Sobre “La senda del perdedor” de Bukowski (Ham on Rye)

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Como me gustó tanto “Postman” entonces decidí leer otro más de Bukowski. Como me gustó tanto en general el modo de escribir de la generación pop, pedí consejo y me recomendaron Yonqui de Burroughs. Creo que ya tengo empacho de generación pop y toca volver a los clásicos (Mann, Shakespeare). La generación pop está bien para que hagan pop tus ganas y tu hábito de lectura. Hasta este verano en que me encontré con estos libros asequibles (por el poco tiempo que requieren para ser leídos) tuve una larga época en la que apenas leía, y si lo hacía era para elaborar algún trabajo académico.

La senda del perdedor expresa lo contrario de lo que dicen los gurús de autoayuda, a saber, que la felicidad está en nosotros.
La narración de Bukowski es tan desapasionada, tan fuera de sentimiento, que por exageración llega a ser creíble. De hecho, sabiendo cómo era él como persona, es aún más creíble. Una novela así no se puede hacer si uno no tiene un poquito de lo que describe. Lo podéis comprobar también en el Extranjero de Camus, otro personaje perturbante para los que tenemos algo de habilidades sociales.

Leer estos libros al comienzo de un Erasmus tampoco es que sea muy recomendable porque te hacen ver a la gente como obstáculos que superar y no como compañeros de un camino divertido que continuar. Yo sé que mi camino divertido durará lo que yo quiera que dure y también, por supuesto, lo que las circunstancias me permitan que dure. A pesar de todo, siempre estaré alegre y tendré objetivos en uno u otro ámbito de mi vida (intelectual, artística, etc).

Pero el personaje de Bukowski (su trasunto: Chinaski) está en las antípodas del sueño americano. Ni soñador ni americano, diría él (nació en Alemania). El sueño americano se va a la mierda en cuanto metes a un chaval en un barrio pobre, con un padre que no deja de maltratarle y con un colegio en el que la única preocupación de los profesores es la de cumplir con su expediente y marcharse, como si estuviesen trabajando con macetas. El resto de la descripción de la américa de la depresión y previa a la SGM es todo lo contrario a lo que las películas peñazo (americanadas) nos hacen ver: todo el mundo feliz, chicos intentando -y consiguiendo- ligar con la rubia más potente de la clase y así consumar su propia valía masculina. Es como un repetitivo rito que no termina hasta que los cánones lo dicen. El personaje de La senda del perdedor no entra en este ritual: lo ve vacío, sin sustancia, ni siquiera pierde la virginidad en toda la novela. La descripción de los ambientes, diálogos y acciones son del estilo peculiar de la generación pop: desencarnados, sin pelos en la lengua, descriptivos sin pudor.

Si esta novela me ha enseñado algo es a desenmascarar algo más de la mentirosa sociedad americana y, además, del pensamiento emprendedor alejado del mundo real. El pensamiento emprendedor sí que es un pensamiento utópico, y además en el mal sentido. Es una utopía que promete lo que precisamente tratamos de evitar. Es un modo de pensar que sitúa siempre el premio a nuestro alcance temporalmente, pero no materialmente. Se basa en la común estrategia política del “esfuérzate y aguántate porque tarde o temprano llegará tu recompensa”.

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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