Preludio de mi Erasmus en Estambul, Turquía.

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Me voy más lejos aún. Tampoco es que fuese difícil, Zaragoza está a unos 200 kilómetros de Logroño y apenas hay diferencia entre la forma de ser de los riojanos y de los aragoneses. Diría que son de las dos comunidades más semejantes.
En estos tres años viviendo en Aragón la mayor parte del tiempo he podido descubrir los tres tipos de aragoneses que existen y que tienen relación directa con la provincia de la que vienen. Teruel, Huesca y Zaragoza. Los oscenses provienen de una provincia más conocida por los Pirineos que por los Monegros (el “desierto”) y entre ellos he descubierto a gente simpatiquísima, tanto de un sitio como de otro. Algunos modismos especiales como el famoso “quio” o terminar las palabras de determinada manera los hace reconocibles por los demás aragoneses. No he visitado apenas la provincia de Huesca, salvo Aínsa hace algunos años y Sariñena el año pasado, donde vive mi mejor amigo. Aínsa es un pueblo con mucho encanto, al pie de los Pirineos, merece la pena darse un paseo por ahí y coger el coche y visitar los ibones (piscinas naturales en la montaña) y demás pueblos. Como en todo Aragón, se come fenómeno. La gente es muy simpática aunque en Aínsa tengo una anécdota un poco curiosa ya que dejé el coche aparcado en una zona del pueblo en la que molestaba el paso de otros coches (sin darme cuenta) y algún simpático vecino me dejó una nota en el salpicadero diciéndome que tuviese más consideración con los demás…

No suelo contar qué me ocurre en los viajes desde hace muchos años pero me gustaría ir convirtiendo poquito a poco este blog en algo diferente, un blog menos teórico y político y más práctico y nómada.

De la provincia de Teruel he visitado Andorra y algunos pueblos cercanos. Como he ido en temporada de fiestas tampoco puedo decir mucho más. Lo cierto es que no disfruto del todo las fiestas de los pueblos, quizá porque yo he nacido en Oviedo y nunca he tenido un pueblo (con abuelos en él,o familiares) al que ir cada año y en el que coincidir con viejos amigos. Así que no entiendo esa pasión que muchos de mis amigos sienten cuando llegan y comienzan a preparar las fiestas de sus pueblos. Lo mismo me ocurría cuando tenía amigos principalmente riojanos. Las fiestas en la Rioja y en Aragón se viven de una forma bastante similar salvo por la diferencia de que en Aragón hay más peñas y en Logroño la gente, por lo general, va en grupos de amigos más pequeños.
Los grupos de amigos en el norte de España (y creo que en el resto) suelen ser bastante herméticos. Cuando llega la hora de ir a la Universidad los grupos se disuelven o van perdiendo miembros y los nuevos grupos que surgen suelen iniciarse a partir de aficiones en común, como es obvio: la carrera, algún deporte… Pero a los españoles les cuesta abrir sus filas a nuevas incorporaciones. Con la mala suerte que he tenido en relación con los grupos puedo hablar con conocimiento de causa. Por hache o por be, cambio de instituto, cambio de ciudad, cambio de intereses… no he tenido un grupo duradero y con mis compañeros de educación primaria apenas tengo relación, quizá con uno o dos podría mantener una conversación de más de media hora sobre algo que no fuesen experiencias infantiles.
Al ir a Zaragoza comencé a hacer amigos y a quitarme de encima mi timidez. Tanto es así que antes de llegar a Zaragoza ya tenía planeado quedar con varias personas. Al entrar el primer año en una residencia se me dio la oportunidad de conocer a gente que de otra manera no podría haber conocido. Los pisos de estudiantes son más baratos, pero como desventaja tienen la imposibilidad de hacer numerosos amigos en el mid-time, es decir, entre el tiempo que pasa desde que uno llega de un largo día (o corto) en la Universidad y el momento en que sale de fiesta (con los compañeros de Universidad). Tampoco tuve demasiada suerte porque o se salía los jueves o no se salía nunca: todos los fines de semana los de mi carrera se iban (al igual que yo) a sus ciudades/pueblos de origen. Yo me iba cada dos semanas hacia Logroño puesto que en la residencia no podía lavarme la ropa y, además, no estaba de más visitar a la familia.
El primer año fue bastante divertido y pude ahondar más en mi interés en la filosofía. Cuando ese interés sale fuera de, como diría Homero, el arco de mi mandíbula, se vuelve público y se ve sometido a la influencia externa. La filosofía, como cualquier otro interés en alguna parte de las ciencias sociales críticas, es vista de manera diferente si uno solo se tiene a sí mismo como juez válido. Cuando llegan los profesores, los alumnos que saben más que tú sobre noséqué autor y cuando, sobre todo, te das cuenta de que ya no eres el mejor del curso como sí que lo fuiste en bachillerato… la cosa cambia. Mi relación con el conocimiento etiquetado como filosófico se vio bastante mermada. Ya lo veía como una puta utilizada cuando en bachillerato había sido mi amor romántico, personal e intransferible. Nadie como yo amaba la filosofía en bachillerato (salvo el propio profesor que me la impartía) y al llegar a la Universidad me vi obligado a compartir mi amor con los demás.
Como amante celoso no supe tragar bien esta nueva necesidad de compartir el interés con los demás. Había numerosos riesgos: parecer pedante o, por el contrario, poco informado y falto de lecturas. Recuerdo que en primero todo el mundo se había leído La sociedad del espectáculo de Guy Debord y yo, ya en cuarto de carrera, no he echado ni una ojeada. Sin embargo yo había leído todo Platón, me encantaba Sartre y aun no habiendo descubierto a los autores más importantes de la filosofía de la ciencia mis críticas de autores cientificistas, o periodistas autodenominados escépticos (de garrafón, como yo los llamaba) no se había hecho esperar. Eso sí, en primero comencé a dejar de usar mi podcast y, aunque me gustaría volver a retomarlo este mismo verano, me da bastante vergüenza compartir de nuevo mi voz con el mundo, a sabiendas de que me escucha ahí más gente de la que me lee en este blog… por no hablar de YouTube, lugar en el que, de compartir algún vídeo comentando determinados temas, recibiría quizá 5 veces más visitas que aquí o en el podcast… JUNTOS!
Así pasé a segundo y tuve el curso más agobiante de todos, las asignaturas se habían hecho más duras y yo me había acostumbrado a un primero de filosofía en el que no me exigí a mí mismo ni la mitad de la mitad de lo que me exigí en bachillerato. Quizá no me lo exigí a mí mismo sino los profesores. En la Universidad no sientes presión hasta que no llegan los exámenes y ese camino de tres meses anterior puede ser tal y como tú quieras, nadie te presiona, nadie te exige nada… todo te lo puedes tomar a tu bola. Claro que hablo de mi carrera, mi caso particular. Soy consciente de que el nivel de exigencia en mi carrera no ha sido tan alto como en otras (incluso otras carreras de letras, o consideradas como tal)… Pero me sentía cómodo, leía cuando quería, me divertía cuanto me daba la gana y mi vida social había dado un salto exponencial desde el momento en que me uní a un grupo de música de heavy metal como cantante. Esos fueron de los mejores meses de estancia en Zaragoza porque ya no solo tenía a mi curso de filosofía sino que lo compatibilizaba con una de mis grandes aficiones (de las baratas, de las caras aún no puedo decir nada…): la música. Llegamos a dar unos tres conciertos como Ocre Melisma, yo estaba haciendo las voces que un tío creó y que una tía grabó. Estaba formateando mi voz, un rasgado penoso y asqueroso a lo Axl Rose en sus peores conciertos del ’92, convirtiéndola en una voz de cabeza bastante potente y que fue mejorando con el tiempo hasta hacerse menos estridente, más sostenida y con mucho más registro. No he dado los suficientes conciertos como para decir que soy un especialista en ellos, de cada uno de ellos he salido agotado vocal y físicamente hablando, pero también he salido con el ego por las nubes y ganas de más, de mucho más… aunque no pagasen. Porque señoras y señores, a nadie le pagan por sentirse en las nubes, ni en Zaragoza ni en Cádiz… los grupos pequeños no merecen la pena a los bares que los “contratan” (por decir un pequeño chiste en este post, ya que ni siquiera te pagan). Hay que ir a festivales, o a iniciativas del gobierno de la región, para ver algo de dinero. Nada de todo esto puede pagar lo que te has gastado en el local de ensayo durante meses, en micrófonos, cables, altavoces, amplificadores (en mi caso)… y clases de canto.
Tercero ha sido un año especial, es un año que termino realmente dentro de unas seis semanas y cierro la etapa de mi vida que ha transcurrido en Zaragoza. Comencé haciendo psicología además de filosofía, psicología por la UNED: Llegó enero y descubrí que en Erasmus había un destino que me gustaba y al que, además, podría venir una de las personas con las que mejor me llevo desde primero de toda mi clase. Todo eso se sumó a que nada me ataba realmente a Zaragoza porque el grupo no tiraba para adelante y yo no tenía excesivos lazos emocionales hacia ninguna persona de la ciudad que me impidiesen pensar de una manera semejante a lo racional y creer que mis huesos estarían mejor en otro país bailando al son del bombo local.
Eso me obligó a preparar el B2. Si queréis saber cómo me preparé el B2 podéis pinchar aquí (cuando hablo de B2 me refiero al First Certificate). Mi nivel de inglés este año ha aumentado lo justo para poder pasar por el aro. Llevamos haciendo papeleo mis dos compañeros y yo desde prácticamente enero y mi cabeza ha estado pensando en esta próxima etapa prácticamente cada día desde hace 7 meses.  He pasado el curso con todo aprobado y, además, con el B2, que nunca me esperé aprobar con tan poquita preparación. La verdad sea dicha: me ha parecido una tontería. El resto ha ido bien, parece que he recuperado el blog y aunque no he recuperado mi antiguo ritmo de lecturas estoy contento porque vuelvo a retomar viejos y buenos hábitos, como son, especialmente, el de la escritura.
Me voy a Estambul.  Viajamos en la madrugada del 4 de septiembre para asistir a las jornadas de introducción a los estudiantes Erasmus. 
Sí, lo sé, Estambul no es el destino que cualquiera se imagina cuando le hablan de Erasmus. Es, más que Europa, Asia. Es un país poco cristiano, a diferencia de la mayoría de destinos Erasmus típicos como Alemania o Italia. Hay fiestas pero no se reconoce por eso. Hay desfases, como en cualquier network Erasmus, pero hay mil cosas mejores que hacer en la ciudad. La vida en la ciudad es mucho más apasionante, por lo que me he informado, que en muchas de las capitales europeas. Hemos tenido algunos problemas de cara al papeleo ya que hemos necesitado visado. No es un país propiamente europeo. No está en el euro y tampoco sirve la tarjeta sanitaria europea así que necesitamos cambiar el dinero a la lira turca y, además, hacernos un seguro médico para el año que estemos ahí. 
Sí, vamos un año, yo y mis dos compañeros. Uno de ellos, como ya he dicho, es compañero de clase, el otro va un curso por debajo de nosotros. Solo uno de nosotros ha viajado antes a Estambul pero para mí va a ser una experiencia totalmente diferente. Nunca he viajado a Oriente Medio, ni a África, ni a ningún país musulmán (aunque se considere laico) y estoy seguro de que el choque va a ser algo fuerte durante las primeras semanas. No tengo ni idea de turco, ni siquiera me sé, a día de hoy, los números, pero entra dentro de mis intenciones el aprenderlo para al menos sobrevivir en el país aunque lo ideal sería llegar a hablarlo tan bien como para conversar con los propios turcos. Conozco a rumanos que, al cuarto mes de entrar en España, ya hablaban castellano de puta madre, incluso con modismos o frases hechas. Los rumanos tienen mucha mayor inteligencia que los españoles para aprender idiomas, al menos eso dice el tópico. Los españoles lo tenemos peor. Además, el turco es una lengua sin raíces (apenas) latinas. Sé hablar italiano porque, a través de las raíces latinas, es bastante sencillo formar palabras o descubrir palabras que uno no sabía, solo por la transcripción fonética. El alemán está conectado al inglés, y el francés al italiano. También el rumano está conectado al  castellano a través del latín pero… ¿el turco? Es como ponerse con el árabe, solo que con alfabeto latino. El lenguaje turco va a ser una prueba considerable para mí y espero poder pasar ese obstáculo con éxito. Así y todo, tengo miedo de acomodarme al inglés del entorno universitario. Tengo miedo de conformarme con un grupo de amigos Erasmus en el que solo se hable inglés (y, además, inglés de aquella manera), trabajos en inglés, etc… por primera vez me da miedo terminar sabiendo demasiado un idioma, ya que eso habrá significado que no le habré dedicado mucho tiempo al turco. Me gustaría, por último, poder salir en 2015 sabiendo mantener una conversación en 4 idiomas (lo que yo considero el momento en que uno puede decir que es bilingüe, o trilingüe): italiano, inglés, castellano y turco. ¿Me abrirá las puertas al árabe? Me encantaría aprender árabe, tanto por cuestiones prácticas como por cuestiones culturales. Hubo un tiempo en que solo quería saber idiomas para parecerme a Goethe… (tócate las narices) o a aquel poeta del romanticismo alemán que se volvió loco y terminó sus días viviendo en una mazmorra hablando una extraña mezcla de francés, alemán, italiano e inglés. Ahora necesitaré aprender esos idiomas para comprar el pan.
¿Y después?
Después el Trabajo de fin de grado. Lo haré a distancia, por supuesto, y lo presentaré, imagino, en septiembre del 2015. Allí ya tendré que pensar en un máster y, aunque sé que lo pasaré bien en Turquía, los estudios en ese país son muy caros si uno no es Erasmus, llegando a pagar anualmente hasta 30.000€ (special exchange students). Ese siguiente paso tendrá que darse con mucha meditación y, aunque sé por dónde quiero moverme a partir de ahora, también tengo que ser consciente del suelo resbaladizo y lleno de arenas movedizas en el que el mundo (y los estudiantes de ciencias sociales) se encuentran. Me gustaría no volver a España, no porque la odie, sino porque aunque fuese por el nuevo idioma que aprendería fuera ya merecería la pena el cambio. Creo que quedarse en la misma comunidad es más un mecanismo de defensa que un plan racional de vida. Lo jodido es que todos nuestros planes de vida racionales pasen por encontrar un lugar en el que sentirnos seguros: sabernos las líneas de autobuses, conocer la mitad de las caras de camino al trabajo, criticar a los mismos políticos… 
Me parece una vida aburrida, un coñazo (y perdóneseme el palabro machista) y una pérdida de tiempo. Si ahora, con 23 años, no tengo nada que me ate a ningún sitio (salvo el dinero, o la falta del mismo), no tengo que pensar en ningún lugar como en mi casa definitiva. No tengo el pensamiento definitorio, o teleológico, que caracteriza a muchos de mis amigos… me gustaría no parar y eso ya es algo que crea diferencia. En España, en la Rioja, las posibilidades de trabajar de lo que yo quiero son mínimas… pero si, por ejemplo, me ofrecen dar clases en Maracaibo, allá que me voy. Si yo hubiese podido elegir haber nacido en otro sitio habría escogido América Latina, eso siempre lo he dicho.
De momento hasta aquí hemos llegado, y he llegado hasta un momento en que me gusta cómo estoy. Tengo más cuidado al conducir porque no quiero morir justo en este momento. Es una frase infantil y estúpida pero así es como pienso ahora en relación a mi “connatus”. También quiero dejar ya algo escrito y publicado. He pensado en maquetar este blog puesto que, contando este y unos diez posts más, ya daría una cantidad suficiente de páginas como para crear un libro de doscientas.
He contratado Adwords para publicitar el post del First Certificate, con eso consigo visitas y, aunque no se vaya a quedar ni el diez por ciento (porque este no es un blog de idiomas) espero simplemente ver cómo funciona y, más adelante, hacer otro tipo de contenido. Tampoco quiero especializarme porque odio el “serse” de Unamuno, prefiero “serlo todo” y, aun sabiendo los riesgos de apretar mucho y no abarcar nada (un estilo JPelirrojo: cantante, actor, compositor, deportista… que le gusta todo pero no es bueno en nada) prefiero seguir esta senda. No quiero convertirme en un pedante, solo quiero explotar bien mis cuatro aficiones más o menos bien definidas. Ya desde aquí solo queda prosperar en ellas y ver si hay suerte y puedo dedicarme profesionalmente a alguna.
Este es el primero de una serie de posts en los que hablaré de mi experiencia como Erasmus en Turquía. He leído otros blogs (si alguien los quiere, que lo pida por los comentarios) de chicos y chicas viviendo en Estambul y me han servido de mucho, así que yo quiero participar. Además de eso, se recomienda desde el propio Erasmus que los que lo estemos disfrutando demos fe de nuestras aventuras, problemas y vivencias en general. Es por esto por lo que lo etiqueto como “Erasmus”. 
Pronto hablaré de los temas que me caracterizan y espero, de verdad os lo digo, volver con el podcast. Tengo muchas ganas de hacer cosas interesantes con estas herramientas gratuitas y apasionantes.
Un saludo a todo el mundo que me haya querido leer.
Francisco Riveira
En Logroño, 18 de julio de 2014.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

2 comentariosDeja tu comentario

  • Apreciado Francisco, mi hijo tambien estudiar´en Estambul, a parir de Septiembre.Me dice que le hace falta un seguro medico, ya que la tarjeta sanitaria, no es valida en Turquia. Como lo has hecho tu?.
    Tu post me parece muy bien, te seguire. Yo hace como 16 años, estuve trabajando en Antalya, y conoci un poco Estambul, me encanto, es fascinante y espero ahora que mi hijo estudiara en esta ciudad conocerla de nuevo.
    Gracias por tu ayuda.
    Mi nombre es Tomeu Alcina. y mi correo es director.general.sep@meliacuba.com

    • Buenas.

      Antes de nada me gustaría agradecerte tu comentario, espero que los próximos posts que haga sobre Estambul os sirvan de información tanto a ti como a tu hijo.

      Respecto al seguro médico, efectivamente, la tarjeta sanitaria no es válida, además la universidad (En mi caso es la Bogazici) no ofrece ningún tipo de facilidades en ese sentido salvo la atención primaria en una enfermería dentro del campus. Una compañera estuvo todo el curso pasado en Turquía y nos recomendó un seguro privado de Mapfre. El que yo he estado mirando es un seguro de viaje que cuesta unos 220€ (en total) y que es vigente durante 10 meses (o lo que dure la estancia en el país). Turquía se considera por Mapfre un país “ribereño del Mediterráneo” así que no es especialmente caro.
      Hemos mirado otros seguros pero no eran tan amplios como el de Mapfre.

      ¡Un saludo!

      PD: Te reenvío este mismo comentario a tu correo.

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