Sobre “La carretera”, de Cormac McCarthy

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Hace unos días leí este libro. No sabía nada ni de la historia ni de su autor, sólo me guié por lo que en un blog decían. No suelo hacer caso de esas recomendaciones literarias y de hecho tengo demasiados clásicos por leer todavía. Así que fui infiel a uno de mis principios. Lo cierto es que no me arrepiento.

No voy a hacer spoilers.

La carretera es un libro sui generis. Llama la atención al principio por su forma. El autor no puntúa como es habitual pues en vez de poner comas utiliza las conjunciones copulativas “y”, muchas veces sin freno. El caso es que ese modo de puntuar la historia le da una velocidad poco habitual. Sí, creo que esta historia me ha enganchado tanto en parte por la forma en que estaba escrita. Los diálogos también, no tenían guiones, ni había acotaciones tras las frases dichas por los dos protagonistas. A veces era un poco lioso pero como ambos personajes eran inconfundibles no era muy difícil seguir la corriente del pensamiento. También me gustó el flujo del monólogo interior de uno de los protagonistas. El narratario de la historia es un padre que, junto a su hijo, intenta ir al sur de los Estados Unidos, donde se supone que hace más calor. Están entrando en el invierno e intentan, por todos los medios, llegar al hemisferio cálido. Diré poquito más sobre la historia. Quizá esté bien apuntar que sucede en un entorno postapocalíptico donde se ha de sobrevivir sin la ayuda de nadie más que de ellos mismos. There’s no hope.

Pero he comenzado con la forma, y quiero seguir comentando la forma antes de introducirme en el contenido de la novela.

Me gustan las novelas así, rápidas, que te agitan. No hay capítulos en toda la obra así que necesariamente te ves impelido a seguir leyendo, porque su vida y sufrimiento no paran, así que el tuyo tampcoco. Creo que la elección de esta forma literaria es muy arriesgada pero tiene buenos resultados. Quizá algunas referencias a la vida anterior (previa al cosiddetto apocalipsis) se hagan algo innecesarias. Al menos, a mí, las referencias a los sueños de la vida normal del protagonista, donde aparecía su mujer, sobraban. Me parece curiosa, a pesar de todo, una historia en la que no aparece ni una sola mujer. Las necesidades sexuales del hombre no tienen ninguna importancia, todo lo que importa es el niño y su cuidado, y ahí no hay nada de sexualidad.

¿Qué más decir sobre la forma? Que tenéis que echarle un vistazo, al menos para saber de qué estoy hablando:


” A las afueras de la ciudad llegaron a un supermercado. Varios coches viejos en un aparcamiento sembrado de desperdicios. Dejaron allí el carrito y recorrieron los sucios pasillos. En la sección de alimentación encontraron en el fondo de los cajones unas cuantas judías verdes y lo que parecían haber sido albaricoques, convertidos desde hacía tiempo en arrugadas efigies de sí mismos. El chico le seguía. Salieron por la puerta de atrás de la tienda. En el callejón unos cuantos carritos, todos muy oxidados. Volvieron a pasar por la tienda buscando otro carrito pero no había ninguno más. Junto a la puerta había dos máquinas de refrescos que alguien había volcado y abierto con una palanca. Monedas esparcidas por la ceniza del suelo. Se sentó y paseó la mano por las tripas de las máquinas y en la segunda palpó un cilindro frío de metal. Retiró lentamente la mano y vio que era una Coca-Cola.
¿Qué es, papá?
Una chuchería. Para ti.
¿Qué es?
Ven. Siéntate.
Aflojó las correas de la mochila del chico y dejó la mochila en el suelo detrás de él y metió la uña del pulgar bajo el gancho de aluminio en la parte superior de la lata y la abrió. Acercó la nariz al discreto burbujeo que salía de la lata y luego se la pasó al chico. Toma, dijo.
El chico cogió la lata. Tiene burbujas, dijo.
Bebe.
El chico miró a su padre y luego inclinó la lata para beber. Se quedó allí sentado pensando en ello. Está muy rico, dijo.
Así es.
Toma un poco, papá.
Quiero que te la bebas tú.
Sólo un poco.
Cogió la lata y dio un sorbo y se la devolvió. Bebe tú, dijo. Quedémonos aquí sentados un rato.
Es porque nunca más volveré a beber otra, ¿verdad?
Nunca más es mucho tiempo.
Vale, dijo el chico.” 

Frases cortitas. Ausencia de puntuación al uso y de segmentación de los hablantes en los diálogos. Lo dicho, al ser dos…

Parece que la corriente del postapocalipsis, los zombies, etc… no nos deja en paz. A mí se me han juntado, en este momento, tanto el videojuego The last of us como este libro, La carretera de Cormac McCarthy (no confundir con el libro homónimo de Kerouac).

Se complementan bastante bien. Hay angustia en ambas obras de arte. En el videojuego lo sientes mucho más porque eres un artífice fundamental de la acción que ocurre en pantalla. En el libro es menos patente el agobio, pero los personajes consiguen introducirte en esa desesperación por ver qué se llevarán a la boca al próximo día, cómo abrigarse… te los vas imaginando entrando en los lugares, buscando con qué sobrevivir. En algunos momentos de la novela me encontraba anticipando algunas acciones de los personajes (esto hay que agradecérselo a los videojuegos): “ahora mirad bajo ese escritorio”, les decía, “ahora comprobad que la pistola no está mojada”… Y así durante las más de doscientas páginas de la obra. Como digo, es una novela cortita, para leerse en una tarde. Yo me la he leído en una semana. Estoy agradecido principalmente a esta novela por haberme devuelto el gusto literario, desde que me enganchó no paré hasta terminarla, y si hubiese (imposible en mi caso) tenido una tarde entera para mí, la habría acabado antes.

Pero voy a comentar algo más de la novela, ¿qué me parece fundamental de ella?

No he sentido ese diálogo con la divinidad del que tanto se habla en otros blogs. No he visto más diálogo que con el medio más cercano a los personajes: su cruda realidad. El monólogo interior no es existencialista al modo sartriano, es un existencialismo mucho más realista, podría decirse que de un realismo crudo, vital… el realismo de los que van buscando satisfacer la base de sus necesidades más primarias. Cuando todo se reduce a alimentarse y a abrigarse, ¿qué queda del ser humano? Realmente nada. Quizá quede un rasgo de amor, como el amor que el padre daba a su hijo, los cuidados que le ofrecía, la atención que le prestaba… Pero es un amor casi casi animal, el mismo amor que podría tener una madre tigresa con sus tigrecillos cuando acecha un peligro mayor, un amor desdibujado, despersonalizado. Un amor, en fin, animal. Y el amor animal no es nada respetable, ni laudable.

Conforme su situación se recrudecía te ibas dando cuenta de cuán lejano era ya el mundo normal (en el que vivimos nosotros) para el niño. Al igual que pasa en The last of us desde el inicio de la partida, el mundo que conocía Ellie era muy diferente al de Joel (el protagonista adulto). En este libro, el niño no conocía otra cosa que tristeza y hambre. Cuando el padre tenía que tomar una decisión arriesgada (del tipo asesinar a alguien, o negar el auxilio a otros personajes) el niño lo sufría verdaderamente. El niño está muy bien dibujado, es un personaje redondo. Llegas a sentirte identificado con él porque sabes que así hubieses reaccionado ante todos esos peligros e injusticias. Empatizas con él cuando sueña haber visto a un niño de su edad y se obsesiona con partir lo antes posible para encontrarse con él.

En fin, no os quiero desvelar la historia. Más que lo que ocurre exteriormente importa lo que ocurre a cada personaje, íntimamente. Ese es el auténtico mérito de Cormac McCarthy, dibujar una experiencia a través del flujo de conciencia, y hacernos partícipes de todo ese sufrimiento.

No comparto la exigencia del propio Cormac de escribir siempre historias en las que, de una u otra manera, se hable de la vida, de la muerte o de dios. Creo que hay cosas mucho más importantes dentro de la vida como para hablar solo de ella en contraposición a la muerte. Así y todo, las reflexiones del padre sobre esta cuestión nunca están fuera de lugar, ni se hacen moralistas o pesadas en exceso.

Es una novela gris, desmoralizadora… muy descriptiva, aunque todo lo que haya que describir sea gris y tenebroso.

Como ya he dicho, me ha gustado mucho, está muy bien escrita y se lee aún mejor.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, España.
10 de agosto de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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