Sobre la selección artificial y un mal ejemplo de periodismo científico

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La desinformación científica en los medios digitales es cada vez más patente. Al proliferar webs sobre cantidad de temas podemos ver que la calidad no siempre va de la mano. En casos como el mío (un post de política y filosofía -y demás-) si uno está equivocado respecto a algo tampoco pasa nada, nadie hace caso y ya está, no perjudicamos a nadie. Sin embargo, ¿podemos decir lo mismo de los blogs sobre salud? 

Cuando uno escribe en un blog sobre salud tiene que tener bastante cuidado con lo que dice. Yo puedo escribir aquí diariamente porque también me sirve para reflexionar (a veces en todo el día no tengo tiempo para esto, ¡incluso estudiando filosofía!) pero también porque los temas son variados, no necesitan una preparación extrema y me vale con saber un poco del tema para soltar algo que creo interesante y útil. Pero no, un blog de salud no es igual. En un blog de salud no se puede soltar lo primero que a uno le pase por la cabeza porque eso sí que implica que haya lectores que se crean informaciones equivocadas (con o sin mala intención) y entonces así comienzan los bulos, la incultura científica de la mayoría de la población y las no pocas teorías de la conspiración sobre ciencia, los científicos y las instituciones y empresas científicas (que algunas sean ciertas no implica que este espíritu general conspiranoico, algo fácilmente constatable en cuanto uno navega un poco por Internet, sea una equivocación).

¿Qué quiero decir? Que los periodistas científicos tienen que exigirse a sí mismos una calidad suficiente (ya que, está claro, no hay nadie por encima de ellos que coteje lo que han dicho, incluso en periódicos importantes y con presupuestos millonarios detrás).
El primer paso es no publicar cualquier cosa que a uno le pase por la cabeza. 
Normalmente estos blogs y artículos suelen ir de la mano de la actualidad. Me parece muy bien, como periodistas tienen que ayudarnos a comprender el presente (son como los historiadores del presente). Pero a veces queriendo ir muy rápido para darnos esta información se pierde el ejercicio obligatorio para cualquier periodista (o así debería ser) que es informarse. Ni más ni menos. E informarse no en lo primero que uno se encuentre por la red sino en revistas adecuadas y fuentes primarias, directas, de los propios investigadores si es preciso.
Está la fiebre de sacar noticias referidas a una o dos conclusiones que un estudio ha elaborado. El problema de citar estudios en particular es que se pierde el horizonte del estado de la cuestión. Al decir, encima, que “la ciencia dice tal”, al escribir estamos esgrimiendo un argumento de autoridad. La ciencia no funciona con estudios particulares sino con la conjunción de todos ellos y, sobre todo, su falsación a posteriori. Es más valioso para la ciencia no lo que se descubre por primera vez sino lo que se demuestra falso (v. K. Popper). Por tanto, el periodista científico que se preciase tendría que seguir este método de dar las noticias (tengo ejemplos buenos, por ejemplo, el mejor para mí en España es Manuel Seara Valero, con su programa A hombros de gigantes.).
Hoy leo esto en un blog de salud y de gastronomía. Se habla en él de que los pollos son ahora 4 veces más grandes que hace medio siglo. ¿Por qué han aumentado de tamaño? Por algo que la humanidad lleva haciendo desde que supo sumar uno más uno: la selección artificial. De este modo, seleccionando los mejores animales de cada generación y uniéndolos entre ellos, se conseguía mantener los genes (alelos) que favorecían determinadas características favorables para, por ejemplo, el estómago de los humanos. ¿No es cierto que cuando más grande es el animal que comemos, mejor vivimos? O, en el caso de los caballos de pura raza, ¿no es cierto que son más veloces, ágiles y dóciles los seleccionados artificialmente? 
Pues bien, la escritora de este post decide, al más puro estilo Mariló Montero con el alma del criminal, mostrarnos sus temores:

“Después de descubrir que hoy en día los pollos son hasta cuatro veces más grandes que hace cuatro décadas me invade un mar de dudas. Aunque los investigadores afirman que no hay ningún perjuicio para nuestra salud porque no se les ha hormonado, no logro desprenderme de la desazón que me produce cualquier tipo de intervención o manipulación ¿y vosotros?”

Nosotros, que estamos bien informados, no sentimos miedo ante la manipulación porque, aunque esta palabra suene mal, es la que nos ha llevado al nivel de evolución y desarrollo tecnológicos en los que estamos. Si no hubiésemos manipulado la naturaleza a nuestro antojo ahora seguiríamos viviendo en las cavernas, esto es un hecho. 
Este tipo de posts son los que llevan a la desinformación, al miedo irracional y a la desconfianza en las personas que menos sospechosas pueden ser de, voluntariamente, hacernos mal a los demás: los científicos.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Estambul, Turquía
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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