Razones para aprender chino y árabe

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Unos meses atrás escribí sobre cómo ser culto. Creo que se me olvidó darle más importancia a una parte ineludible dentro de ese camino: aprender idiomas.
Hay un tipo de personas (como yo) que nos gusta acumular y acumular conocimiento, y de cuanta más calidad, mejor. En este sentido, los idiomas son también una moneda de cambio con la que fardar o con la que, simplemente, poder resultar más cercano a otras personas en el mundo. Sin darme cuenta fui mejorando mi inglés y mi italiano, sin ser muy consciente de ello y con pocas oportunidades de practicarlo a lo grande. Eso sí, toda oportunidad que veía la intentaba explotar al máximo: en un viaje de tres días casi acosaba a los italianos para que hablasen conmigo y, en inglés, cuando conocía a alguien con el que no pudiese expresarme en otra lengua, intentaba hablar lo más posible, incluso con frases mal construidas o palabras inventadas y de apariencia internacional.
Los idiomas son otro de los grandes pasos a seguir para ser culto.
Hay tres o cuatro idiomas con los que uno puede decir que es capaz de hablar con la mayor parte de la humanidad: español, inglés, chino y árabe. El árabe lo tengo bastante presente, no diariamente sino dependiendo del círculo en el que me mueva. Con los amigos sirios (que no son metafóricos, son realmente personas de carne y hueso que he llegado a conocer) he aprendido un poco de ese idioma, aunque ya la mayoría se me ha olvidado… ¿por qué? Porque las anécdotas en idiomas con alfabetos distintos son difícilmente comprensibles. Quizá, por una buena jugada de la memoria, se mantengan palabras bien distinguidas (ki fak, evn el sharmouta…) pero para nada son suficientes. En cambio, con el inglés, francés, alemán… o las lenguas germánicas y latinas en general, al tenerlas tan presentes en nuestro día a día, esta labor es más interesante. A pesar de todo, un conocimiento de esos idiomas profundo y más allá de lo anédcotico requiere mucho tiempo. El alemán, por ejemplo, no es un plato fácilmente digerible.
¿Pero qué ocurre con otros idiomas como el chino? El chino y el árabe son los únicos dos idiomas que yo aprendería por motivos totalmente instrumentales, utilitaristas, sin intereses culturales previos (como me ocurría con el italiano o con el alemán). Son idiomas hablados por tantos millones de personas y que abren tantas puertas en cualquier ámbito (laboral, cultural…) que pasarlos por alto a mi edad (máxime habiendo gente con setenta y tantos que esá aprendiendo idiomas como si nada) es un error que no quiero cometer.
Por tanto, el siguiente paso en este camino es aprender bien uno de esos dos idiomas: chino o árabe. Ambos requieren años, requieren incluso vivir en el país (viviendo en Turquía
me doy cuenta de lo que estaría aprovechando aquí haber aprendido turco antes de venir), pero las satisfacciones que dan a corto y largo plazo son una consecuencia tan atractiva que no puedo esperar el momento de terminar la carrera y ponerme con ello.
Y si os interesan los idiomas y el modo de aprenderlos os dejo el canal de Steve Kaufmann
Un saludo.
En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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