Reflexión de un ateo en país musulmán

twittergoogle_plusrssyoutubetwittergoogle_plusrssyoutube
Bueno, no es para tanto, me digo, después de haber cenado bien, caliente y con buena compañía. No es para tanto porque al fin y al cabo los amigos son la familia que uno elige y amigos concebidos tras unos cuantos meses de coro (eso sí, en turco) suelen ser una buena elección.

Mañana tendré mi primer desayuno turco y sí, llevo en Turquía ya casi cuatro meses. Hay cosas que me faltan por probar y lugares a los que tengo que ir. Ayer, como visteis, subí un vídeo de Hagia Sophia, enseñando cómo es por dentro. Es una pena que esté en tal estado pero qué le vamos a hacer, es lo que ocurre con los edificios milenarios. 
Esta ciudad está llena de contrastes. Uno puede vivir ajeno a su magnificencia si se dedica a ir desde su barrio (en el Downtown) a la Universidad. El único momento (y no es poca cosa) en que se puede observar la belleza de la ciudad es al bajar al campus sur de la Universidad del Bósforo. Desde ahí se puede otear, en días soleados, la otra orilla. El puente brillante de noche es una maravilla para la vista, y los barcos últimamente sueltan muchos fuegos artificiales, hoy nos hemos quedado mirando dos de ellos cuando salíamos del club de música. Y con una rutina así, ¿qué sabrán los turcos de esta Universidad de lo que es la vida? Pues bien, yo creo que esto es por lo que hay que luchar en todos lados, tenemos que luchar para que todo el mundo pueda acceder a una buena educación, a varios idiomas y a gente de todo estilo que les aporte conocimiento y apoyo. Los turcos en esta universidad son una especie de élite y ellos mismos se reconocen como afortunados, de dos millones de peticiones de entrada tan solo han pasado por el aro 5000, anualmente. 
El ambiente es bucólico en verano, no me imagino cómo puede ser una noche de mayo en este campus, habiendo terminado los exámenes y disfrutando ya de los últimos coletazos de una beca Erasmus (que, por cierto, aún no ha llegado a ningún español que conozca). Los días aquí son muy cortos, pero bastante más tratables que en Zaragoza, donde el cierzo te arrastra a su voluntad como si fueses una marioneta.

Por supuesto que no se celebra la Navidad. Hoy ha sido un miércoles más y mañana será un jueves como cualquier otro. Las familias simplemente siguen sus vidas y, de hecho, hay gente con exámenes a lo largo de estas fechas (¡yo tengo uno el 3 de enero!). Es en estos pequeños detalles cuando te das cuenta de que estás en otro país, de que a pesar de que, si no quieres, no ves la diferencia (porque por poder puedes quedarte en tu cuarto todo el día y solo salir cuando las circunstancias te lo exijan), 
Turquía es musulmana y como tal funciona. Pero ni de lejos es un choque cultural tan grande como China u otros países un poco más hacia el este. ¿Quizá este país me sirva de preparación para otros? Mi relación con los “moros” ya está totalmente trastocada. Mientras que en mi instituto los raros y no integrados eran los musulmanes, ahora soy yo el ateo que intenta considerar una sociedad musulmana que, por otro lado, se comporta como la española en la mayoría de las ocasiones. Y esta relación se ve alimentada por toda la gente con religiones diferentes. Prácticamente sólo me queda conocer a budistas para asistir a un buen plantel general del estado de la cuestión. Como ateo, ya no juzgo. Suele decir la gente, cuando alguien sale del armario, que ellos le aceptan, que seguirán ahí, que por ellos está bien. Y no se dan cuenta de que a nadie le importa si ellos aceptan o no, si seguirán ahí apoyando o no, que ellos no tienen que aceptar nada y que mejor se callen la boca. Esos mismos comentarios surgen con los musulmanes: yo no acepto o dejo de aceptar nada, aunque tenga motivos para pensar que tu religión, como todas, está equivocada desde su principio en según qué planteamientos éticos, ya no te juzgo, porque ni quiero ni debo. A menudo los ateos pierden la perspectiva, se engolfan tanto en sus pensadores de mierda (tipo Dawkins) que piensan que la religión es un puro capricho, que no hay nada tras de ella. Pero no es así, los ateos (entre los que, por supuesto, me incluyo) solemos actuar de un modo muy caprichoso. Y si el ateísmo se pregunta por qué no es capaz de crear comunidad, quizá tendría que cambiar sus bases. Quizá el ateísmo no propone, sólo describe. Y una teoría que no propone nada es estéril, egoísta y, muchas veces, destructiva. Los humanistas tenían la intención de poner al ser humano (en el Renacimiento ante todo) en el centro de todas las cosas, ¡pero porque tenían motivos, ya había habido suficiente dios por aquel entonces! Los ateos de hoy en día, los grupos de escépticos… no tienen planes ulteriores, ni siquiera fingen tener buenas intenciones como la de querer educar a todos, querer hacerles partícipes de la razón humana. Es un pozo de basura requetemanida.
Aunque no tengo la más pálida idea de cómo va a terminar, esto está yendo por un camino indeseable. Lo cierto es que viajar y hablar con otra gente (porque NUNCA basta viajar, hay que mojarse) es el mejor antídoto anti-prejuicios. Y sí, los ateos también somos prejuiciosos. No creer en dios (quizá precisamente por eso), en alguno de esos dioses, muchas veces tiene consecuencias nefastas… y si el cristianismo, o el catolicismo con el papa al frente está volviendo a proponer (o proponiendo por primera vez) las economías colaborativas, las políticas para los pobres, y la concordia universal… es por algo, ¡porque su conjunto de creencias tiende hacia un mundo así! La Biblia son muchos libros, divididos en dos grandes bloques, y si leemos el primer gran bloque no entendemos nada de Jesucristo. Si leemos el segundo, entonces, encontramos una obra que se ha completado de forma casi milagrosa, dando sentido al argumento de manera magistral. Y así es como un ateo tiene que leer la Biblia, considerándola una obra valiosa para su tiempo y para los futuros, aunque critique denodadamente la idea de dios, uno no puede sencillamente obviar esa obra y su influencia, al igual que Quijote es reconocible y ha dado lugar a ríos de tinta.
Puede que haya quien muera por una idea, pero que esa idea haya sido inventada y no tenga un correlato en la vida real no implica que no tenga un significado… un sentido.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Estambul, Turquía.
Facebooktwittergoogle_plusmailFacebooktwittergoogle_plusmail

Sobre el autor Ver todos los posts

Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *