Reducción a ETA

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La coña de que todo es ETA tiene su origen en una intuición bastante feliz por parte de la comunidad twittera y, en general, la creadora de memes de internet. En ocasiones estos memes aparecen en los little think thanks que ya son, sin lugar a dudas, las webs de publicación de cartelitos de todo tipo de contenidos.

Aunque abunde la autoayuda, ante la cual me proclamo enemigo de muerte, hay de vez en cuando estallidos de genialidad.

La reductio ad hitlerum, que ha copado los finales desquiciantes de numerosas tertulias televisivas sobre cualquier tema en el que se ponga en cuestión la legitimidad del poder, ha pasado de moda (bueno, al menos eso es lo que me gustaría a mí) para dejar entrar la nueva “todo es ETA”.

Detrás del “todo es ETA” hay una crítica a la falta de honradez intelectual, a la demagogia barata y al aprovechamiento de la energía (al parecer, interminable) que se obtiene del dolor de los afectados por cualquier tipo de terrorismo denominado como tal desde las instituciones creadas a tal efecto (etiquetador) por el estado.

Todo se aprovecha, como en las casquerías. Todo es susceptible de ser utilizado como argumento de mayor o menor peso para sostener una idea política. Ahora vamos con Kant.

Estamos en la Alemania (ya me perdonaréis el ejemplo típico) nazi, somos una familia de apariencia neutral, cristianos y sin raíces sospechosas. Unos amigos judíos pretenden esconderse en nuestro sótano y nosotros no podemos hacer otra cosa que dejarles pasar. Al cabo de unos días acuden oficiales nazis preguntándonos por nuestros pobres vecinos y les tenemos que mentir.

Estamos mintiendo a la autoridad para salvar a esas personas. Estamos desobedeciendo. En este caso no hay perdón gubernamental, el estado nos obliga a hablar, a denunciar y… en cambio, a nosotros no nos apetece. No nos apetece colaborar. Hemos dejado la razón por (si así queréis llamarlo) el sentido común.
La razón, la obligatoriedad de ir a favor de unas convicciones intelectuales, de vivir por y para la verdad, se encuentra ahora intermediada por algo razonable en un sentido más amplio… la razón de los cuerpos, la razón simpática… la simple y pura filia y respeto a la vida humana en sentido amplio.

Los muertos por ETA. Los presos de ETA. Son ya figuras políticas que se encuentran al mismo nivel que peones en una partida del ajedrez. Son ambos utilizados por los dos discursos. En algunos casos nos parece bien, en otros nos parece del todo censurable.

Mi definición de terrorismo es amplia y aún no está totalmente construida, pero desde luego que no se queda en ETA, ni en lo que desde las instituciones se nos dice que es terrorismo… quizá la definición libre de los acontecimientos y de las realidades sea de las pocas cosas por mantener que nos quedan a los desahuciados de la razón ciudadana y democrática en sentido parlamentarista. Me da la gana de decir que hay un terrorismo estatal, me da la gana de decir que ese terrorismo se ha saldado con más muertos de los que nunca, cualquier grupo terrorista como tal estipulado por las esferas dominantes, podría contar… me da la gana de denunciar, como estrategia política, antes a ese estado policial, represor y terrorista. El resto de terroristas son puntuales. Obedecen a una serie de puntos de corte y resistencia a la autoridad que me parece necesaria en el sentido lógico de la palabra.

La maquinaria burocrática y panfletaria del estado ha conseguido meter en nuestro magín histórico y político al terrorismo como figura política indestructible. Sólo ahora -con el sarcasmo- nos damos cuenta de que, incluso en esos casos, no se puede pintar el mundo de blanco o negro. El debate del terrorismo no termina cuando alguien dice que matar no se justifica en ningún caso. Los debates televisivos abiertos y verdaderamente informativos sobre esta realidad vienen con un sesgo inicial que pudre la argumentación ex profeso.

Felicidades por vuestra intuición feliz. Probablemente el sarcasmo en estos casos y la crítica profunda a la AVT, que se ha erijido como organismo de moralidad superlativa e intachable discurso, sean de las pocas herramientas que nos quedan para combatir la ideología ciudadanista y parlamentarista mentirosas.

Saludos.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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