Por qué tenemos que gastar dinero en ciencia

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Hay muchos motivos para esgrimir un pensamiento crítico. El primero de ellos, y más importante a mi parecer, es el de la pura búsqueda de la verdad por sí misma, sin otra pretensión.

Pero ahora está de moda pensar de manera utilitarista: que lo que hagamos sirva para algo. Esta posición también es respetable pero no siempre acaba de funcionar. ¿Qué ocurre cuando determinada investigación no nos lleva a nada claro con lo que, por ejemplo, poder hacer un aparato que nos haga la vida más fácil? En este caso los utilitaristas abandonarían la investigación y dedicarían sus esfuerzos a otro tipo de materias más sabrosas. ¿Qué ocurre si esa investigación tenía un interés sencillamente archivístico, o por el encuentro de la pura verdad – o de algo que nos acercara a ella- ? ¿Qué ocurre si no investigamos en aquellas ramas que no nos prometen premios tecnológicos al instante pero que, al cabo de unos años, acaban por darnos frutos insospechados?

El criterio utilitarista no es el mejor (históricamente) para hacer política científica. La ciencia ha de seguir sus propios criterios y habida cuenta de que la ciencia no tiene objeto, sino campo, ha de pasar de uno a otro sin la intervención política de nadie. Pero la ciencia, como el resto de actividades humanas, necesita dinero. Hasta hoy, la manera más habitual de que un científico consiguiese dinero era a través de un mecenas, un Estado o asociación importante, o a través de su propio patrimonio. Pero se ha dado el caso de que los científicos hoy en día son personas de clase baja o media, que han podido alcanzar el conocimiento al que hace siglos sólo podía aspirar el clero o la burguesía. Y aquí encontramos un problema, que es el que expongo.

Se necesita un criterio para dar dinero. Hoy en día el criterio es muy endeble cuando nos referimos al coaching: hay mucho dinero dedicado a esta chuminada. También el criterio es endeble cuando nos referimos a las neurociencias. Todo lo que lleve la palabra “neuro” o que se refiera al cerebro de una u otra manera va a tener el beneplácito de los gobiernos, de la prensa científica en general y de las publicaciones científicas en particular. La ciencia también atraviesa modas.

Una vez pasada la moda “cerebrocentrista” quizá asistamos a la fiebre por los autómatas, que está hoy en día surgiendo (o resurgiendo). También la robótica tiene un futuro muy prometedor. Entonces, ¿qué criterios seguirá un gobierno cuando tenga sobre su mesa varias propuestas de colaboración económica en proyectos científicos? Seguirá no sólo los criterios que dicten los propios científicos interesados en conservar su puesto de trabajo sino también los criterios relativos a la moda del momento.

Con este post he querido abrir la problemática. Las políticas económicas son importantes en cualquier momento pero hay que pensar que la ciencia requiere mucho más tiempo que el que otorga una legislatura. La ciencia y el dinero destinado a ella no puede disminuir de una legislatura a otra porque siempre existe el riesgo de que todo el trabajo realizado por un laboratorio en concreto luego no sirva para nada si no tiene recursos suficientes. No hay problema en terminar con una línea de investigación porque si algo bueno tiene la ciencia es que todo es publicable y recuperable. Pensemos por un momento de otra manera: no utilitarista, tampoco por moda… pensemos en la pura búsqueda de la verdad o, si lo queréis decir de otra manera, pensemos en el trabajo de todos esos científicos que se ganan el pan acercándonos más a las leyes que se esconden tras la naturaleza. Pero aun así estaríamos ante un pensamiento utilitarista, ¿verdad? Demos dinero a la ciencia: mantengamos los estómagos llenos de nuestros científicos.

Así que mi propuesta es, a riesgo de condenarme citando a Platón, la siguiente: hay que buscar la Verdad por sí misma, sin más pretensiones. Hay que dar dinero a la ciencia por sí misma, sin esperar recibir nada a cambio. Seek the truth for its own sake.

Probablemente esta sea la mejor inversión en capital riesgo que se puede hacer.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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