Qué pasa con Gustavo Bueno

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Foto por Diario de Mallorca
El post (con diferencia) más visitado de todo mi blog es uno en el que hablo de Gustavo Bueno. Más que hablar, lo alabo. Y he tenido varios comentarios negativos por ese hecho. El último ha sido de una persona que nos llama “papanatas” a los que tenemos en alguna consideración al filósofo riojano.

Yo, lejos de querer ser un papanatas apoyando sin ninguna razón a un filósofo, pretendo con este post hacer algún apunte a este tipo de comentarios, pues son bastante comunes a lo largo y ancho de la blogosfera, y a lo largo y ancho del mundo académico (dos mundos que comparten muchos de sus principios, aunque pueda parecer increíble, principios como la envidia por la fama ajena o la crítica ad hominem sin haber leído una sola línea del criticado).

Qué entretenido es ver los programas a los que invitaban a Gustavo Bueno. Los que más me gustan son aquellos en los que se tenía que defender una causa (como el psicoanálisis, por ejemplo) y en los que aparecía el filósofo para sentenciar con frases irrefutables. En uno de ellos (“De buena ley”) el propio profesor Bueno decía al jurado (que se encargaba de, haciendo el papel de un juez imparcial, dictar sentencia ante lo expuesto por ambas partes) que a él le daba igual lo que el juzgado decidiese, que había cosas que eran así y que por mucho que un juez dijese lo contrario, no podrían cambiar. Por ejemplo: por muy buenas razones que se argumentasen a favor de que la suma de los ángulos de un triángulo sea mayor o menor que 180, eso iría en contra de la geometría universalmente aceptada. Era el único que, fuera de esos programas, seguía manteniendo esa actitud beligerante ante las fantochadas de los demás invitados. Uno de los más divertidos es el lance que tiene con una “jungiana”. Yo tampoco me llevo bien con Jung, ni con Freud… en ese sentido me uno a las críticas de Bunge y de Bueno al respecto. Os dejo el vídeo:
La ideológica es la postura más complicada de describir. La deriva ideológica de Bueno proviene del marxismo. De hecho, en algún momento, Gustavo Bueno se ha considerado marxista. Pero no es un marxista al uso común, y con esto de uso común me refiero al uso mostrenco y alejado de la autocrítica de muchos marxistas del tipo tuitero (esos con fotos en blanco y negro de sus héroes de la Internacional que se nutren de la endogamia intelectual y de citas de libros clásicos que no dicen nada interesante). Hay que tener en cuenta que Gustavo Bueno es, antes que polemista, un filósofo. Es un filósofo con un sistema enorme detrás suyo que ha elaborado una teoría de la ciencia que no se puede encontrar en ningún otro filósofo español. Me refiero, como muchos sabrán, a la Teoría del Cierre Categorial. Él incluye esta nueva noción (aunque no es nueva en campos como las matemáticas, sí que lo es para la filosofía) que nos permite diferenciar entre campos de conocimiento y evitar un pensamiento sobre los mismos cerrado e insuficiente. Me prometí a mí mismo dar una lectura más profunda de toda esta teoría pero van a tener que pasar todavía unos cuantos meses más para ello. (Esta definición de la TCC es insuficiente, así que pasadla por alto). No encuentro en España, país donde los filósofos son tan reacios a la creación de escuelas (o a que se les asocie con una en particular), un pensamiento elaborado a lo largo de los años con la misma profundidad e indiscutible finura como el de Gustavo Bueno. 
Soy de los que piensan que para criticar a un filósofo, cuando habla como tal (no cuando opina en la barra del bar, claro), hay que conocer de una manera u otra su sistema. De ese modo tenemos que pasar a formar parte de su juego, hacernos con sus conceptos (que son las piezas con las que los filósofos jugamos siempre) y discutir en el mismo terreno. Por supuesto, si queremos dar una nota discordante, tendremos que entrar en ese u otro sistema filosófico. ¿Qué ocurre aquí? Que la crítica al sistema de Gustavo Bueno sólo puede realizarse (e insuficientemente) desde visiones parciales, críticas a términos particulares que pierden el norte del sistema complejo en que están imbricadas. Es decir, para que un castillo sea inexpugnable no solo basta con que las murallas sean fuertes, también se necesita que el ejército que lo intenta conquistar sea lo suficientemente débil. 
Los ejércitos que intentan conquistar, mediante críticas parciales, redundantes y falaces, el pensamiento de Gustavo Bueno, se dan siempre de bruces con un sistema complejo y completo.
Por lo demás, todos tenéis derecho a meteros con él como persona. Pero eso ya no es filosofía. Si queréis discutir con el filósofo hacednos el favor de mostrar un mínimo de seriedad y plantarle cara dentro de sus propios argumentos o usando otros, con la misma fuerza, aunque no pertenezcan a su sistema.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Estambul, Turquía.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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