Quimiofobia

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No nos referimos a los que odian esta asignatura en el instituto, no, sino a los que tienen pavor a todo aquello que tenga la etiqueta de “químico”.
Este pensamiento no sólo es infantil sino que denota una profunda falta de conocimiento científico.
El problema es que aquellas personas que afirman estar en contra de los productos químicos suelen ser personas formadas en otros ámbitos del conocimiento humano (de letras, por ejemplo) o directamente no tienen ninguna formación. Por tanto este problema se soluciona con educación.

Gente sin ninguna formación se cree aquello de las terapias alternativas, la naturoterapia, las técnicas de sanación “milenarias”, etc. Esas formas terapéuticas beben del miedo irracional que de la química se tiene (entre otros elementos). No es gente bien informada y, por eso, hay que cuidarse mucho de pensar que actúan por mala intención.

Incluso algunos de esos sanadores espirituales que ponen en orden tu energía chi, los chacras o la fuerza luminosa que hay en tu interior (he escuchado peores gilipolleces, os lo aseguro) se lo creen. Ellos creen que están haciendo un enorme favor a sus pacientes y, sus pacientes, por otro lado, se sienten tan respetuosamente tratados, tan queridos, y tan obnubilados por la terminología utilizada (curación pránica, tratamiento holístico, etc) que siguen pagándoles.

Pero los hay con malas intenciones. Esas malas intenciones se hacen tan corrientes en su vida que ya la mentira les sale sin esfuerzo. Tras repetir una mentira muchas veces, como diría aquel, se convierte en verdad. Pero en verdad no para los demás sino para la persona que la cuenta.

Los productos comestibles tienen que tener colorantes porque si no veríamos las frutas o verduras de un color poco atractivo, también tienen que tener conservantes ya que es imposible que viajen tanto y permanezcan el tiempo que pasan en almacenes, refrigeradores, etc. Esto es necesario para aguantar el tren de vida que tenemos.

Algunos me diréis: claro, es que no nos interesa mantener el tren de vida que tenemos, hay que abogar por el decrecimiento. Yo veo un problema muy básico en las teorías del decrecimiento y es el mismo problema que veo a las mareas ciudadanas o a la educación a los niños para que vayan a reciclar: ni unos ni otros tienen el más mínimo poder político en comparación con los que obligan a consumir más de lo necesario, etc.
Y veo en esta teoría algunas sombras de primitivismo, de miedo y de desinformación respecto a la tecnología. El miedo a la tecnología ha sido algo común desde siempre y, casi obligados por ella, acabamos por adoptarla como parte fundamental de nuestras vidas. Ya dije en otro post que esa tecnología hay que ponerla a nuestro servicio y que, si creemos que está en manos peligrosas, hay que intentar o bien arrebatarla o bien crear una versión a nuestro gusto y entera disposición. El miedo a la tecnología es algo que no entiendo viéndolo desde mi punto de vista. Las razones suelen ser siempre muy moralistas y, por tanto, poco serias. No admito ninguna opinión basada en lo general en términos morales. Hoy está de moda debatir así y por eso odio ver la televisión. Después de un año desconectado de las mierditertulias ya os diré qué tal ando de salud mental. Os adelanto que mejoraré.

Y esos motivos son principalmente morales, al igual que los motivos para hacerse vegetariano son morales. Lo racional del planteamiento es algo que suelen apuntar algunos. ¿Es la empatía algo racional? ¿Y si es empatía con los animales? Hay mucho escrito sobre esto, Schopenhauer me diría que es racional sentir empatía por los animales. Otros me diréis que por supuesto que hay motivos racionales para ser vegetariano. No voy a entrar en eso ahora.

Cuando la quimiofobia (que es otra manera de decir que todo lo artificial es despreciable de por sí) se instala en los anuncios y pasa a formar parte del imaginario colectivo es entonces cuando todos (y los químicos principalmente) tienen que salir y educar, divulgar en qué consiste la química y cómo pretende hacernos más fácil la vida y no, como entiende este grupo de opinión, matarnos silenciosamente.

Un saludo.

En Logroño, España.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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