Qué es filosofía

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Parece ir siempre por detrás de la ciencia recogiendo lo que a esta escapa o rechaza como inválido (y no merecedor de entrar en ese ejercicio de falsación y verificación, insoslayable en cualquier actividad científica).
Yo creo que no, yo creo que va siempre a la vanguardia de todo lo científico.

Entiendo que a algunas personas (bastante inteligentes, porque pensar en estos términos significa usar el aparato crítico y haber llegado a cierto nivel de abstracción) les pique mucho que, en las clases de filosofía en bachillerato, se hable de determinados filósofos como los antecesores de no sé qué tipo de descubrimiento científico. Por poner un ejemplo: la preocupación de Goethe por descubrir aquello que nos igualase a los animales (el conocido hueso intermaxilar, precedente de la teoría de la evolución darwiniana), el mecanicismo postcartesiano, los notables barruntos de filósofos clásicos como Aristóteles que dejaron escritas las bases de numerosas ciencias que hoy en día han llegado a nuevas cotas de abstracción (y de cuyo objeto de estudio se ha cambiado incontables veces, por no hablar de su racionalidad o intelección, diferente a la que era en un principio), etc.

El hecho de poseer un terreno no arado para la especulación sin ton ni son (¿esto es criticable o no?) dota a la filosofía de una frescura constante y un adelanto a todo lo que después la ciencia demuestra empíricamente.
El terreno de la ciencia sí que está arado. Probablemente a un filósofo que lleve toda su vida estudiando filosofía salir de ese campo pueda resultar asfixiante y quiera retornar a las llanuras especulativas y sin normativizar.

No sé si estoy a favor de la normativización aunque entiendo a Cartesio cuando hablaba en el Discurso del método de que ya estaba bien de volver a comenzar a hacer filosofía desde cero filósofo a filósofo, que ya estaba bonito, que era hora de sentar alguna base mínima que no pudiese ser discutida. Pues mira, querido Descartes, hasta en eso te equivocaste… como que no ha habido pocas “demostraciones” que han tirado por tierra la base tan segura sobre la que tú te montaste en un principio, sobre todo porque para llegar a esa conclusión tuviste que efectuar con no pocos retrocesos e ideas bizantinas (en mi opinión, que no debería de importar mucho). Hoy Descartes sigue presente y sigue haciendo daño (en medicina, por ejemplo).

La filosofía va incluso delante de sí misma. Si esta enciende una luz en el portal número 1 de una calle va a tener por seguro que al mismo momento se ha especulado con que esa luz no exista, que esa luz es reflejo de otra o que esa luz, en realidad, se encuentra en lo más alto de la mentada calle.

Porque la filosofía, creo, no es una sino que son muchas, y esto permite a la filosofía una disparidad y un ejercicio sui generis que no ocurre con más disciplinas (incluso dentro de las “ciencias” humanas, que de científicas tienen bien poco, más bien serían “ideologías humanas”).

Es una rara avis, consigue poner de los nervios a científicos, a teólogos y a personas que van caminando por la calle sin mayor preocupación.
La misma sorpresa que siente alguien cuando, justo al iniciar los créditos finales de una película que acaba de ver en el cine, se ve preguntado que por qué le ha gustado la película. No se le está preguntando si sí o si no, sino el porqué. Verse en la situación de encadenar un pequeño discurso que argumente el porqué de que a alguien le ha gustado una película justo después de terminar de verla es, además de una crueldad, pedir demasiado.

Pedir demasiado es pedir una preocupación conscientemente filosófica a las personas. No es eso lo que hay que pedir, hay que demostrar con cada actividad que aparezca o con cada problema social relativo a la ética o a la antropología filosófica que esta (la filosofía) tiene un papel importante en esas acaloradas discusiones que, como ideológicas que son, no tienen los puntos nodales en común.

Me basta con tener la convicción de que tanto la filosofía como las ciencias tienen en común el desarrollo de unos argumentos racionales.

Doy por hecho que la filosofía es eso, aunque se me puede rebatir y de hecho mañana mismo podré estar rebatiéndome a mí mismo (o viendo carencias en este escrito, que hago por una necesidad puntual).
También doy por hecho que absolutamente todo discurso, en tanto que se encuentra dentro de unas estructuras lingüísticas producto de un contexto sociocultural, tiene manchas de ideología.

Esto a mí me causa inquietud.

En Zaragoza, a 7 de marzo de 2012.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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