunque es un poco peor que Madrid.

-El proceso de gentrificación empezó hace unos dos o tres años a notarse en los negocios y en el coste de la vida. Comer aquí sale más barato que en España, pero el transporte público es caro y, además, hay algo que también todo europeo tiene que hacer: sacarse un seguro privado de salud. Si queréis venir “a la aventura”, si tenéis algo ahorrado y queréis probar a qué sabe Alemania y Berlín, tened en cuenta que de aquí a dos o tres años (escribo a principios de 2017) todo va a ser muchísimo más complicado.

-Algunas personas que he ido conociendo estos meses en Berlín no dejan ni un solo día de exponer sus experiencias en Facebook. A veces esto es un punto a su favor, pero en la mayor parte de las ocasiones, sobre todo si están en la búsqueda de un piso, mostrar una desesperación desmesurada, airear a los cuatro vientos que son “homeless” y que necesitan ayuda rápidamente, puede convertirles en unos futuros inquilinos poco deseables. Imagino que algo similar ocurre cuando uno busca un trabajo y su empleador descubre un Facebook lleno de imágenes de chéguevaras, fidelescastros, puños en alto, etc. Critica el sistema una vez hayas conseguido convivir con él, o superarlo. Los críticos de los problemas de vivienda en Berlín me recuerdan a los críticos de las universidades que, por lo que sea, no han podido siquiera comenzar una carrera en alguna de ellas.

-Hay que aprender a negociar. Un casting no es algo divertido. Estás compitiendo con más gente. Si viviésemos en un mundo ideal, entonces todo el mundo encontraría una vivienda con solo mostrarse interesado, pero hasta aquí llega la competitividad. O uno abraza este método o bien se dedica a criticarlo. He descubierto que esta segunda opción puede llevar a la secreta sensación de labor social cumplida y de restablecimiento de una justicia universal, pero a lo que desde luego no conduce es a encontrar un piso. Os contaré un secreto: tanto anarquistas como comunistas tienen que pasar por el temible proceso. Aunque esta ciudad haya tenido ese pasado por todos tan bien conocido, hoy apenas queda una sombra de aquel proteccionismo si eres nuevo. Es ridículo querer venir a Berlín y, por la desesperación de no encontrar nada, pensar en irse a vivir a una casa okupa.

-Viste y actúa normal en la entrevista/casting. No querrás mostrarte como alguien que no eres. Si no eres chistoso, no lo fuerces. Si no sabes alemán, no intentes demostrar que sabes decir cómo te llamas y cuántos años tienes. Si todavía tienes pelo de la dehesa, intenta que se te note lo menos posible. Haz preguntas sobre los compañeros de piso. Intenta descubrir si la gente que vive ahí tiene una buena relación. Es importante que sepas a ciencia cierta cuánto tiempo han estado viviendo ahí las personas que serán tus futuros compañeros. Yo lo debería de haber hecho en el primer apartamento que encontré y me hubiese ahorrado un mes de disgustos.

-No te agobies. ¿Te tienes en alta estima? En Berlín viven millones de personas, ¿por qué tú no vas a ser una de ellas? ¿Son todas más hábiles que tú? No, ¿verdad? Entonces convéncete, como yo me convencí en septiembre, de que puedes hacerlo.

Creo que merece la pena. Todavía me quedan muchas tareas que completar y pasos que seguir para poder decidir si esta es, finalmente, una ciudad para mí. Estos meses que vienen servirán para decidir cuáles serán mis próximos pasos.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

2 comentariosDeja tu comentario

  • ¡Hola Francisco! Me encantó tu blog. Busco tener una experiencia de vida en Alemania también, por lo que este blog me gustó mucho. Lo que me echa un poco para atrás es que no sé cómo es el trato para los que somos de fuera de la UE (soy de Colombia). Soy egresado de Ingeniería Mecánica y hablo el alemán en un nivel decente (entre A2 y B1 diría).

    ¡Saludos!

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