Por qué decir NO a un idioma universal

twittergoogle_plusrssyoutubetwittergoogle_plusrssyoutube

Ya hablé de esto (a viva voz) aquí, hace tres años.

Hoy quiero darle un repaso a esa misma idea y, además, dejar plasmado en el blog lo que pienso.
Tampoco es que mi idea sobre los idiomas haya cambiado. Creo que el gusto por los idiomas que tenía hace tres años ha disminuido un poco. Ahora los idiomas me sirven para algo, no me ayudan a disfrutar del mundo. Mi interés por aquel entonces era puramente cultural, un intento de acumulación, de cultivo personal… sin embargo, ahora lo necesito para estudiar, o para optar a becas, o para tener algún tipo de futuro. Por tanto, los idiomas ya no son esa parte romántica de la cultura, ya no suenan igual, no me apasiona ni me intriga conocer sus recovecos más íntimos. Cada idioma es como una criatura de una clase distinta. Hay idiomas muy parecidos, por supuesto, y entre ellos están las lenguas romances. Todas estas lenguas tienen similitudes, qué duda cabe. Es más fácil para un español que para un japonés aprender italiano. Un idioma lleva consigo más que palabras, lleva una cultura y es esa cultura la que es imposible de enjaular en lenguas artificiales como el esperanto.

El intento de crear una lengua universal se basa en la idea ilustrada de fraternidad. El universo entero es semejante. Tenemos que amarnos entre nosotros, respetar todas las culturas y, por tanto, crear un canal de entendimiento. Este canal de entendimiento pretende ser artificial (como el esperanto) pero no se entera de que en todas las lenguas hay algo inconmensurable, imposible de recoger en un diccionario.

A este respecto recuerdo ciudades estadounidenses como Las Vegas, o parques temáticos de diverso tipo… muchos de esos lugares no tienen historia, tienen dinero detrás. El dinero no puede comprar la historia y tampoco crearla. Podrán tener una Torre Eiffel en Las Vegas o en alguna ciudad China pero nunca podrán construir siglos de historia pasada. Es por eso por lo que el colonialismo cultural echa mano de sus armas más potentes (el dinero y la tecnología) para apropiarse de las obras artísticas o del patrimonio de otras culturas milenarias. Ante la falta de historia, ¿por qué no crearla de la nada?

Detroit es un ejemplo de ciudad echada a perder. La industria automotriz fue su sostén durante muchas décadas hasta que desde el comienzo de este nuevo siglo comenzó a morir. Hay otras ciudades (como Valencia) en las que se han creado barrios enteros con múltiples promesas de servicios de alto standing. Esto es común también en algunos países asiáticos emergentes, donde hay ciudades creadas para ser la oferta, y no tras la demanda de población. Los poblados de Estambul, que surgen como setas alrededor de la ciudad “oficial”, son creados porque la gente los necesita. Por otro lado… el desperdicio, la grandilocuencia, el dinero saliendo a chorros de los pozos de petróleo o de la especulación urbanística.

Cuando jugaba a Sim City, hace algunos años, había trucos para hacer dinero y así construir ciudades grandes. Podías crear rascacielos, puentes gigantescos, una línea de metro que conectase cada rincón de la ciudad con el resto. Pero… ¿por qué no comenzaba a vivir gente en la ciudad? La gente no iba a llenar las casas, hacía falta algo más que las motivase a vivir en esa ciudad. ¿De qué valían rascacielos enormes si no podían dar trabajo o vivienda a nadie? No se puede comenzar la casa por el tejado y eso es lo que ha ocurrido en muchas ciudades de este siglo. Se crean plazas cuando ni siquiera las plazas históricas de las ciudades se llenan… la plaza más grande de Europa se encuentra en Barcelona. Está abandonada. Se crea, repito, la necesidad, para ver si se pesca a algún incauto y se inicia una moda. También así funciona la publicidad, el porcentaje de éxito de cualquier anuncio es una miseria en comparación con la exposición que tiene en los medios.

Estoy haciendo una analogía con los idiomas, como habréis deducido. Así se han creado idiomas como el esperanto, un idioma que no obedece a ninguna necesidad cultural, a ninguna demanda de hablantes, solo a un sueño infantil que pretende la comunicación universal entre distintos individuos. Hoy en día solo estudian esperanto personas con más tiempo libre que sentido del ridículo.

¿Por qué decir NO a un idioma universal?

El viejo sueño de estos esperantistas es conseguir un canal de comunicación intercultural. Es un deseo muy digno. El problema viene cuando se intenta aplicar. Hay genocidios humanos, pero también culturales. Cuando intentamos crear un canal de comunicación de estas características estamos dando por hecho que aprender idiomas para entendernos entre nosotros es un proceso laborioso, lento y, en muchas ocasiones, infructuoso. Hay idiomas complicados de aprender. Entonces, ¿por qué no hacer todos un esfuerzo y aprender algo común? Aquí hay un problema de base. Se parte de que la comunicación va a ser posible si se crea un idioma artificial. Los idiomas artificiales tampoco tienen historia. Dice tanto un idioma artificial como una Torre Eiffel de miniatura para colgar en el llavero. Querer hablar un idioma universal es un insulto al patrimonio cultural que encierran todas las demás lenguas, hasta el punto de que hay modismos, metáforas antiguas, que sin el idioma sobre el que circulan se perderían para siempre. Hay culturas (esto les encantaba a los antropólogos de finales del XIX y comienzos del XX) que se perdieron junto a su idioma, y otras que volvieron a ponerse de moda precisamente por haber descubierto esa lengua que se creía perdida.
Querer crear un idioma así es un insulto, repito, a todas esas diferencias culturales.
Hay diferencias, por supuesto, y puede haber fraternidad a pesar de estas. El esfuerzo que realizamos cuando intentamos comunicarnos en la lengua de otra persona es una muestra de respeto, de interés por él, de aprecio por su modo de vida y la historia de su pueblo.
Perder esto es cargarse el patrimonio desde las buenas intenciones.

Por eso digo NO a un idioma universal.

También puedo aducir razones tales como que un idioma universal es una imposibilidad lógica. Que lo ideal sea que no haya más que una lengua puede responder a una cuestión de utilitarismo pero… ¿cuántas veces se han eliminado formas culturales por esa actitud utilitarista?

Los lamentos no suelen hacerse esperar después de esos crímenes.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, 6 de agosto de 2014.

Facebooktwittergoogle_plusmailFacebooktwittergoogle_plusmail

Sobre el autor Ver todos los posts

Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

1 comentarioDeja tu comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *